Lo que el viento no se llevó

Cítricos y plátano fueron las grandes víctimas de Ike a su paso por Ciego de Ávila Imágenes de los estragos del huracán Ike en territorio cubano Vea la cobertura completa sobre Ike

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Juventud Rebelde

La empresa La Cuba está considerada la mayor productora de bananos del país. Foto: Juan Moreno CIEGO DE ÁVILA.— Fue la noche más larga del mundo. «Y la más fea», añade Héctor Ruiz, trabajador de la Empresa de Cultivos Varios La Cuba, enclavada en el municipio de Baraguá, al este de esta provincia.

A su lado, sus compañeros de brigada asienten. Están en uno de los campos de plátano de la entidad, una de las mayores productoras de su tipo en el país.

«Uno estaba “trancado” en su casa», cuenta Héctor al recordar la noche del domingo, cuando los vientos de Ike aparecieron sobre Ciego de Ávila. «Y ahí adentro sentías los árboles caer y la manigua estremecerse con las rachas».

Al amanecer del martes se encontraron con lo que venía en medio de las lluvias. Las matas de plátano, con sus racimos grandes a punto de crecer, estaban partidas o dobladas. Los pedazos de tallo se veían revolcados por doquier, y a la redonda los cultivos parecían un gran cementerio desolado bajo el fango y las aguas. El trabajo de un año estaba en el suelo.

El gran suspenso

Diez kilómetros al norte de la capital provincial comienzan los campos de cítricos. Cuando Ike era un sueño, en la Empresa Citrícola de Ciego de Ávila se ajustaban los planes para la campaña de la toronja, que debería comenzar el 15 de noviembre próximo.

«El ciclón nos derribó la cosecha; podemos aprovechar el grueso, pero de todos modos nos hizo daño, más aún en la naranja», explica Nelson Paz Fernández, director de la entidad.

De acuerdo con los estimados, el grueso de la toronja —unos cinco mil quintales de un plan de más de siete mil— pueden aprovecharse por estar a punto de cosecha. Sin embargo, el 60 por ciento de la próxima campaña de la naranja se perdió.

«El plan de recogida era de más de ocho mil quintales, pero eso ya no será posible. La suerte es que los viveros no se afectaron y los planes de desarrollo podrán continuar», expresa Paz Fernández.

Son los males dentro de un respiro. De acuerdo con Benito Migolla, delegado del MINAGRI en el territorio, los daños fueron menores de lo previsto.

«Ninguna máquina de riego sufrió afectaciones —expresa el directivo—. Los daños a la agricultura y las instalaciones del porcino fueron mínimos. Donde más sufrimos fue en el plátano y los cítricos. Ahí sí tendremos que trabajar».

La preocupación con el plátano es más persistente. Solo de La Cuba salen cuatro mil quintales de banano al día a Ciudad de La Habana o Santiago de Cuba, como parte del balance nacional.

«Ahora estamos cosechando urgente —apunta Benito—. Todo el plátano caído hay que aprovecharlo. Lo otro en lo que trabajaremos será en la rehabilitación de las plantaciones donde sea posible. Si se demuelen los campos para sembrar nuevas posturas, como hicimos otras veces, nos complicaremos más. Hoy estamos tensos, pero dentro de nueve meses, con una buena atención a los cultivos, volveremos a tener las plantaciones».

Hora del «de pie»

No es la primera vez que ocurre. De acuerdo con los trabajadores más antiguos, los daños provocados por Ike son semejantes a los que ocasionó el huracán Kate en 1985 o La Tormenta del Siglo en 1993. «Hoy las pérdidas totales, tanto en el plátano como en otros cultivos, se estiman en 22,8 millones de pesos», apunta Carlos Blanco Sánchez, director general de la entidad.

Los números hablan por sí solos: en La Cuba se afectaron totalmente 750 mil quintales de plátano y 401 caballerías dedicadas a cultivar diversas variedades de la fruta.

El estimado es que la recuperación debe apreciarse entre los nueve y diez meses, aunque todos reconocen que los daños pudieron ser mayores si no se hubieran puesto a resguardo las casas de cultivo y las 23 máquinas de pivote central eléctricas.

«Lo más importante es que aquí existe experiencia de cómo enfrentar situaciones de este tipo —enfatiza Carlos Blanco—. La Cuba ha diversificado sus producciones y venta al turismo para sustentar lo destinado al consumo nacional, que este año debía sobrepasar los 800 mil quintales de plátano».

En un campo cercano a la cooperativa Paquito Rosales, Héctor Ruiz acomoda la punta de su machete en el muslo. A su alrededor las plantas están retorcidas. Hace calor, y un vapor húmedo y denso envuelve a las personas.

«Aquí no es la primera vez que los platanales se van al piso», comenta. «Cuando uno se levantó por la mañana y vio el desastre, cualquiera se asustó o le entraron ganas de llorar, pero no hay que coger miedo. Lo más importante es agarrar el machete y ponerse a trabajar. Eso no se lo puede llevar ningún viento. Póngale el cuño».

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