Guardafronteras: 45 años custodiando las costas cubanas

Un nivel de preparación muy superior al de los primeros años caracteriza a los hombres y mujeres que integran esta aguerrida tropa

Autor:

Yailin Orta Rivera

Preparación constante, efectividad en la tarea. Foto: Roberto Morejón Tiene la voz pausada, casi un susurro. Su rostro atestigua los duros años bañados por el sol y el salitre de la costa. Tiene la mirada inquieta, como quien está en permanente estado de vigilia. Así es Fernando Leyva García, quien fuera el primer jefe de Guardafronteras en Pinar del Río. Pudiera decirse que el suyo fue de esos raros casos en que un habanero va a trabajar a Vueltabajo, para nunca más volver, debido a las exigencias del trabajo y su alto sentido del deber.

Cuenta que de joven se ganaba la vida como joyero. Pero el triunfo de la Revolución le deparó otros caminos en la policía marítima del Puerto de La Habana y más tarde en la Tropas Guardafronteras, en la provincia más occidental.

«En febrero de 1963 llegué a Pinar del Río con el objetivo de organizar las Tropas Guardafronteras. Entonces se le llamaba Departamento de Vigilancia de Costas», rememora Leyva.

Los primeros miembros de las tropas —explica— provenían del puerto de La Coloma, pescadores en su mayoría. Más adelante ingresaron oficiales de las milicias, otros de la Policía y algunos oficiales de la Seguridad enviados por el Capitán San Luis.

«Fue una época difícil. La lucha de clases se había intensificado y la actividad contrarrevolucionaria era fuerte. Existían innumerables infiltraciones y el enterramiento de armas en las costas también abundaba».

Según Leyva, en aquellos primeros momentos se organizó la preparación de los combatientes en varias escuelitas improvisadas. Ahí comenzaron su primera formación como centinelas de nuestras costas.

Para el combatiente, el trabajo de Guardafronteras no hubiese tenido éxito sin el apoyo incondicional de la población, fundamentalmente de pescadores y campesinos que vivían en el litoral.

Recuerda que en muchas ocasiones, mientras realizaban la vigilancia, el alimento escaseaba y solo comían las magras raciones que humildemente les ofrecían los vecinos de la zona. «¡Ese era el momento más feliz del día!, pero a veces no había más que un instante de alegría en la jornada», señala.

«Ya en 1965 pudiera decirse que Tropas Guardafronteras tenía mayor nivel de preparación y otras condiciones de trabajo y de vida. Comenzaba a estar más organizada y con mayores potencialidades», argumenta.

Nacido y criado en Guardafronteras

Tiene 44 años de edad y más de la mitad los ha vivido en Guardafronteras. Presume de tener una hermosa familia, compuesta por sus dos hijos y su esposa, quienes lo entienden y apoyan. Sin ellos confiesa que hubiese sido imposible tener una larga hoja de servicios en este órgano.

Hoy es el Capitán del Puerto de Manzanillo. Tiene la responsabilidad de organizar y dirigir la protección de la frontera en parte de la costa sur oriental del país. También se le distingue por la minuciosidad con que registra y controla el patrimonio marítimo de la bahía de Manzanillo, entre otras misiones.

El enfrentamiento al narcotráfico y el tráfico de personas constituye una tarea permanente de Guardafronteras. Foto: Roberto Morejón El teniente coronel Ifraín Reina Leyva afirma que el resultado de Guardafronteras en la lucha contra las ilegalidades y el narcotráfico se debe a las estrategias trazadas por ese órgano, junto a otras direcciones del MININT y el Gobierno.

La persecución y enfrentamiento de las lanchas rápidas al este de Guantánamo ha alejado a los narcotraficantes de las costas cubanas, porque se les ha golpeado duramente con el trabajo sistemático de nuestras fuerzas.

Ifraín Leyva cree que la gente quizá tiene la percepción de que el guardafronteras se la pasa recorriendo la costa, pero en realidad es un servicio más profundo y complejo.

«Por eso a los nuevos soldados siempre les inculcamos que es un honor pertenecer a este órgano, no porque haya privilegios, todo lo contrario, es muy sacrificado», apunta.

«Nuestro trabajo tiene una alta dosis de malas noches, mosquitos y riesgo hasta de nuestra propia vida. Pero garantizar la tranquilidad ciudadana y la soberanía de nuestra patria son logros de talla mayor», señala.

«Por eso yo “nací” en Guardafronteras, me “crié” aquí, y espero jubilarme como miembro de esta tropa».

Sin cuartel

Los intentos de las mafias internacionales de utilizar a Cuba como vía de tránsito de estupefacientes hacia terceros países, o con pretensiones de introducirlas en nuestro territorio, se han estrellado contra el muro, cada vez más infranqueable y riguroso, de nuestras Tropas Guardafronteras como parte de un sistema integrado por las Fuerzas Armadas, otras especialidades del MININT y la cooperación popular.

Detectar y desarticular un tráfico ilegal de narcóticos en nuestra frontera no es un hecho casual. Les ha exigido entrenamiento, habilidades y mucha intuición a esos combatientes que custodian sin descanso nuestras más de 5 000 kilómetros de costa y las aguas territoriales.

Con solo 24 años, Abdel dirige un colectivo de 20 compañeros. Foto: Núñez Michel «Este trabajo es muy sacrificado, porque hay que “patear las costas” diariamente, hay que toparse con elementos de baja calaña muchas veces o hay que enfrentar situaciones de alto riesgo. Pero también es importante, porque te sientes satisfecho con la labor cumplida», manifiesta el subteniente Abdel Logá Riera, de 24 años.

«Aquí no podemos dejar que se cuele nada, y le hacemos el frente al narcotráfico o a cualquier otra actividad ilícita».

Estos centinelas, además de afrontar el narcotráfico internacional en una lucha sin cuartel, tienen entre sus principales misiones el enfrentamiento al terrorismo y al tráfico ilegal de personas, así como desarrollan misiones de salvamento y rescate en su región de responsabilidad y contribuyen a la protección de la flora y la fauna.

Todos recordamos aquel «Pata pelúa» del filme Guardafronteras, una película que nos mostró aquellos primeros momentos de la institución, que hoy arriba a su aniversario 45. Y al decir del subteniente Abdel, llega multiplicada con muchos «Pata pelúa», pero mejor preparados.

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