Las huellas de un asalto - Cuba

Las huellas de un asalto

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Más de 200 impactos de proyectil encontrados durante una reparación en el Antiguo Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución, refuerzan la tesis sobre lo ocurrido el 13 de Marzo de 1957

No hay tinta, papel, ni voz de erudito que pueda describir con más fidelidad el testimonio de un tiempo, que los sitios protagonistas de la historia. En sus rincones se respira el aire misterioso del pasado oculto, que viene, como el viento de la noche, a avivar el fuego de la hoguera.

Uno de estos lugares es el antiguo Palacio Presidencial, testigo de los acontecimientos del 13 de Marzo de 1957. Transcurridos 51 años de aquellos sucesos, algunos pensarían que el edificio no tiene nada que decirnos, pero lo ocurrido por estos días devela que aún entre sus impresionantes estructuras eclécticas quedan muchos misterios históricos por develar.

Bajo la piel de la historia

Desde las entrañas del Museo de la Revolución aún pueden aflorar muchos misterios. Así lo sintieron quienes acometen la restauración de ese inmueble, cuando en el mes de noviembre del pasado año encontraron numerosos indicios de impactos de proyectiles, mientras raspaban las paredes del lado izquierdo en el ala sur del patio central.

Surgían así, bajo la pintura, pruebas testimoniales de cómo trascurrieron aquellas horas, en que un grupo de 53 miembros del Directorio Revolucionario, como parte de un plan de ajusticiamiento al tirano Fulgencio Batista, atacó temerariamente el Palacio Presidencial.

Con la extensión de los trabajos de restauración aparecieron pruebas en todas las secciones restantes, además de esquirlas de granada incrustadas en las paredes, hasta alcanzar la impresionante cifra de 200 impactos de bala, 15 de estos con restos de metales de diversas formas y tamaños.

«Ni siquiera los que llevaban más tiempo en el museo conocían la existencia de estos proyectiles en las paredes; incluso, representantes del Directorio Revolucionario no comentaron nada al respecto en las visitas y conversaciones efectuadas en la instalación», explicó el director general del Museo de la Revolución, José Andrés Pérez Quintana.

Los trabajadores que participan en la restauración aseguran que en el sitio donde se hallaron los primeros impactos se concentra la mayor cantidad de huellas del ataque, pues este fue un punto clave en la entrada y salida de los asaltantes.

«Aún quedan evidencias por trabajar en el piso del patio, aunque estamos convencidos de que existen otros importantes escenarios como el segundo piso, donde los jóvenes revolucionarios realizaron maniobras para poder penetrar en el despacho de Batista», expresó Pérez Quintana.

Los especialistas del Laboratorio Central de Criminalística (LCC) trabajan en la determinación de las características de los proyectiles encontrados, para definir si pertenecen a los revolucionarios o a la guarnición del Palacio.

Las pesquisas, según la dirección general del Museo, requieren pruebas de mucho rigor, pues ambos grupos —asaltantes y atacados— poseían parque moderno, aunque no todos los asaltantes portaban armas de elevada calidad.

Las investigaciones realizadas hasta el momento revalidan la tesis sobre el recorrido de los atacantes por las diferentes áreas del Palacio, y ratifican la buena preparación de los mismos, al enfrentarse a los defensores de un edificio con especiales características constructivas y de los mejor guarnecidos de la ciudad, consideró José Andrés Pérez.

La edificación mostrará al público todos los detalles de estos nuevos descubrimientos una vez culminada la restauración, y las pruebas halladas quedarán señalizadas y dotadas de información.

El Che también dejó su huella

Losa encontrada en la cúpula del Museo de la Revolución, con la grafía del Che. Pero como la historia siempre encanta al que remueve sus memorias, incentivándole el deseo de encontrar nuevos secretos, la tentativa de desempolvar los sitios velados de una época distante llevó a indagar más sobre otro hallazgo ocurrido en 1990: una losa con el nombre del Guerrillero Heroico, encontrada nada menos que en la majestuosa cúpula del Museo de la Revolución.

Desde aquella fecha el Laboratorio Central de Criminalística comenzó los estudios de este otro misterio, y arribaron a la conclusión de que la firma pertenece al Che, aunque todavía no se ha podido determinar de qué manera llegó hasta este lugar tan significativo y complejo.

Los especialistas manejan la hipótesis de que la rúbrica fue hecha en un momento anterior a la cocción del barro, y se estima que el suceso ocurrió durante algún recorrido del Che como Ministro de Industrias en los primeros años de la Revolución, tiempo en que se efectuó una reparación del edificio, cuando aún fungía como Palacio Presidencial.

Durante las obras de restauración del Museo de la Revolución, uno de los trabajadores intenta extraer los restos de un proyectil. Foto: José A. Viera

Según comentó a este diario José Andrés Pérez, el planteamiento anterior se sostiene sobre la base de que el material contenido en la losa no es igual al original.

Para cuando concluyan las obras de restauración del inmueble, esa cerámica será expuesta también al público visitante con la información correspondiente.

Todos estos hallazgos confirman que lo históricamente valioso del actual Museo de la Revolución no está solo entre las colecciones expuestas al público, pues desde sus entrañas pueden aflorar aún muchos misterios.

 

 

  Tarde de arrojo

El miércoles 13 de Marzo de 1957, tres días después de las «festividades» por la llegada del dictador Fulgencio Batista al poder en 1952, un comando integrado por más de 50 hombres atacó el Palacio Presidencial. Tenían como objetivo, además de ajusticiar al tirano en su propia madriguera, ocupar la capital con las fuerzas revolucionarias y provocar un levantamiento militar para desmembrar al régimen.

El plan militar constaba de dos acciones: el ataque a Palacio, capitaneado por Carlos Gutiérrez Menoyo y Faure Chomón como segundo al mando, y la toma de Radio Reloj, encabezada por José Antonio Echeverría, presidente de la FEU y renombrado líder estudiantil, cuyo objetivo era difundir el ajusticiamiento de Batista, convocar a una huelga general y llamar al pueblo a sumarse a la lucha armada.

El comando de ataque al Palacio Presidencial debía ser apoyado por un grupo de cien hombres armados, cuya función sería ocupar los edificios más altos de los alrededores (La Tabacalera, el Hotel Sevilla, el Palacio de Bellas Artes) y, desde estas posiciones, apoyar al comando principal. Sin embargo, esta operación nunca se realizó, pues los hombres que debieron participar en ella no llegaron al escenario de los hechos a causa de la vacilación de sus responsables a última hora.

El desarrollo y resultado de la acción, que duró aproximadamente 90 minutos, fueron distintos a como habían sido planificados, pues por un lado no participaron todas las fuerzas previstas, y por otro el objetivo de eliminar a Fulgencio Batista no se consiguió.

De esta forma, entre los caídos en las acciones y los asesinados posteriormente, sumaron 31 los jóvenes muertos. En este valeroso grupo se incluye a José Antonio Echeverría, Ormani Arenado, Juan Pedro Carbó Serviá, Carlos Gutiérrez Menoyo, Fructuoso Rodríguez y Joe Westbrook.

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