Acercan servicios estomatológicos a comunidades rurales

Autor:

Juventud Rebelde

Anécdotas insólitas se repiten una y otra vez entre jóvenes incorporados a Sonríe con Salud, proyecto que en más de cuatro meses en Camagüey acumula múltiples experiencias muy difícil de encontrar en una clínica citadina CAMAGÜEY, Sibanicú.— Era sábado 22 de marzo, cerca del mediodía, cuando Luisito jugaba en el patio de la distante casa, ubicada en el municipio de Sibanicú, de la comunidad rural Patricio Lumumba.

Una tos seca y ahogante llama la atención de su mamá, que se encontraba a varios metros del niño: «¡Un médico, un médico!»... gritaba asustada la madre, Idalmis Milán.

El «corre-corre» no se hizo esperar. Los vecinos acudieron ante aquella voz que pedía auxilio. El padre, Richard Alberto, muy rápido zarandeó al muchacho, de solo un año de edad, pero no respondía al estímulo.

Entonces varios de los presentes recordaron a los jóvenes estomatólogos que desde el día anterior atendían a los cientos de pobladores de aquel apartado lugar. En segundos el saloncito transformado en clínica estomatológica cesó sus funciones normales, para concentrarse en la emergencia.

Sin miramientos, uno de los estudiantes aguantó al chiquilín, otro diagnosticó, un tercero alumbró lámpara en mano, y un cuarto sacó desde bien adentro en la garganta, una gran pelusa plástica, de cerca de 10 centímetros de largo, que le cortaba la respiración al nené.

«Hemos vivido de todo un poco durante nuestra estancia en las comunidades retiradas de Camagüey, pero lo de Lusito no tiene nombre. Nos asustó a todos y tuvimos que mantener la calma, a pesar del mal rato», comentó Yosmercy Cruz, estudiante de cuarto año de Estomatología, quien le sacó al niño el cuerpo extraño de su garganta.

Mientras esto ocurría, en cinco sillones «portátiles», con pacientes acostados, se reiniciaron las labores dentales, que se paralizaron por unos minutos a causa de aquel susto infantil.

En calma transcurrió la tarde y parte de la noche en la improvisada clínica bucal de Patricio Lubumba, donde los jóvenes estomatólogos, incorporados al Proyecto Sonríe con Salud, tuvieron que trabajar recordando el hecho hasta bien entrada la noche.

Locos porque llegue el día

Compleja cirugía que requirió de la colaboración y maestría de la docente que los acompaña. Anécdotas insólitas como la anterior se repiten una y otra vez entre los 30 jóvenes incorporados a Sonríe con Salud, proyecto que en un poco más de cuatro meses de existencia acumula todo un libro de experiencias muy difícil de encontrar en una clínica de la ciudad.

Que si la operación se complicó y tuvimos que ponernos a «prueba de balas»; que si la niñita casi me muerde un dedo; que si el forzudo de la zona se desmayó del miedo; que si la presión de los abuelos se descompensó ante el «alicate»... y muchas más que hacen que la idea siga madurando con fuerza en todos los estudiantes de la Facultad, incluso hasta en los más jóvenes.

Las semanas transcurren muy tranquilas dentro de las aulas estomatológicas camagüeyanas, pero cuando la FEU, en coordinación con la dirección de la escuela, informa: «Este fin de semana viajaremos hasta...», desaparecen planes recreativos personales y colectivos elaborados por los muchachos con antelación; novias y novios entienden la exigencia de la profesión, y la familia ya resignada por la alegría de los protagonistas apoya el viaje de trabajo, que traerá nuevas experiencias que nunca más se borrarán.

«Estamos locos porque llegue el día», fue la expresión casi unánime de los muchachos, que decidieron un 30 de noviembre del año 2007 unirse al proyecto que busca llegar a poblaciones alejadas de las ciudades y entregarle a su gente una mejor salud bucal.

«Con la ayuda de sus “profes” y del Ministerio de Salud la idea cogió forma. La FEU, junto a los muchachos, nos pusimos las “pilas” y conformamos un proyecto inicial, que no se pareciera a ninguno en Cuba, cosa que logramos, pues en los intercambios de experiencia con el resto de las facultades estomatológicas del país no hay uno como el de nosotros», explicó Jorge Luis Rodríguez, presidente de la FEU de la Facultad de Estomatología en la provincia de Camagüey.

—¿Qué los diferencia?

—La perdurabilidad del proyecto durante todo el curso y las vacaciones. No es cosa de una movilización de 15 días, sino un compromiso constante con el pueblo de todos esos lugares. Nos diferencia, incluso, la profesionalidad que adquirimos en ese contacto amplio con el paciente, el estudio integral que realizamos con cada persona, el arribo a conclusiones acerca de cada anomalía en el sillón y las experiencias que incorporamos a nuestra cotidianidad.

El proyecto surgió después de un llamado realizado por el Ministerio de Salud en el país, en uno de los encuentros nacionales de la FEU. A partir de ese momento se pensó en cómo lograr una intervención comunitaria sostenida que impactara directamente en las localidades.

«Aunque suene un poco extraño la idea maduró en los pasillos de nuestra escuela, junto a los estudiantes, profesores y la dirección del decanato. De esta manera comenzamos y así hemos ido ganando prestigio», manifestó el dirigente estudiantil.

—¿El contacto con la población va más allá de la atención estomatólogo-paciente?

—Cuando llegamos a los lugares se forma a nuestro alrededor un gran movimiento de salud bucal y recreativo-cultural.

«Nuestros jóvenes imparten charlas educativas para toda la población. El aula es el medio y eso nos hace más humildes y a la vez más creíbles en nuestra labor educativa. El intercambio con la población abarca, incluso, un gran movimiento cultural, promovido y organizado por los diferentes factores de la comunidad, que comienza desde que arribamos a las localidades hasta que nos marchamos».

—¿Conformes hasta el momento?

—No. Los jóvenes nos exigen una mayor incorporación y esto depende de los sillones que tengamos. Esta es nuestra inconformidad, pues quisiéramos más plegables, para poder llegar a más pacientes y así tener mayor impacto hombre a hombre.

Se espantó el sueño

La población infantil está priorizada. «Mira las mochilotas», gritaban varios de los niños y niñas de los casi cien muchachos que esperaban sentados en el parque la llegada de los estomatólogos. Por instinto, los aplausos de los vecinos recibieron a la guagua llena de jóvenes y de inmediato el grupo musical de Lumumba comenzó a tocar...

El ambiente lo dice todo, llegaron las «mochilotas» y con estas los estudiantes, que durante 72 horas trabajarán hasta la madrugada, con tal de que ningún poblador se quede sin atención.

«A veces dormimos pocas horas, porque terminamos pasadas las 12 de la noche, y otras porque el pueblo nos espera para regalarnos la gala recreativa que nos tienen preparada», expresó Alicia Labrada, mientras su compañera Lianet Hernández, sentada en el piso, junto a varios vecinos, impartía la segunda clase de prevención de cáncer bucal.

Laura Albizua describió hasta de «medio loca» la función de los integrantes del proyecto: «Aquí hay que convertirse en mecánico, electricista, psicólogo, estomatólogo y hasta en médico, y si no que Sahyli cuente el sofocón con el herido de la comunidad de Oriente Rebelde».

«En Oriente Rebelde atendimos a más de cien personas y cerca de las cinco de la tarde, cuando más embullados estábamos, llegó un caso, pero ¡qué caso! Estaba tinto en sangre y con una herida en la cabeza, por lo que hubo que ingresarlo en el hospitalito que improvisamos para nuestra tarea. Aplicamos nuestros conocimientos, saturamos aquella herida de siete puntos, internos y externos, más el reconocimiento profundo que se realiza en esos casos», recordó la muchacha.

Pero la labor se complica si se rompe un sillón o se funde un bombillo: «Hemos innovado a pie de obra. Y para no perder horas de trabajo implementamos cursos de electromedicina, esterilización y preparación de instrumentos y materiales, que permiten soluciones ágiles ante las roturas o contingencias», dijo Yuniesky González, quien en una ocasión se las vio «feas de verdad», cuando en Palma City, paraje aislado del municipio de Esmeralda, dos bombillos y otros dos compresores dejaron de funcionar.

«Fue una odisea, pero salimos a flote gracias a nuestra inventiva y a la ayuda de la comunidad. De la nada un campesino se apareció con el bombillo de su tractor; el médico de la familia aportó la lámpara de ginecología, y mientras arreglábamos los comprensores el resto de los muchachos instalaban las luces para terminar», reveló el joven Yuniesky, quien ahora se ocupa, también, del más mínimo detalle en el almacén, que junto a la clínica se habilita en una esquinita del sencillo salón.

Los protagonistas de esta historia le sacan un susto a cualquiera, pues como afirmó Juan Romero, miembro del Buró Municipal del PCC en este territorio: «Cuando creemos que van a terminar se rotan unos con otros y siguen mientras haya una persona en la puerta. Su atención impacta directamente y de inmediato. Algo así nunca se ha visto por acá y es por eso que la población los espera y reclama su regreso».

Visita bienvenida Al cierre de este reportaje, el Proyecto Sonríe con Salud había visitado las comunidades de Patricio Lumumba y Oriente Rebelde, ambas de Sibanicú; Ingenio Viejo, en Florida, y Palma City, en Esmeralda, en seis viajes de atención completa e integral a los pacientes atendidos.En un poco más de cuatro meses 651 personas han recibido atención bucal general, incluyendo la conformación de historia clínica.Cerca de 400 pacientes ingresados durante su estancia en las localidades señaladas han tenido un seguimiento bucal complejo y profundo; se realizaron 724 obturaciones (empastes) y se suman, aún sin contabilizar, extracciones y cirugías. Al decir de la vicedecana docente de esta Facultad en Camagüey, Odalis Martín Reyes, esta iniciativa resuelve una problemática de poblaciones alejadas de los servicios estomatológicos existentes en las cabeceras municipales.Agregó la especialista que todo los territorios visitados por los estudiantes ya poseen una cobertura estomatológica total de las embarazadas.

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