El trayecto maldito de Gustav por Guanímar

Autor:

Marianela Martín González

Imágenes de los estragos de Gustav a su paso por Cuba

El humilde poblado de pescadores parece predestinado a soportar las fuerzas ciegas de la Naturaleza, como si estas quisieran arrasarlo

El olor es un grito. Desde que llegas a Guanímar, la fetidez que desprende el lodo y la carne descompuesta de animales marinos y domésticos va preparándote para lo que verás.

Solares vacíos con ripios de tejas, madera, fibras de techo y algún que otro trozo de mampostería son las únicas pruebas que tienes para creer, cuando la gente te advierte, que en algunos lugares existió una vivienda; que allí alguien vivió.

Cuando ves los barcos que las aguas subieron en plena calle, entonces dices que cualquier cosa fue posible cuando Gustav desató sus vientos en el sur habanero y barrió con todo lo que había en Playa Guanímar.

Primero el Dennis, luego Charlie, más tarde la surgencia desatada por Katrina... y ahora Gustav. Todos han descargado su fuerza sobre este poblado costero del sur de La Habana, enclavado en el municipio de Alquízar. Todos han roto y vuelto a romper sobre lo remendado; pero este último, de las 334 viviendas que existían arremetió sin piedad contra 187, derribando totalmente 154.

Esta desolación se vuelve menos gris cuando ves bajo el sol a los linieros trabajando para al menos devolverles la luz a estas personas que lo han perdido casi todo. También cuando Orquídea Llanares, directora de Inversiones de la Vivienda en La Habana, asegura que deben llegar materiales para crear facilidades temporales en las viviendas derrumbadas.

«Hay que construir en el pueblo todas las casas de los residentes permanentes. Aquí solo se van a quedar las 70 de vacacionistas».

A pesar de los pesares Aleida García este martes regresó del albergue donde fueron evacuados los más de 150 pobladores de esta comunidad. Sabía que de su casa, tras los vientos y la penetración del mar, nada había quedado. Como otros, solo miraba aquel panorama y lloraba.

«No manejamos recursos y por eso no podemos construirle su casa, pero cuando los tenga la ayudaremos a levantar la vivienda», aseguró Alberto Alarcón, presidente de la Zona de Defensa 04, y también presidente de la Cooperativa de Producción Agropecuaria Rubén Martínez Villena, donde trabajan Aleida y otros dos damnificados.

Limpiando la zanja del dique encontramos a María Caridad Gregores. Muchas aves muertas habían ido a parar a ese lugar, y era esta la única fuente de abasto para limpiar las casas llenas del fango pestilente que las olas empujaron a la distancia de un kilómetro de profundidad.

«Hace cuatro años perdí mi casa y me prestaron un local del MININT, mientras construyamos el otro grupo de viviendas de los que fuimos perjudicados por Charlie. Tengo ganas de que eso ocurra porque es una pesadilla lo que vivimos cuando el mar penetra».

Reincidentes

La Habana ha sumado en los últimos eventos meteorológicos, sin considerar a Gustav, 53 288 viviendas afectadas, principalmente en el oeste de la provincia. De estas, 4 431 derrumbes totales.

Después de Gustav se añaden 5 383 inmuebles afectados, de estos 445 de manera total.

Según Alexis Ortiz, director de Vivienda en La Habana, las mayores afectaciones provocadas por Gustav se registran en Artemisa y Alquízar, donde algunos damnificados, con pérdidas parciales o totales de techo, se han beneficiado con las planchas de fibrocemento y zinc depositadas en los propios territorios.

«Excepto con los elementos de pared, que se comportan irregularmente a veces, no hay problemas de recursos para enfrentar los casos acumulados. La mayor dificultad radica en la fuerza de trabajo.

«En este trimestre vamos a iniciar las viviendas de los damnificados que tenemos pendientes antes de Gustav; para eso estamos insistiendo en la participación popular como protagonista de esta compleja encomienda. Los organismos constructores de la provincia y los técnicos de las Unidades Municipales Inversionistas de la Vivienda tienen el deber de apoyar a las personas que por razones muy justificadas no pueden asumir la construcción de sus hogares.

«Los recursos se entregan según se avance en la edificación y de acuerdo al estado constructivo. Aplicamos el principio de priorizar a quien más avance».

Ortiz aseguró que los materiales para las casas de los damnificados, desde el 1ro. de agosto reciente, se trasladan desde la provincia a los municipios, y de estos últimos se conducen a los necesitados, gracias al reordenamiento del transporte en las localidades.

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