La revista Alma Mater cumple 85 años

Presidentes de la FEU opinan en Alma Mater

Autor:

Margarita Barrios

Vio la luz un 22 de noviembre de 1922. Julio Antonio Mella le dio la misión de ser la voz del estudiantado cubano y hasta hoy no se ha perdido en ese empeño

Fotos: Calixto N. Llanes

«Somos optimistas, confiamos en la victoria, nuestra juventud y nuestros ideales nos incitan a luchar y a triunfar». Así dijo Julio Antonio Mella en el trabajo editorial que dio nacimiento a Alma Mater, un 22 de noviembre, hace 85 años.

Bajo el nombre de Nuestro Credo el dirigente estudiantil traza los lineamientos de la nueva publicación y reconoce como su antecedente la revista Varsity, dirigida por Tomás R. Yanes.

«Por medio de este órgano los estudiantes cubanos se comunicarán espiritualmente con todos sus compañeros que hablan el idioma de Cervantes en ambos hemisferios, y divulgaremos así la cultura, el valor de la juventud intelectual cubana. Y esto, es obra beneficiosa a la patria. Por ella laboramos; para ella nacimos».

Mella, quien tenía entonces solo 19 años, fue fundador, administrador y entusiasta colaborador de la publicación, de la cual definió muy bien sus objetivos: «Trabajar por la unidad y en defensa de los legítimos derechos e intereses del estudiantado y la Patria, y tender un puente de comunicación con la juventud estudiosa de América Latina y el Caribe, en busca de la unión necesaria para el triunfo de una causa común de renovación y progreso».

Las presentaciones entre los estudiantes universitarios son la vía preferida para conocer a los lectores y polemizar sobre los diversos temas reflejados por la publicación. La «nueva revista del estudiantado cubano», como la denominó Mella, fue espada de muchas batallas, entre estas las emprendidas por la Reforma Universitaria, o por la construcción del Estadio Universitario y la Casa del Estudiante, pero, también, por el rescate de la soberanía nacional y contra el latrocinio de los gobiernos de turno.

El líder estudiantil publicó en ella artículos sobre los atletas universitarios, pero aquellos en los que abordó problemas sociales o de un fuerte perfil de carácter antiimperialista los firmó bajo el seudónimo de Zeus.

La referencia al dios griego demostró muy rápido la incisiva denuncia. Por ejemplo dibujó al clásico político burgués, rodeado de místicas ofrendas y adulones, para representar en fuertes notas satíricas al presidente Alfredo Zayas como un «Gran Budha Nacional».

La agudeza de Zeus cargó también con el filo de su machete en dos editoriales de perfil antiimperialista. Uno dedicado a los sufridos pueblos de América Latina y otro donde de forma tajante rechazó la invitación de la Asociación de Estudiantes de Springfield, para formar una Liga de Estudiantes con sede en Washington.

En estos trabajos se pone de manifiesto su marcado pensamiento antiimperialista: «En política somos hoy los mismos los estudiantes cubanos; los que ayer supieron protestar del abuso y de la intromisión filibustera en nuestros asuntos patrios, en virtud del derecho de la fuerza, no pueden cambiar.

«Qué más nos van a apretar si ya sacamos la lengua, ¿acaso no les basta tener Guantánamo, la Enmienda Platt, o sea toda Cuba y su honor, la mayor parte de los centrales de azúcar, casi todos los bancos y casi todo el comercio en general? El ideal de Bolívar debe ser nuestra aspiración, el de Monroe es nuestra muerte».

Colmada de historia

Alma Mater atesora la memoria de la lucha del movimiento estudiantil y del pueblo cubano hasta 1959 contada por sus protagonistas. Desde su nacimiento grandes plumas al servicio de la Patria hicieron de ella arma y trinchera. Intelectuales, profesores y estudiantes universitarios han difundido desde sus páginas lo más avanzado del pensamiento, las artes y las ciencias.

Entre ellos nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén, quien en 1922 ingresara en la Universidad de La Habana para cursar la carrera de Derecho, publicó en el primer número de Alma Mater los versos Al margen de mis libros de estudio, en los cuales caricaturiza la mezquindad de la vida universitaria que finalmente lo llevó a abandonar esas aulas.

Ligada intrínsecamente al movimiento estudiantil, la publicación se mueve en sus altibajos de la etapa prerrevolucionaria. Incluso dejó de salir en 1923, cuando Mella fundó en su lugar la publicación Juventud y traslada a sus páginas secciones fijas como En el feudo de Bustamante.

Pero Alma Mater volvió una y otra vez, como publicación mensual, semanal e incluso como diario de circulación nacional. Por ejemplo, luego de un largo período de silencio, reapareció el 12 de abril de 1952, un mes después del golpe militar de Fulgencio Batista, para denunciar y encender con fuerza la llama de la Revolución.

Hoy es una revista de la Casa Editora Abril, —con 10 000 ejemplares— dirigida especialmente a los universitarios cubanos y con una versión por Internet disponible en www.almamater.cu.

Sus trabajos tocan la realidad del país, fundamentalmente la vida universitaria. Difunden, además, la actualidad cultural, científica y deportiva, no solo de Cuba, sino más allá de nuestras fronteras.

Motivar la polémica y la reflexión propias de los universitarios es uno de sus principales objetivos fundacionales, que se mantienen hoy. En su empeño está ser tan joven como sus destinatarios y vibrar al ritmo de una universidad nueva, heterogénea, que se multiplica en cada municipio del país.

Alma Mater dedicó un número especial al reciente congreso estudiantil latinoamericano. En su presentación participaron Tamara Roselló, su actual directora, y Luis Arza Valdés, presidente de la OCLAE.

Las presentaciones entre estudiantes universitarios son la vía preferida para conocer a los lectores y polemizar sobre los diversos temas reflejados por la publicación.

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