El sistema eléctrico en Holguín está recuperado y en plena capacidad

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Poco menos de 90 clientes quedan sin el servicio en esa provincia nororiental luego del paso del devastador huracán IkeHOLGUÍN.— En el territorio de la provincia de Holguín ya quedan muy pocos espacios «sin luz». De aquella gran «oscuridad» que dejara a su paso el huracán Ike, hoy restan poco menos de 90 clientes sin el servicio, para un 99,97 por ciento de recuperación de la red total de distribución.

Día tras día, lo mismo en la ciudad que en algún intrincado paraje campestre, se escucha el rugido de un motor o una vivienda más vuelve a iluminarse. El impacto inmediato es disímil y jamás estéril. Puede estarse recobrando ora el riego de una plantación, ora el bullicio feliz de la muchachada al disfrutar nuevamente de la hora de «los muñequitos».

En tan solo diez días tras el paso devastador de Ike el 58 por ciento de la población holguinera ya tenía recuperado el servicio eléctrico. Al mes era ya el 96,4 por ciento. Hoy parece un milagro, pero no lo es: fue fruto directo del trabajo unido y creador de los trabajadores de la Organización Básica Eléctrica, cuya obra, entre otros calificativos, ha sido reconocida en tierra propia con calificativos de titánica, ejemplar.

Baste decir que el sistema eléctrico territorial colapsó. Tras unas 30 horas de la acción devastadora de los vientos las redes sufrieron interrupciones en todas las categorías de distribución. Se derrumbaron 46 torres de alta tensión, más de mil cien postes se dañaron totalmente y otros 200 recibieron afectaciones parciales.

Al mismo tiempo que la Central Termoeléctrica de Felton dejaba de generar al Sistema Electroenergético Nacional (SEN), quedaron inutilizados para el servicio más de 120 kilómetros de conductores y más de 130 transformadores se desplomaron al suelo. En el litoral gibareño, la casa de control del parque de generación eólica también recibiría daños debido a las profundas penetraciones del mar.

Un contingente conformado por linieros, especialistas, con su director provincial al frente, Rúbert Reynaldo, y una considerable cantidad de medios técnicos se encontraba incluso prestando ayuda solidaria en el municipio de Isla de la Juventud. Nunca antes el nororiental territorio se había enfrentado a un panorama ni siquiera parecido.

Escuela para audaces

Grandes destrozos ocasionó Ike en las redes eléctricas holguineras. Foto: Elder Leyva Almaguer/periódico Ahora Pero los trabajadores eléctricos holguineros jamás denotaron la más mínima pizca de incertidumbre o desconfianza en recuperar lo perdido. Como testigo del seguimiento puntual dado al tema por parte del Consejo de Defensa Provincial y tras compartir en varios sitios con los linieros, este redactor puede afirmar que lo que han irradiado en todo momento es una gran motivación por superar el reto.

El propio Rúbert Reynaldo, director de la empresa eléctrica aquí, reconoció recientemente que la experiencia ha sido una gran escuela para todo el personal. Tal vez la razón más elocuente sea la certeza de comprender que enfrentarían el mayor reto laboral en toda la historia de la provincia.

Una realidad inobjetable es que, en cuanto al orden de restablecimiento del servicio a los clientes, la prioridad la tuvo el sector residencial, precisamente el mayor y más complejo de recuperar.

De esta misma forma, la estrategia trazada por el órgano de dirección comprendió además el restablecimiento inmediato de aquellas empresas, entidades o sectores que por su objeto social resultan esenciales, como las instituciones de salud, las de producción y conservación de alimentos, en particular las industrias cárnicas y lácteas, independientemente de que estas contaban con grupos electrógenos a su disposición.

Aislada del Sistema Electroenergético Nacional, la existencia de la generación distribuida mediante grupos electrógenos no solo garantizó el suministro de energía a tales servicios básicos, sino que permitió acelerar la recuperación o crear condiciones más favorables para ello.

Son incontables lo ejemplos que se pusieron de manifiesto en toda la geografía holguinera en cuanto a la utilización, además, de las plantas de generación enclavadas en centros de producción, para abastecer a una parte de los lugareños.

Las positivas experiencias las pueden contar los gibareños que se beneficiaron circunstancialmente de la generación desde la Hilandería de Gibara, o los antillanos, del Molino de Harina Comandante Daniel.

Solo de esta forma, y poniendo en práctica las más creativas alternativas, algunos núcleos poblacionales tuvieron acceso por primera vez, después del ciclón, a las transmisiones de los medios de comunicación, al mismo tiempo que recibían las orientaciones de los consejos de defensa municipales.

En cuanto a la magnitud del trabajo de los linieros, baste decir que se enfrentaron a una experiencia inédita. Se trataba de «llegar» a todas las averías o afectaciones en un territorio con una superficie de 9 300 kilómetros cuadrados, una de las más extensas del país.

Nunca antes se había necesitado, en una magnitud como esta, la ayuda de fuerzas especializadas de otras provincias. Así, al auxilio de los holguineros, arribaron linieros de la Ciudad de La Habana, Sancti Spíritus y la vecina Granma.

En algunos sitios como Los Alfonsitos, en San Andrés, municipio de Holguín, un asentamiento rural con alrededor de 480 clientes, los «eléctricos» enfrentaron dificultades no vistas antes. En este sitio ha sido necesaria la reconstrucción total de las redes del poblado, incluyendo postes, transformadores y acometidas.

Otra experiencia singular la constituyó la recuperación de la línea Holguín, Velasco, montada sobre torres de acero y con una antigüedad que data de la existencia del central Chaparra, en el colindante territorio de Las Tunas.

Los vientos huracanados la inutilizaron de tal modo que, desde el punto de vista operacional del sistema, los especialistas de la OBE sugirieron que era necesario realizar un nuevo proyecto y por ende, un nuevo trazado de estas líneas.

Por primera vez

La colaboración de linieros y equipos de otras provincias ha sido fundamental para devolver «la luz» a los holguineros en el plazo más breve. En la reparación de la sección de Holguín, Guiteras se puso en práctica una tecnología novedosa para la entidad. Consistió en la sustitución de dos de las tradicionales torres Benetty en forma de T, de hormigón, por postes de madera.

Con una altura de entre 16 y 20 metros en dependencia de la topografía del terreno, cada una de las Benetty derribadas fue suplida por una pareja de postes con aisladores pedestales. Mientras tanto, fue necesario instalar un grupo electrógeno en el poblado gibareño de Velasco, uno de los más populosos.

Las labores demandaron, además, de un contingente de linieros espirituanos, de la contribución de fuerzas especializadas de las FAR, fundamentalmente en el desbroce del campo, la recogida de las estructuras metálicas derribadas, así como en la facilitación de técnica de transporte automotor para acceder a zonas inaccesibles en el recorrido de las líneas.

En la recuperación de esta dirección se sustituyeron las viejas torres metálicas por postes de hormigón, para las líneas de 33 KV de subtransmisión.

Otra vivencia diferente la tuvieron los habitantes de Moa, cuando por decisión del Consejo de Defensa Municipal, la industria del níquel facilitó el uso de sus circuitos para garantizar el servicio eléctrico a la población.

Al cierre de esta edición se conocía, además, que el nororiental territorio volvió también a la normalidad en cuanto al enlace de alto voltaje con el Sistema Electroenergético Nacional, el cual salió de servicio ante el derribo de torres y conductores en tres líneas de 220 000 voltios, así como en ocho de 110 000 voltios. Los protagonistas de este logro fueron los trabajadores de la Empresa de Construcciones Eléctricas de Holguín.

La combinación de todos estos factores se ha convertido en mejoras palpables al servicio eléctrico, con la ejecución de más de 2 089 acciones de rehabilitación, una cifra nunca antes ejecutada.

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