Jóvenes apoyan labores agrícolas en Ciego de Ávila

Autor:

Juventud Rebelde

Estudiantes universitarios de esta provincia central cubana brindan su aporte en la producción de alimentos CIEGO DE ÁVILA.— Las ampollas golpearon desde el primer día. «Aparecieron al poco rato de andar con la guataca», dice Yudisleidy Buchillón Rivero. «Molestan, pero una encuentra la forma de seguir».

Ella trabaja en un surco de pequeñas matas de aguacate con otra muchacha, Neudis Milián Álvarez. Esta última ha sido más afortunada. En cuatro días de trabajo no le ha aparecido ni una llaga en las manos.

«Es que una tiene su técnica», confiesa riéndose. Luego encoge los hombros: «Bueno, la verdad que una ha tenido un poco de suerte».

Neudis y Yudisleidy son estudiantes del primer año de Estudios Socioculturales en la Universidad de Ciego de Ávila (UNICA) Mayor General Máximo Gómez Báez. Las dos integran una brigada de 17 militantes movilizados en el campamento de la Empresa de Cultivos Varios La Cuba, uno de los dos que funcionan con fuerzas que garantiza la UJC en la provincia.

«¿Dónde están los otros?», les preguntamos. «Están por allá», explican. «En lo último del campo, pegados por aquel monte que ustedes ven por allá. Deben venir guataqueando de regreso».

El cielo está nublado. Un viento húmedo a veces sopla mientras se avanza por el campo, aunque es solo por un momento. Las hierbas permanecen impasibles, ocultando la tierra roja que aparece por completo en los ruedos de los aguacates.

«Este es el segundo grupo de estudiantes de la FEU que pasa por el campamento de La Cuba. Cada uno permanece una semana. El anterior fue de la carrera de Contabilidad, también de la UNICA, como parte de un proyecto que tenemos para apoyar la producción de alimentos», explica Michel Marrero Catillo, al frente de la esfera de Jóvenes Trabajadores y Combatientes en el Comité Provincial de la UJC.

Las voces de los muchachos avisan de su cercanía. Son mayoría las hembras. Visten pulóveres y gorras, y muchas tienen la camisa amarrada a la cintura. El guía de campo, un hombre de piel quemada y bigotes grises, les rectifica el tamaño del ruedo.

Carlos Blanco, director de la empresa, señala todo el campo de aguacates donde trabajan los muchachos. Explica que forma parte de 15 caballerías dedicadas a ese cultivo, dentro de un programa para el fomento de frutales.

«Esto era una idea de Alfredo Jordán, el fallecido ministro de la Agricultura», expresa. «El aguacate es un cultivo con un costo muy bajo. Por eso no hay justificación para que esté tan “alto”. ¿Cuál es la única razón? Que no hay. Por eso se debe aumentar la producción. De ahí la importancia del trabajo de estos muchachos».

Los estudiantes se agrupan a su alrededor. «Bueno, ¿y qué es lo más difícil aquí?», les pregunta. Y la respuesta viene como un coro: «¡Las ampollas!». Pero otros niegan. «Aquí lo más difícil son los mosquitos», dice un joven alto y delgado. «Se te pegan por la mañana cuando entras al campo. Luego se pierden un poco, pero no mucho: a cada ratico vuelven».

Por sus historias conocemos cómo los convocaron. Los dirigentes de la UJC y la FEU, y el decano de la Facultad llegaron al grupo y pidieron la disposición para una tarea importante. A la semana siguiente estaban en La Cuba.

Andy García Betancourt es el presidente de la FEU en la brigada. Es bajito y delgado, y viste con uno de los pantalones verde olivo con los que cumplió el Servicio Militar en las FAR.

«Los únicos del grupo que no vinieron son los que tenían problemas de salud. Dos muchachas estaban embarazadas, otra tiene un padecimiento en la columna vertebral y dos compañeros están de certificado médico. El resto vino para el campamento», apunta.

Una muchacha bajita y de rostro achinado, de la ciudad de Morón, se acomoda las gafas y cuenta: «Aquí el problema fue el primer día. Cuando dimos el primer guatacazo, al momento aparecieron las ampollas». «Y ahí empezaron a rajarse», los provocamos.

Enseguida se ponen serios. Otros se echan a reír y niegan con las manos. La muchachita de Morón muestra un tono arisco en sus ademanes y responde: «¡Aquí nadie se raja, periodista!».

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