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Ciro Redondo: aquí está tu obra, aquí está tu pueblo

Discurso pronunciado por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, en el acto conmemorativo por el aniversario 50 de la caída de Ciro Redondo García

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Pablo Pildaín Compañeros de la presidencia;

Artemiseños:

El pueblo revolucionario de Artemisa, sus amigos y hermanos de lucha, hemos querido recordar en este día, cuando se cumplen 50 años de su heroica caída en combate, a ese entrañable hijo de esta tierra y de toda Cuba que es Ciro Redondo García.

El 29 de noviembre de 1957, cuando casi concluíamos el primer año de guerra en la Sierra Maestra, sufrimos aquella irreparable pérdida.

En Mar Verde, al oeste del Pico Turquino, la Columna del Ejército Rebelde al mando del Che sostenía por aquellos días tenaces combates frente a una de las tropas más agresivas y sanguinarias con que contaba la tiranía. Esas fuerzas todavía se adentraban en las montañas, asesinaban campesinos, quemaban bohíos y trataban de operar contra nuestros combatientes valiéndose de su superioridad en número y armamento.

En la lucha por tratar de cercar a la tropa enemiga y por rechazar a los refuerzos que venían en su auxilio, cayó en combate el capitán Ciro Redondo.

Como escribió el Che en carta a Fidel, relatándole los hechos, Ciro murió heroicamente al frente de sus hombres, cuando trataba de forzar las líneas enemigas. A propuesta del propio Che, el Comandante en Jefe lo ascendería póstumamente al grado de Comandante del Ejército Rebelde.

Como lo fue en la guerra, Ciro Redondo habría sido igualmente un cuadro fundamental en cualquiera de los frentes de la Revolución y de la lucha contra el imperio después del Primero de Enero. Fue uno de los primeros artemiseños que, apenas ocurrido el infame golpe batistiano del 10 de marzo, se unió a las incipientes células que, de modo resuelto e independiente, organizamos algunos militantes de la Juventud Ortodoxa de este pueblo para enfrentarnos a la tiranía, quienes casi de inmediato hallaríamos en Fidel la guía y el plan revolucionario que estábamos buscando.

Combatió en el Moncada, escapó casi milagrosamente de ser asesinado, y se destacó por la actitud enérgica ante el tribunal que juzgó aquellos hechos. Pasó por la escuela del presidio en Isla de Pinos, y allí desarrolló su pensamiento político radical bajo las enseñanzas de Fidel. Estuvo en el exilio en México, vino en el Granma, fue uno de los 12 a los que un día se vio reducida nuestra tropa en la Sierra, y hasta el momento de su último combate constituyó siempre un puntal inconmovible de la confianza en la causa de la Revolución, en la justeza de sus ideas, y en la dirección del Comandante en Jefe.

Los que conocimos su seriedad, su disciplina, su valor, no tenemos duda de que Ciro, como lo fue en la guerra, habría sido igualmente un cuadro fundamental en cualquiera de los frentes de la Revolución y de la lucha contra el imperio, después del Primero de Enero.

No es casual que su nombre encabezara la Columna Invasora número 8, que junto a la Antonio Maceo de Camilo, marcharía hasta el centro del país y realizaría allí un digno aporte para llevar hasta el final el plan estratégico del Ejército Rebelde y secundar las acciones decisivas que en el teatro oriental desarrollaban Fidel, Raúl y Almeida, frente al grueso de las tropas de operaciones de la tiranía.

Recordamos como siempre, con emoción, aquella historia que se aleja de nosotros en el tiempo, pero que, mientras más distante, parece tener un sentido y un mensaje más actuales para los días que vivimos.

Medio siglo puede ser escenario de cambios tan extraordinarios como los que ha experimentado nuestro país. Puede ser un tiempo lo suficientemente largo como para presenciar la conquista final de nuestra independencia y el enfrentamiento exitoso y tenaz al imperio que ha tratado y trata en vano de arrancárnosla. Un período en el que hemos visto crecer a nuestro pueblo hasta las cumbres de la dignidad y el internacionalismo.

En cinco décadas han pasado también generaciones y entrado al escenario otras nuevas. Pero 50 años no cambian nuestra disyuntiva como pueblo y como nación ante la historia, no cambian nuestro desafío ni modifican la realidad de que en Cuba ha habido y hay una sola revolución desde Yara hasta hoy.

La Revolución cubana, desde esa perspectiva, ha tenido que ser siempre un empeño frente a dificultades que, por momentos, podían parecer insalvables.

Los revolucionarios cubanos, en todas las épocas, tuvieron que imponerse siempre a la falta de recursos, ante adversarios poderosos que disponían de todo, menos de razón y de moral.

La desventaja de medios no fue nunca motivo para que los verdaderos revolucionarios dejaran de asumir las tareas del momento, y sí justificación vergonzosa de los cobardes que no supieron estar a la altura del momento.

Hoy evocamos a Ciro, ¿y qué teníamos cuando aquí comenzamos a dar los primeros pasos? ¿Qué teníamos el 26 de Julio? ¿Qué teníamos en México y sus días de preparación y de hambre? ¿Qué teníamos en los días de la expedición del Granma? ¿Qué teníamos cuando pudimos al fin reagruparnos y subir a las montañas, frente a un ejército profesional y unas fuerzas represivas que parecían infinitamente superiores? ¿Con qué recursos contaba Ciro cuando avanzó a la ofensiva sobre la tropa enemiga?

Cuando Fidel habla de la fuerza decisiva de las ideas, de la moral, de la determinación y la voluntad de lucha de un pueblo, está expresando la más profunda de las verdades.

No hacemos simplificaciones históricas. No pretendemos igualar mecánicamente situaciones diversas. No ignoramos la complejidad de nuestras tareas de hoy, en un mundo en crisis, frente a la hostilidad rabiosa y el aventurerismo peligroso de la ultraderecha yanqui, y ante la necesidad, igualmente, de reordenar y mejorar todo lo que no marche bien en nuestro funcionamiento interno. Nada de eso nos resulta ajeno, como bien está siendo analizado por Fidel en sus Reflexiones y como sintetizó estratégicamente Raúl en sus palabras del pasado 26 de Julio.

Lo que decimos es que nuestro trabajo político se medirá por su capacidad para traducir a las condiciones de hoy el espíritu que marcó el camino de los revolucionarios cubanos a lo largo de la historia.

No es extraño que nuestros adversarios no descansen un solo segundo en el empeño por tratar de desalentarnos, desmovilizarnos, desunirnos y sembrar la desconfianza en la capacidad de la dirección revolucionaria para dar respuesta a las expectativas del país.

Nosotros confiamos en las ideas porque confiamos en el pueblo, en sus valores, en su sabiduría, en el legado que ha pasado de generación en generación. La respuesta a los problemas de hoy está en las raíces de nuestra historia.

No se explica a Ciro Redondo, sin las tradiciones de patriotismo y rebeldía de este pedazo de nuestra tierra, que supo sublevarse contra la esclavitud, pelear por la independencia y ser escenario de duras batallas sociales y obreras contra la opresión y la tiranía a lo largo de muchas décadas.

No se pueden explicar tampoco la resistencia y las hazañas protagonizadas por nuestro pueblo en la Revolución, sin entender que este pueblo es hijo de dos símbolos: de Martí y de Maceo.

Recordemos hoy al Apóstol, cuando una traición le hizo perder prácticamente todos los recursos con que contaba para iniciar la guerra, y que dos días después del alzamiento del 24 de Febrero de 1895, sin medios suficientes para la expedición que debía traer al Titán de Bronce y a sus compañeros desde Costa Rica, le recuerda en carta a Maceo que: «el patriotismo de Ud., que vence a las balas, no se dejará vencer por nuestra pobreza, —por nuestra pobreza, bastante para nuestra obligación». Y luego reafirmaba Martí su fe en la capacidad de los cubanos al agregar: «Ya solo se necesita encabezar. No vamos a preguntar, sino a responder. El ejército está allá. La dirección puede ir en una uña. Esta es la ocasión de la verdadera grandeza».

Hoy, a comienzos del siglo XXI, frente al Norte insolente, ante la América Latina que emprende su marcha bolivariana: ¡esta es también la ocasión de la verdadera grandeza!

Ciro Redondo: aquí está tu obra, aquí está tu pueblo.

Aquí estamos tus compañeros, que seguimos la lucha.

Aquí estamos, junto a la memoria de todos aquellos que, como dijo el poeta, pusieron la sangre de Artemisa en la bandera.

Aquí está tu recuerdo, vivo, junto al de todos los que dieron sus vidas por una Patria digna, justa y soberana.

No solo te recordamos con admiración, sino que venimos a renovar junto a ti el juramento inclaudicable de nuestro pueblo:

¡Llevar la causa de la Revolución hasta sus metas más altas y siempre hacia adelante! ¡Lo juramos!

¡Vencer con coraje, moral e inteligencia las carencias de recursos a que podamos enfrentarnos! ¡Lo juramos!

¡Hacer cada día más de Cuba la fortaleza política y militar que impida a los yanquis apoderarse de ella! ¡Lo juramos!

¡Ser fieles hasta el último aliento a Fidel, a Raúl, a nuestro Partido y nuestro pueblo! ¡Lo juramos!

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

¡PATRIA O MUERTE!

¡VENCEREMOS!

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