El huracán Ike ocasionó grandes daños al patrimonio arqueológico aborigen de Holguín

Autor:

Juventud Rebelde

El huracán Ike ocasionó considerables daños al patrimonio arqueológico aborigen holguinero. Uno de sus fondos más afectados resultó ser el Parque Monumento Nacional de Cayo BariayHOLGUÍN.— El último de los huracanes en lanzar sus garras de viento y destrucción sobre Cuba estremeció hasta lo más profundo los sedimentos de cinco siglos de historia. Al embestir Cayo Bariay, que semeja una mano abierta en las costas de la provincia de Holguín, los torbellinos de Ike se encarnizaron hasta con el sitio por donde se dice comenzó todo, y el mundo quedó dividido en dos.

Sin adentrarnos en la recurrente polémica de si lo que hubo aquel 24 de octubre de 1492 fue un «descubrimiento», o un verdadero «encontronazo» entre dos culturas, lo único cierto ahora es que una buena parte del patrimonio arqueológico aborigen del territorio holguinero ha sufrido daños de considerable magnitud, fundamentalmente por concepto del deterioro parcial o total de sus construcciones.

Por solo citar tres: la mayoría de las instalaciones que integraban el Parque Monumento Nacional Bariay, en el municipio de Rafael Freyre, así como las del Museo Cementerio Aborigen Chorro de Maíta y su Aldea Taína, ambas en Banes, quedaron prácticamente arrasadas. Similar destino corrieron el paisaje y los núcleos poblacionales que las rodean.

En estos lugares la recuperación también avanza de la mano de sus colectivos laborales. Pero en honor a la exactitud, será al menos como resultado de una obra de paciencia y mucho rigor.

Se trata de verdaderos templos en los cuales se logró socializar con envidiable armonía valores culturales, patrimoniales, arqueológicos, con los intereses comerciales de un servicio turístico único en el país.

Como para dar girtos

«Es como para ponerse a dar gritos. Lo que no tumbó el viento lo hicieron las palmas», fue la expresión con la cual Elena Guarch Rodríguez, directora del Departamento Centro Oriental de Arqueología, con sede en la delegación territorial del CITMA en Holguín, inició su exposición a JR acerca de los daños cuantificados.

Como uno de los emblemas más conocidos dentro y fuera de nuestro país, citó el Monumento Encuentro V Centenario, en Cayo Bariay, cuya autora, la escultora Caridad Ramos, internacionalizó con unas columnas románicas que, en forma de quilla de barco, se adentran en un semicírculo de ídolos aborígenes, todos de gigantescas proporciones.

«Las 15 esculturas aborígenes que componen el monumento sufrieron daños. Once de ellas fueron derribadas y yacen con fracturas, perforaciones o afectaciones estructurales en sus bases. Dos se destruyeron completamente. La parte superior del ídolo Bahibrama, por ejemplo, se desprendió a causa de los vientos y se desplazó unos 150 metros», precisó Elena.

A tono con su valor artístico, este monumento es uno de los que suele atrapar la mayor cantidad de público durante la celebración, cada octubre, de la tradicional Fiesta de la Cultura Iberoamericana, cuando Cayo Bariay se convierte en un hervidero de confraternización para los pueblos de habla hispana.

Otra de las instalaciones laceradas fue el diorama contentivo de la primera aldea descrita en el lugar por Cristóbal Colón. Las vigas de concreto que simulaban los horcones de madera del gigantesco «varentierra» fueron cercenadas con sorprendente precisión y se desplomaron sobre el sitio arqueológico, aunque por suerte sin producir modificaciones en el terreno.

En el lugar se combinaba la presencia de objetos y piezas artificiales con originales, hallados in situ, y reveladores de los hábitos culinarios y alimenticios de aquellos aborígenes pescadores que el Gran Almirante genovés logró ver de cerca, pero que huyeron despavoridos.

El resto de las estructuras del cayo, como la caballeriza, la aldea taína y el restaurante Colombo, también sufrieron perjuicios de consideración.

Pero la huella más sorprendente de la fuerza del mar en la bahía de Bariay, mientras pasaba Ike, es una especie de nueva playa que las olas crearon. «La boya que señalizaba el lugar donde Colón debió fondear La Niña, La Pinta y La Santa María, aún no ha aparecido», nos precisa Elena Guarch.

«La obligada curiosidad de los lectores por conocer sobre la magnitud de los daños en el internacionalmente conocido cementerio aborigen de Chorro de Maíta, enclavado en el Cerro de Yaguajay, muy cercano al balneario de Guardalavaca, pudiera tener tal vez una respuesta reconfortante: el museo fue el que sufrió menos, no así su casa administrativa, enclavada en uno de sus laterales, la cual quedó despojada completamente de su cubierta.

Ninguna de las osamentas humanas resultó dañada, y tanto las piezas arqueológicas como la documentación gráfica del lugar fueron evacuados hacia los lugares previstos.

Renacerá Maíta

De las 15 esculturas que componen el monumento, 11 de ellas yacen derribadas con fracturas,perforaciones o afectaciones estructurales en sus bases, y dos se destruyeron totalmente. Es largo el balance de pérdidas. Baste decir que la réplica de la aldea taína colindante con el Museo de Chorro de Maíta, virtualmente no existe. Pero por sobre los despojos de sus caneyes de guano y yaguas, se yerguen caprichosas las siluetas de sus «aborígenes estatuas». Danzan el areíto, fuman Cohíba, preparan casabe...

En su conjunto, cada uno de estos originales proyectos cristalizó en los años 90. Al calor de la investigación científica encabezada por el Doctor José Manuel Guarch del Monte, en 1991 se demostró que fue Bariay, y no otro, el lugar de Cuba por donde Cristóbal Colón llegó y aseveró que esta era «la tierra más hermosa». También, donde tuvo la certeza de que la tierra era redonda.

Por el momento, una evaluación pormenorizada sobre los perjuicios de Ike a estas instalaciones ha sido presentada tanto al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), como al del Turismo (MINTUR).

Si de espíritu de recuperación se trata, los trabajadores de ambos sectores han dado sobradas muestras de ello en todo el país. Y ya sabemos que no hay nada más cierto: «tras la tempestad, siempre hay que construir la calma».

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