«Siempre se puede empezar de cero», afirman pobladores pinareños

Miles de personas cuyos hogares fueron arrasados por Gustav, viven en casas de familiares y vecinos, además de en albergues habilitados por la Defensa Civil, donde les ofrecen aliento y apoyo para la subsistencia, mientras llega la ayuda que la dirección del país destina para los afectados

Autor:

Juventud Rebelde

Mujeres pinareñas no pueden aguantar el llanto ante las cámaras de la televisión al describir el dolor por todo lo perdido: el techo donde cobijar a la familia y los bienes esenciales para la existencia.

Pueblos y comunidades prácticamente arrasados, poderosas torres de alta tensión convertidas en amasijos ante la furia de los vientos, empresas avícolas llevadas casi al polvo, escuelas inutilizadas para iniciar el próximo curso escolar, plantaciones agrícolas desvastadas, carreteras y caminos intransitables, torres de comunicación lanzadas al piso...

Las imágenes que ofreció la Mesa Redonda Informativa de la Televisión Cubana son sobrecogedoras, dolorosas, impactantes. La conductora del espacio, Arleen Rodríguez Derivet, resume con dos palabras lo que Gustav significó en daños para la Isla de la Juventud y Pinar del Río: Sin piedad.

El General de Cuerpo de Ejército, Leopoldo Cintra Frías, miembro del Buró Político del Partido Comunista y Héroe de la República, consideró como «milagroso» que, en medio de tanta desolación y desastre, no apareciera ni un solo muerto, gracias al sistema de Defensa Civil de la Isla, apoyado en la particular solidaridad de los cubanos.

Las expresiones de esa solidaridad no se vieron solamente durante el paso del poderoso meteoro. En estos momentos miles de personas sin hogar viven en casas de familiares y vecinos, además, en los albergues habilitados por la Defensa Civil, donde les ofrecen aliento y apoyo para la subsistencia, mientras llega la ayuda que la dirección del país destina para los miles de afectados.

Y en medio de la desesperación gravita una energía extraña en este mundo de desconsuelos y abandonos. Las pinareñas lloran, pero le gritan a las cámaras que ellas y sus familias se quedaron con lo más valioso: la vida. Con ella y una Revolución que nunca dejó solo en la desgracia a ningún ser humano, siempre se puede empezar desde cero.

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