Rescatan agua de manantial para utilizarla socialmente

El ahorro de fuentes de energía se mide también en acciones individuales. Luis Barrio Justo tomó la determinación de tratar benéficamente el agua de un manantial

Autor:

Juventud Rebelde

Fotos: Roberto Suárez

Cuando el hombre pone su creatividad en acción se resuelven problemas, con tal fuerza que hasta la naturaleza se doblega a sus órdenes.

Ese es el caso del manantial que baja de la Loma de Pompea, en el Cerro, Ciudad de La Habana, que hacía 40 años brotaba y corría a los influjos de la gravedad, sin emplearse en algo útil, perdiéndose miserablemente, por zanjas y calles, y trocándose en fango y humedad.

Luis Barrio Justo, un teniente coronel retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), visitó la Redacción del este diario en busca de reporteros para que vieran lo logrado hace solo dos meses por iniciativa de un colectivo de trabajadores.

«Nos dolía esa agua como si perdiéramos sangre de las venas. Aunque nos dolía también como agua fresca y limpia que rodaba por un canal natural y terminaba desapareciendo, mezclándose increíblemente con el polvo de las calles y hasta uniéndose con las aguas albañales».

Así lo estima este hombre, que ya cumplió siete décadas y tuvo la experiencia de ser tanquista de las FAR durante 35 años, y ahora ofrece en la vida civil toda la experiencia que ganó como militar.

Luis Barrio Justo es el jefe del Departamento Técnico de la Unidad Nacional de Transporte del Ministerio de Salud Pública, ubicada en el municipio capitalino del Cerro.

«La misma necesidad de agua nos hizo darnos cuenta de que no podíamos dejar que se perdiera ese manantial. Además fregábamos todos nuestros carros, camiones, rastras, autos, paneles, etcétera, con la que proviene de la calle, lo cual era también un desperdicio. Por eso decidimos no emplear la que la población puede consumir para sus necesidades y, en cambio, utilizar la que la naturaleza nos regalaba con los brazos abiertos», argumentó Barrio Justo, refiriéndose a un acto de justicia que benefició a todo un barrio, valga el juego de palabras.

Un manantial desviado

«Lo que nosotros hicimos, sencillamente, fue dedicarnos en cuerpo y alma a la tarea de rescatar ese manantial natural, que nunca en la vida se aprovechó, en interés de nuestro centro.

«Lo desviamos para dos tanques de 1 000 litros cada uno y luego, mediante una tubería y una turbina, esa agua la elevamos a un tanque de rebombeo de 17 500 litros, el cual se llenó en cuatro horas.

«Con esa cantidad de agua estamos dándoles servicio a los vehículos de nuestra unidad, sin gastar ni un solo litro del agua que viene de la calle».

Barrio añade que por orientaciones del director de la Unidad Nacional de Transporte, José Luis Salazar García, comenzaron a realizar todo el trabajo de rescate del rico manantial. Y ya hoy constituye un éxito de la tenacidad humana.

«Esa es la idea esencial: realizar un trabajo valioso en un establecimiento de servicio del país, sin afectar en nada el agua que necesita la población».

Ellos hicieron un desviadero, de unos 14 metros, para cuando los dos tanques ubicados más cerca del manantial se repletaran, impulsar el resto del precioso líquido hacia el tanque mayor. Hoy, del manantial hasta el sitio exacto donde se friegan los carros, hay unos 70 metros.

«Todo lo que hemos hecho es realmente fruto de nuestra inventiva y con materiales prácticamente considerados ya inservibles. La escalera del tanque grande se hizo con hojas de muelle de camiones, de laterales de vehículos viejos, ya dados de baja, con tuberías obsoletas... El tanque se depositó ahí con una grúa y la base que tiene es una antigua cama de camión que ya no se utilizaba, es decir, que todo es recuperado a fuerza de coraje, idea y sudor.

«Yo creo que lo que hemos gastado en esta “inversión” ha sido el salario de los trabajadores correspondiente al tiempo que nos llevó construir el sistema completo que ustedes ven ahí. A no ser la pequeña bomba para impulsar el agua del manantial desviado, que sí fue necesario comprar, todo lo demás se ha logrado con un ahorro de 40 ó 50 000 pesos, sin calcular el valor del agua que le hemos quitado al polvo, a las cunetas de la calle o a los canales donde corren las aguas albañales».

En esta unidad, de 176 trabajadores, se les da mantenimiento a los carros, se friegan y se engrasan, y se brinda atención técnica a todos los vehículos de la Unidad Nacional de Transporte del Ministerio de Salud Pública y a los recursos motorizados de las unidades que se les subordinan, que son numerosos.

El tanque con agua proveniente del manantial rescatado tiene una manguerita de las utilizadas luego de haber sido empleada en una transfusión de sangre y mediante esta se sabe a simple vista —por estar colocada a un costado— si está totalmente lleno, a la mitad o a un cuarto de capacidad.

Y ahora, según nos explica Luis Barrio, ellos estudian la forma de enviar parte del agua que viene del manantial, para el consumo de los baños de la unidad, el aseo personal y para cocinar.

«Ponga en su reportaje que la idea de rescatar el manantial no fue mía, sino del colectivo, y que desde el primer momento contó con el entusiasmo y el total apoyo de la dirección y sus integrantes».

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.