El odio no pudo silenciar la verdad

Un día como hoy pero de 1958 cae asesinado por un agente de la policía del regimen de Fulgencio Batista el periodista ecuatoriano Carlos Bastidas Argüello

Autor:

Juventud Rebelde

Carlos Bastidas Argüello. El fatídico martes 13 de mayo de 1958 el joven periodista ecuatoriano Carlos Bastidas Argüello fue vilmente asesinado por el agente de la policía cubana Orlando Marrero.

Gobernaba en Cuba el dictador Fulgencio Batista, ese sátrapa sanguinario que ahora desde Miami y Madrid pretenden resucitar como un ángel misericordioso, espléndido y preocupado por los destinos de su pueblo.

Carlos Bastidas se convirtió así en el último periodista asesinado en Cuba por las «fuerzas del orden». Ya después del 1ro. de enero de 1959, ninguno de mis colegas ha sido ni siquiera vejado por nadie. Incluso aquellos que vendieron sus plumas al imperio y guardan prisión por mercenarios al servicio de una potencia extranjera, tras convertirse en periodistas de la noche a la mañana, sin haber publicado jamás una sola línea en periódico alguno, gozan de todas las garantías que siempre ha enarbolado la Revolución, y hasta tienen la posibilidad de escuchar a Silvio cuando canta en las prisiones, donde tuvieron toda la libertad del mundo para verlo, oirlo y aplaudirlo, si quisieron hacerlo, como la inmensa mayoría de los reclusos cubanos.

A Bastidas, sin embargo, el esbirro Orlando Marrero le disparó hasta asesinarlo, ante la vista de decenas de personas, en el café El Chalet, en la famosa esquina de Prado y Neptuno.

¿Qué había hecho para ganarse el odio de la dictadura batistiana? ¿Por qué a sus 23 años de edad fue condenado a muerte sin que mediara juicio alguno, ni acusación, ni defensa?

Carlos Bastidas Argüello se hizo periodista en su natal Ecuador. Y desde allí viajó por varias naciones de Nuestra América para reportar en las páginas del diario El Telégrafo, de Guayaquil, la realidad de República Dominicana gobernada por el archiasesino Rafael Leónidas Trujillo; la de la hermana Venezuela, regenteada por Pérez Jiménez, y la de Colombia, feudo de Rojas Pinilla.

Trujillo ni siquiera le autorizó la entrada. Rojas Pinilla determinó llamarlo a capítulo y sugerirle que abandonara Bogotá. Pérez Jiménez lo arrestó y expulsó de Caracas.

Pero Batista era Batista: algo así como un clon de los tres anteriores y otros represores.

Y no vaciló en impartir la orden de hacer callar para siempre a Carlos Bastidas, siempre ignorante de que las ideas no se matan.

Opuesto a las tiranías, Bastidas viajó a Cuba y se las ingenió para encontrar contactos que lo llevaran a la Sierra Maestra, donde entrevistó al Comandante en Jefe Fidel Castro y a los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara.

Allí, en la Comandancia de La Plata, se convirtió en el Atahualpa Recio, cuya voz se escuchaba a través de las frecuencias libres de Radio Rebelde, apenas una semana después de que Che fundara esta emisora.

Su hermano Edmundo asegura que escogió el seudónimo de Atahualpa en homenaje al último emperador inca, asesinado por los colonialistas españoles tras ofrecerle férrea resistencia.

De regreso a La Habana, y hospedado en el modesto hotel Pasaje, entonces enclavado frente al Capitolio Nacional, Bastidas logró enviar sus reportajes hacia Ecuador a través de la embajada de ese país en Cuba.

Temprano en la noche del martes 13 de mayo de 1958, salió a dar un corto paseo con el jovencito de 15 años Luis Gómez Balado, hijo de la gallega propietaria del inmueble, cuyo otro vástago, Orlando, se encontraba en la Sierra como miembro del Ejército Rebelde, donde entabló rápida amistad con Bastidas.

Entraron ambos al café El Chalet y a los pocos minutos el esbirro Orlando Marrero comenzó a ofender a Carlos, y sin darle tiempo a responder, le vació la pistola en el cuerpo, dejándolo sin vida.

Por supuesto, el asesino se escabulló entre la multitud, pues sus compinches generalizaron un tiroteo en el local, como burda maniobra para distraer la atención de los testigos que presenciaron el crimen, atemorizarlos y poder escapar con absoluta impunidad.

Reporteros sin Fronteras no existía en aquella época. Pero la Sociedad Interamericana de Prensa, la SIP, autoproclamada defensora de la libertad de expresión y lo que ahora denominamos derechos humanos, no escribió ni una letra condenando el asesinato del joven periodista ecuatoriano a manos de un esbirro batistiano, como tampoco lo ha hecho jamás para denunciar a ningún gobierno sanguinario.

Por voluntad de su padre, los restos de Carlos Bastidas Argüello quedaron en Cuba, y ahora reposan en el Panteón de los Caídos en Defensa de la Patria, junto a otros héroes cubanos.

La Unión de Periodistas de Cuba le otorgó, post mortem, la Orden Félix Elmuza y el Premio a la Dignidad, y reconoció que este joven colega ecuatoriano cumplió hasta su muerte con las ideas integracionistas de Eloy Alfaro quien, ya siendo presidente de Ecuador, solicitó a la Corona española la independencia de Cuba, tras aportar dinero, armas y hombres a la Guerra Necesaria convocada por su amigo, nuestro Héroe Nacional José Martí.

Este 13 de mayo de 2008, cubanos y ecuatorianos conmemoramos el aniversario 50 de la caída de Carlos Bastidas Argüello, quien tuviera ahora 73 años de edad, y quizá anduviera nuevamente por Cuba, Venezuela, Nicaragua, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay o en su natal Ecuador, no reportando sobre tiranías, represión, desaparecidos y asesinatos, sino reflejando los cambios que están ocurriendo a favor de los suyos, que siempre fueron los humildes.

¡Ah!: el asesino Orlando Marrero, agente de la policía de Fulgencio Batista, logró escapar el 1ro. de enero de 1959 de la justicia revolucionaria, y como muchos otros criminales y torturadores, encontró seguro refugio en Miami, allí donde hoy pretenden convencernos de que Batista y sus secuaces eran nobles y buenos...

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