Aumentan pacientes que introducen cuerpos extraños en el recto o la vagina

Aunque todo el mundo tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera, también tiene la obligación de cuidarlo Pregunte sin pena

8 de Diciembre del 2007 0:29:54 CDT
En los Servicios de Urgencia a nivel mundial resulta cada vez más frecuente la llegada de pacientes con cuerpos extraños «atrapados» en el recto o la vagina.

Claro que la sexualidad se expresa todos los días, en cualquier momento y de diversas formas, y todo el mundo tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera, pero al mismo tiempo está en la obligación de cuidarlo.

No es intención de esta página hacer un discurso moralista alrededor del tema. Solo nos proponemos llamar la atención sobre el peligro que puede significar para la salud ese tipo de experimentaciones, para nada impúdicas mientras no agredan la integridad física o moral de otras personas.

Enrique Cento Gómez, psicólogo y profesor de la Facultad de Ciencias Médicas General Calixto García, considera que las personas se acercan a tales prácticas por curiosidad o por enriquecer sus relaciones sexuales. «Si lo hacen en repetidas ocasiones es porque sienten con ello verdadero placer, aunque no midan el alcance de sus actos», estima.

¿Realidad o utopía?

Se define como cuerpos extraños (corpus alienum), cualquier elemento ajeno al organismo que penetre a este a través de la piel o de los orificios naturales (boca, nariz, oídos, ano, recto, uretra y vagina).

En estos menesteres suelen utilizarse desde productos naturales, como frutas y viandas, hasta cilindros de plástico, goma, silicona u otros materiales, algunos creados para este propósito, como los llamados consoladores o dildos, y otros «reciclados», como ciertos envases de cosméticos cuya forma y tamaño se prestan para esos fines.

Esta práctica existe desde hace siglos, tanto para satisfacción individual como para el disfrute en pareja, pero hay que hacer un alto si se pretende compartir estos objetos, pues al estar en contacto con las mucosas, se convierten en verdaderas vías de transmisión de ITS y otras infecciones si no se higienizan correctamente o no se utilizan con preservativos, valora Alberto Suárez, estudiante de tercer año de Medicina y ayudante de Cirugía.

En países donde la pornografía es legal, e incluso existen canales de televisión que transmiten material erótico las 24 horas, el índice de pacientes con graves consecuencias por estas prácticas llega a ser escalofriante.

«Es un hecho que los medios ejercen una gran influencia sobre la forma de pensar de la sociedad. Si se lanzan campañas donde se muestren nuevas variantes de juguetes sexuales como «lo último», el artículo se consume. Es un verdadero negocio, a costa de la salud», recalcó el profesor Cento.

Muchos de estos juguetes se promueven en el mercado como vía de satisfacción personal, pero a veces esto es solo una pantalla para que sus ventas tengan éxito, y bien valdría la pena revisar la definición de tal «éxito», pues dudamos que aluda también a expresiones tales como dolor, inflamación, vergüenza y hasta actos quirúrgicos.

Que la imaginación no nos pierda

También en Cuba hay quienes defienden su derecho a ser originales y a experimentar cosas nuevas sobre las que han escuchado o visto, en buena medida gracias a la influencia del turismo, acrecentado a partir de la década del 90 del siglo pasado.

«Acá no existen sex-shops (tiendas de objetos sexuales), pero quienes introducen estos objetos en el país tal vez muestren videos sobre cómo se emplean», opina Jorge Verdecia, estudiante capitalino de Filosofía, mientras su coterráneo Joel Ramos, estudiante de un tecnológico, no cree que en nuestra sociedad tomen mucho auge tales prácticas: «El cubano del siglo XXI es todavía muy machista. En Cuba eso es aún una utopía», opina.

Sin embargo, las experiencias vividas en el Hospital Clínico Docente General Calixto García Íñiguez, de referencia nacional, contradicen ese criterio.

«Llevo muchos años trabajando en este centro y no son pocos los casos que he atendido», afirma Luis Alberto Martínez, especialista de primer grado en Anestesia.

«En nuestro centro se han extraído juguetes sexuales, pero lo más común es ver pomos plásticos de desodorante... y no faltan las botellas de cristal, bombillos, pepinos y hasta yucas. Sin duda es un tema muy delicado», sostiene.

A juzgar por los casos que llegan al sistema de salud, no hay límite de edad para este tipo de juegos eróticos. «Hemos atendido desde jóvenes hasta ancianos», afirma Juliet Águila, estudiante de sexto año de Medicina y ayudante de Cirugía.

Carmen Brito, estudiante de tercer año de Medicina y ayudante de Pediatría, llama la atención sobre otro aspecto esencial: «Si se recibe a un menor de edad con un cuerpo extraño en sus genitales o en el recto, hay que considerar el abuso sexual como posible causa, por lo que debe avisarse a las autoridades inmediatamente. En nuestro país no abundan mucho estos casos, pero hay que estar alertas».

En general, estas prácticas no son exclusivas de un tipo de orientación sexual o género, pues incurren en ellas tanto personas homosexuales como heterosexuales, y lo mismo hombres que mujeres, según nos confirma el doctor Eduardo Hernández, especialista en Anestesiología del Hospital Ginecobstétrico América Arias.

Las complicaciones de estos casos alcanzan distintos grados, desde un dolor variable, según el tamaño y ubicación del objeto en la anatomía del paciente, hasta signos inflamatorios, cuya intensidad depende del tiempo transcurrido y la naturaleza del cuerpo extraño, y si fue bien o mal tolerado por el organismo. En el peor de los casos pueden ocasionar hasta una perforación del intestino.

El tratamiento suele ser quirúrgico, en dependencia del caso, la edad y estado de salud del paciente. Casi siempre se procede a anestesiarlos localmente para que los esfínteres se relajen y le sea más fácil al cirujano extraer el objeto. Otras veces hay que operar los órganos dañados, explican los especialistas consultados.

Por lo general los objetos alojados en la vagina resultan fáciles de extraer sin graves consecuencias, pero en ocasiones llegan a los hospitales ginecobstétricos o generales mujeres con una infección genital muy avanzada, que no tuvieron en cuenta la posibilidad de descomposición orgánica del artículo elegido para realizar sus fantasías.

«Recuerdo un caso curioso de hace algunos años, dice Eduardo Hormachea, estudiante de Medicina y ayudante de Cirugía. Se trataba de una mujer joven con un dolor abdominal. Después de un interrogatorio exhaustivo confesó que su esposo le había introducido varias uvas en la vagina como parte de un juego sexual, pero luego no pudo extraerlas todas. Ya en el salón de operaciones, no tuvimos otra opción que hacer una histerectomía (extracción del útero), por el nivel de infección existente. Fue una verdadera pena».

Más allá del daño físico, hay que tomar en cuenta también la susceptibilidad del paciente, pues muchas veces vienen acompañados de algún familiar que tal vez desconozca sus hábitos sexuales y se entera durante la consulta.

«La mayoría de las personas dice que se cayó sobre el objeto o que este penetró en su organismo accidentalmente», explica la estudiante Juliet.

La discreción es un punto clave en estos casos, para que la población no pierda confianza. En nuestra sociedad existen muchos prejuicios con respecto al tema, y algunos prefieren no ir al médico, aunque peligre su vida.

«La ética medica es sagrada», afirma el estudiante Eduardo. «De cometerse una indiscreción, estaríamos incurriendo en una iatrogenia, como se denomina al error cometido por el personal de salud que puede afectar al paciente física o psicológicamente, lo cual resulta imperdonable».

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