Palabras de Tubal Páez, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, en la presentación del libro Fidel, Bolivia y algo más...

Este libro, afirmó Tubal,  nos trae el fulgor de la mirada, larga y amplia de Fidel, enfocada desde Bolivia hace 15 años

Autor:

Juventud Rebelde

No sé por qué siempre relaciono a Bolivia con los ojos, con la función de la pupila, con el sentido de la vista. No sé si es porque la percibo tan cerca del Sol, con tanta claridad y tanto contraste. No sé si por saber del sufrimiento de una nación que desde milenios rinde culto a la luz, condenada al exterminio en las tinieblas de las minas. No sé si porque allí el guerrillero de siempre dejó de contemplar el mundo. ¿O será porque me asombra esa operación milagrosa que ha devuelto la visión a más de 200 000 bolivianos?

Y ahora este libro nos trae el fulgor de la mirada, larga y amplia, de Fidel, enfocada desde Bolivia hace 15 años. Pero al terminar la lectura, junto con el libro cerramos los ojos, como el mejor recurso para no distraer mucho la conciencia y dejar que en ella las imágenes se ordenen y tener una idea cabal de lo leído.

Nunca debemos olvidar cuánto estímulo significó para la resistencia de los cubanos, la acogida del pueblo boliviano a Fidel en aquel viaje a las ciudades de la Paz y Santa Cruz entre los días 5 y 9 de agosto de 1993, la emoción con la que era recibido por multitudes atentas unas veces, bulliciosas otras, felices siempre de tenerlo en su tierra.

Quizá esa sea la visita más emotiva para Fidel en su vida, y quizá también la más silenciada y censurada por las grandes empresas mediáticas del mundo.

Esa solidaridad nos llegaba en días decisivos e históricos para Cuba, cuando la economía tocaba fondo y el heroísmo las estrellas. Años muy duros en los que el enemigo afilaba los cuchillos, arreciaba el bloqueo, se daba por descontado el desplome de la Revolución y se entusiasmaban los terroristas ante la posibilidad de asesinar al líder irreductible.

Eran días donde los parlamentos obreros y la explicación e implementación de las medidas para sobrevivir, coexistían con penurias, incertidumbre, largas colas; un millón de bicicletas por las calles; con tanques de guerra movidos con carbón; de apagones programados, de escasez de alimentos, de menos periódicos y revistas, de un mínimo de horas de televisión; y de una distribución de recursos a punta de lápiz para garantizar el desarrollo.

Este libro nos habla de cosas como esas contenidas en las palabras de Fidel, en sus encuentros y respuestas a los periodistas; pero sobre todo habla de un futuro inevitable de justicia, de lucha de los pueblos por sacudirse de las desigualdades, la marginación y el saqueo de los poderosos; de un mundo donde imperen la unidad y la integración de las naciones, como querían Bolívar y Martí.

En medio de la batalla cotidiana y la no oculta preocupación de sus compatriotas, Fidel hizo importantes viajes al exterior, conciente de que en el escenario internacional, Cuba tenía mucho que decir, aún desde los propios cotos del neoliberalismo eufórico; pero otra cosa eran los pueblos, y ninguna visita tenía la significación de la de Bolivia, donde el Che había muerto 26 años antes.

Muchos niños pobres del hermano país fueron protagonistas también de aquellos encuentros, y se les vio en los actos y los recibimientos al Jefe de la Revolución Cubana. A una pregunta de un periodista sobre esos pequeños que desde muy corta edad tenían que trabajar, Fidel respondió: «El futuro de los niños va a depender mucho de los adultos, de lo que hagan los adultos, los líderes, lo que hagan los políticos por ellos». Hoy 5 291 de los niños bolivianos de hace 15 años, estudian Medicina en Cuba.

Este libro tiene una estructura de edición que hace muy fácil la lectura y asimilación de los conceptos. Los autores agruparon en bloques o capítulos los principales asuntos que Fidel trató en las reuniones con autoridades del Gobierno, dirigentes sindicales y políticos, en el hotel donde estuvo hospedado, en la Alcaldía Municipal, en la Universidad Mayor de San Andrés, en los palacios de los poderes ejecutivos y legislativos y en la Embajada de Cuba en la Paz. Al final de cada bloque colocaron preguntas y respuestas de un encuentro con periodistas relacionadas con cada tema.

Esta nueva impresión de Fidel, Bolivia y algo más..., de Nicolás Fernández, Edwin Flores y Ramiro Ramírez, que abre con un prólogo de Fidel escrito para esta edición, contiene los textos de los prologuistas de la edición original de 1993, el entonces canciller Antonio Araníbar Quiroga, el periodista Antonio Peredo Leigüe, Iván Miranda, secretario ejecutivo de la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia, y el General de Ejército, en retiro, Lucio Añez Rivera.

También se recogen declaraciones de personalidades bolivianas, fotos de la visita, una síntesis biográfica de Fidel y en anexo los facsímiles de una pequeña selección de los numerosos artículos y reseñas noticiosas aparecidas en la prensa boliviana de aquellos días.

No puedo dejar de mencionar que esta presentación tiene lugar en medio de las jornadas que en Cuba y el mundo se llevan a cabo en recuerdo del Che, a propósito del 80 aniversario de su nacimiento. La lectura de la parte del prólogo de Fidel referida al querido e inolvidable compañero, me exime de comentario alguno, solo que los periodistas cubanos, presentes o no en esta sala se suman a su recuerdo, de la manera que mejor puede hacerse: examinando y reflexionando sobre nuestro trabajo, como parte del proceso del VIII Congreso de la UPEC que se celebrará en los primeros días de julio próximo.

Con extraordinario agrado y mucha atención, hemos leído hoy la carta de Fidel a la colega Alina Perera, y las ideas que contiene; en todas las asambleas previas, en las bases, en las provincias y en las ramas, se ha recordado la reflexión de Fidel de que la vida sin ideas de nada vale y que no hay felicidad mayor que luchar por ellas. Eso será nuestro congreso, un escenario para debatir cómo hacer que las ideas de la Revolución Cubana lleguen en toda su profundidad. Sobre eso meditaremos.

Este libro es una herramienta para la lucha, porque tiene la luz de ideas potentes relacionadas con la defensa y promoción de los valores más altos de la condición humana: la dignidad y la justicia.

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