Convocan a compartir ideas para celebrar el aniversario 46 de la UJC

Juventud Rebelde recibirá las ocurrencias que desde los Comité de Base se armen para el cumpleaños de la organización juvenil

Autor:

Juventud Rebelde

Esta mujer «de la cuarta década» quiere seguir con aires de muchacha. Próxima a cumplir sus 46 abriles, contagia a su paso de juvenilia. Y piensa, ríe, canta, baila. A veces le duelen un poco los esquemas de la espalda, los espolones de algún acta que no se tradujo en actos o los oídos de la rutina, que oyen problemas pero no escuchan.

Sin embargo, continúa caminando derechito hacia sus sueños. Aborrece el exceso de maquillaje y busca la elegancia del trabajo diario. Cada angustia o esperanza de sus hijos es suficiente para desvelarla.

Siempre guarda la inocencia del asombro y «el placer del sacrificio». Por eso en estos días anda inquieta pensando cómo celebrarán sus muchachos este aniversario. ¿Qué viaje a los impulsos pasados removerá la tierra de hoy? ¿Cómo se juntarán para producir y cambiar la maquinaria cotidiana? ¿Conversan lo suficiente sobre las urgencias del minuto actual? ¿Se divierten? ¿De qué forma?

En esta ventana de papel, con el correo electrónico 46creativo@jrebelde.cip.cu, Juventud Rebelde recibirá todas las ocurrencias que desde los Comité de Base se armen para el Cumpleaños. A ver si el almanaque sorprende a nuestra dama como de costumbre: revolucionando.

Reivindicación de Emilio Salgari

Hay que reconocer que Raúl Roa y yo tenemos la enorme y vital virtud de ser exagerados, excesivos, hiperbólicos. En el fondo, esta es la única manera real de ser. Lo demás, como Raúl dice plagiando indecentemente a no sé quién, «es ser sombra». Este preámbulo no viene a cuento, pero ya está hecho y no me gusta empezar tarea alguna dos veces. Además... pudiera ser que explicase todo esto, que tuvo por teatro la galera 18 del Castillo del Príncipe.

Una noche, (...) estábamos sentados al borde de la cama de Mongo Miyar y los tres nos habíamos dado gusto diciendo que el Dante, a quien no habíamos leído, era un pesado; que Cervantes era muy inferior a Don Quijote, desde luego, que Shakespeare en definitiva solo resultaba un matón insoportable, y qué sé yo cuántas insolencias más... De aquella reunión salió el acuerdo solemne de considerar como intolerable la gran mayoría de las obras universalmente famosas.

Luego nos remontamos río-tiempo arriba y llegamos al arroyuelo de la infancia (...) Allá fueron los sueños ardientes y hermosos, el presentimiento en brumas del amor y el ansia vibrátil del heroísmo sin límites. ¡La realidad es solo un sueño pobre, y la vida, si la vida es algo que quiera valer la pena, es de veras el huracán de sueños de los primeros años impetuosos, locos, vehementes y desaforados!

Aquella noche, al borde de la cama de Mongo, los tres llegamos también a este acuerdo fundamental. Emilio Salgari era mucho más grande que todos esos señores hieráticos e inalcanzables a los que casi ni se les puede mirar de frente en los retratos. Porque indiscutiblemente, la emoción es la onda sonora del espíritu y ninguna ha vibrado tanto ni tan larga ni hondamente en el nuestro, como la que le arrancara en aquellos años primeros la inaudita epopeya de los héroes inverosímiles, palpitantes en los libros de Salgari.

La larga, interminable lista, fue brotando entusiasmadamente de nuestros labios; y los naufragios tempestuosos, los abordajes increíbles entre la ensordecedora gritería de los corsarios y los piratas, las caminatas sin término por entre las selvas tupidas y majestuosas (...) para llegar a la total convicción de que todo aquel remolino desorbitado de vida fantástica, fue más que ninguna otra cosa, el alimento crudo y vigoroso, (...) de temperamentos por modelar, que anhelaron entonces ser creadores de realidades imposibles y ser dignos alguna vez de llegar como héroes hasta las páginas de un libro inverosímil... (Pablo de la Torriente Brau)

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