Tributo al desaparecido periodista Ricardo Sáenz

El destacado colega dejó una profunda huella en el periodismo revolucionario cubano

Autor:

Juventud Rebelde

«Fue un genuino producto de la Revolución Cubana, y se entregó por completo a ella y a los demás». Así describió al desaparecido colega Ricardo Sáenz Padrón, el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), Tubal Páez, en la reunión de amigos, compañeros y familiares que en la mañana de este martes tuvo lugar en la sede de la institución, en Ciudad de La Habana.

«Era modestia pura y sacrificio puro, no aspiró nunca a la eternidad, sin embargo, salió de este mundo tranquilo, porque aunque no lo pregonaba, conocía su aporte, su enseñanza, su obra, su alma y sus sentimientos», argumentó.

«No lo vi nunca con amargura, derrotado, pesimista, y este contacto sería —como describiera su amigo periodista Gabriel Molina— más justo, necesario y útil, si pudiéramos hacerlo con los jóvenes que hoy se forman en el periodismo y la comunicación», declaró finalmente Tubal.

«Él es de esas personas que han dejado una profunda huella en el periodismo revolucionario cubano, pese a que la inmensa mayoría de sus trabajos no llevaban su firma», expresó Juan Marrero, de la presidencia de la UPEC, al pronunciar las palabras iniciales de dicho encuentro.

Señaló que Ricardo en realidad no recibió ningún galardón oficial, pero se ganó el gran premio del aprecio y del cariño de todos los que lo conocieron y le profesaron una sincera y merecida amistad.

Como «un verdadero acto de sentimiento para recordar a un grande», calificó el colega Juan Ayús, veterano diseñador de Juventud Rebelde y de Granma, el encuentro sobre la vida y la obra del «Gallego».

«Él no buscaba subir escaleras, sino cumplir su profesión sencillamente, y sacrificó al periodista Ricardo por entregarse en cuerpo y alma a los otros, con humildad, muy solidario siempre, era el que era», comentó José Alejandro Rodríguez.

Elio Menéndez, gran reportero de deportes durante muchos años en estas páginas, recordó a Ricardo y citó algo que siempre comentaba: «La mayor satisfacción es cuando uno escribe algo y el hombre sencillo del pueblo te ve y te dice: “Te la comiste, compadre”».

Marta Rojas, premio de Periodismo José Martí, propuso instituir un reconocimiento de edición periodística que lleve su nombre, y recoger en un texto para los estudiantes de Periodismo las anécdotas sobre Ricardo. Arleen Rodríguez Derivet expresó que «era el equilibrio entre los viejos y los nuevos, aunque no veía edades diferentes y dejó de ser para ser de todos, haciéndonos pensar, no en el “yo”, sino en el “nosotros”».

Susana Lee, su compañera de batallas periodísticas, reconoció que aprendió mucho de él, de lo exigente que era, de cómo se vinculaba con los trabajadores anónimos y resumió sus condiciones diciendo que «parecía siempre que todos hacíamos más que él, cuando era al revés».

«Tenemos que ponerlo a caminar junto a los jóvenes diariamente», comentó Mirta Rodríguez Calderón, en coincidencia con Hugo Rius premio de periodismo José Martí, quien hizo con Ricardo el libro sobre el heroico dominicano Francisco Caamaño: «Es un paradigma para las nuevas generaciones de periodistas, una rareza: buen ser humano, humilde, que en una sola pieza, por encima de vanidades y pretensiones, generaba respeto y cariño».

Uno de sus más allegados compañeros de oficio, hoy de Prensa Latina, Jacinto Granda, recordó anécdotas que lo reflejan como un ser alegre, ameno, simpático, feliz, inteligente, humorista y audaz.

Y Walfredo Angulo, también de Prensa Latina, lo evocó como «un lince, una especie de muchacho contento, siempre con la mejor noticia para publicar en la mano».

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