La batalla de Guisa, conquista de lo imposible - Cuba

La batalla de Guisa, conquista de lo imposible

La gesta no solo fue una contundente victoria militar del Ejército Rebelde hace 50 años, sino que constituye una lección simbólica para los desafíos actuales de Cuba

Autor:

Juventud Rebelde

GUISA, Granma.— Aunque se ha repetido la historia, solemos pasar por alto varios detalles de aquella extraordinaria gesta que duró 11 días. Cuando hablamos de la batalla de Guisa —cuyo aniversario 50 celebramos ahora— acostumbramos a referirnos al botín de guerra capturado, a la audacia de Braulio Curuneaux (1) o la significativa superioridad enemiga.

Estas aristas son significativas, pero obviamos otras. Esa acción implicó, por ejemplo, que el Ejército Rebelde combatiera por primera vez de manera encarnizada al lado de una carretera asfaltada, un escenario bien diferente al monte de las lomas.

Además, constituyó la primera gran batalla a las puertas de una ciudad, Bayamo (la cual era sede del Puesto de Mando de Operaciones contra la Sierra Maestra), contó con la participación directa de mujeres y sus principales protagonistas fueron soldados bisoños.

Claro, el punto insoslayable es la estrategia aplicada por Fidel, quien con solo 180 hombres armados (2) inició la pelea y fue capaz de desarticular varios batallones adversarios.

 Otro Jigüe

Hacer una descripción de aquellos episodios en una página es casi imposible. Estos merecen, a todas luces, varios libros. No obstante, la esencia de la batalla puede resumirse en esta idea: el Comandante en Jefe no tuvo la intención de tomar la guarnición en primera instancia; su táctica era rodearla y que le sirviera de señuelo para cercar a otras tropas mayores que vinieran en su auxilio.

No en balde, en mensaje escrito el 26 de noviembre de 1958 a la emisora Radio Rebelde, decía: «Tenemos una fuerte línea de defensa entre Bayamo y Guisa, es como un Jigüe, pero a las puertas de Bayamo».

Recordemos que en la batalla de El Jigüe (11-21 de julio de 1958) se «desangraron» las tropas de refuerzo enviadas en auxilio de los integrantes del ejército batistiano cercados en ese intrincado sitio.

La batalla de Guisa comenzó, como conocemos, en la madrugada del 20 de noviembre con el sitio a la soldadesca de ese lugar. Horas más tarde, a un kilómetro del poblado, frente a Loma del Martillo, se redujo a la patrulla que custodiaba el ómnibus de pasajeros con rumbo a Bayamo y se tomaron 23 armas y sus municiones.

A partir de ahí el Puesto de Mando intentó el rescate con insistencia en los días sucesivos; pero las minas colocadas en lugares estratégicos (3), las emboscadas rebeldes y la fenomenal puntería de Braulio Curuneaux —apostado en la mencionada Loma del Martillo, con su ametralladora 30—, lo impidieron.

El ejército batistiano pretendió, incluso, el asesinato de Fidel: el día 23 vistió a un soldado de campesino para que matara al líder de la Revolución, quien entonces había instalado su puesto de mando en Santa Bárbara, a unos seis kilómetros de Guisa. Pero el espía fue capturado a unos 500 metros de la posición de la Comandancia, exactamente en la bodega de Juan Viltres.

Tal vez la jornada más cruenta fue la del 26 de noviembre, cuando llegó un batallón enemigo transportado por 14 camiones y dos tanquetas. La orientación de Fidel fue dejarlo penetrar hasta cerca del cuartel para dar la apariencia de una retirada guerrillera.

Sin embargo, los «casquitos» se vieron sorprendidos por el fuego de los insurgentes atrincherados a ambos lados de la carretera y por las detonaciones de las minas que hicieron volar un camión.

Sobre ese momento dijo el líder de la Revolución: «Se inició entonces uno de los más violentos combates que se han librado en la Sierra Maestra. Había quedado cercada no solo la guarnición de Guisa, sino también el batallón completo que vino de refuerzo».

El panorama se complicó con la incursión de los aviones enemigos B-26 y F-47. Pero, pese a ese apoyo aéreo, los «rescatadores» tuvieron que abandonar los camiones y buscar protección detrás de los blindados.

De esa misma noche data el famoso mensaje enviado por el Puesto de Mando de Bayamo a la capital del país: «Batalla de Guisa se considera decisiva y de perderse es casi seguro evacuación de Bayamo. Tenemos todo comprometido. Fidel Castro dirige personalmente sus tropas: es necesario el envío de refuerzos urgentes».

Ametralladora cantante

Justamente a la semana del inicio de las operaciones, el jueves 27 de noviembre, salió un refuerzo para rescatar al batallón cercado. Estaba compuesto por tres compañías, dos tanques Sherman y una batería de obuses de cuatro piezas.

Uno de esos blindados logró pasar por una zona minada porque los cables de los detonantes quedaron cortados por los disparos de la aviación. Ese día, sobre la una de la tarde, se produjo la más sensible baja rebelde: el capitán Braulio había caído abatido por los disparos de un tanque.

Fidel, en el mencionado mensaje a Radio Rebelde, había escrito sobre él: «Curuneaux hecho un león, ha abierto en un firme más de 200 trincheras. Picos y palas por la libre».

Este bravo luchador, nacido el 29 de marzo de 1929 en el central Soledad (Guantánamo) había sido sargento del Ejército pero empezó a desmarcarse de ese cuerpo desde las torturas aplicadas a los moncadistas, con las que jamás estuvo de acuerdo. Comprendió a tiempo de qué lado debía luchar hasta convertirse en uno de los más admirados oficiales entre los rebeldes. Fue él quien acuñó la frase histórica: «Por aquí no pasarán, Comandante». Se hizo famoso entre los suyos porque, diestro en el manejo de la ametralladora, la hacía «cantar».

Vale acotar que cerca de él combatieron cinco valerosas mujeres (4) del pelotón de Las Marianas, quienes merecen un reconocimiento eterno: Ana Bella Cuesta, Eva Rodríguez, Rita García, Angiolina Escalona y Flor Pérez.

El impacto de la muerte de Curuneaux fue momentáneo; el combate no aflojó. Sin embargo, en horas de la tarde el refuerzo lograba llevarse a los cercados y a una de las tanquetas. La otra quedó en manos de los guerrilleros, quienes se apoderaron también de los 14 camiones, 35 000 balas y numerosos fusiles.

Esa tanqueta, que ninguno sabía manejar, serviría para atacar el cuartel del poblado en la noche del 28.

«Para averiguar cómo disparaba aquel cañón hubo que de noche estar haciendo experimentos (...) hubo que poner a un compañero con un caballo blanco delante para ver si donde apuntaba aquel mecanismo por ahí iba el tubo del cañón» diría Fidel años más tarde.

Entre sus tripulantes estaban Edilberto Rodríguez, Rafael Moreno (5), Gonzalo Camejo y José Milián; también se alistó el jovencito Leopoldo Cintra Frías, quien fue herido un día después junto a dos compañeros por los disparos de dos bazucas adversarias.

Cintra sacó una ametralladora 30 del tanque y bajo una lluvia de fuego logró salvarla, acto que el Comandante en Jefe calificara de «inigualable heroísmo».

Seguidores de Calixto

¿Cómo los sitiados en Guisa lograron abandonar sus posiciones sin caer prisioneros?

Un regimiento fuertemente armado hizo un rodeo y parte de este entró a la localidad por el noroeste. La guarnición escapó entonces por la Loma de Graniche, el 30 de noviembre.

En esa fecha, a las nueve de la noche, Fidel y sus valientes subordinados entraban gloriosamente al poblado. Habían librado 22 acciones combativas contra unos diez destacamentos de refuerzo enviados desde la ciudad, armados hasta los calcañales. Siempre pelearon en una proporción de un rebelde armado contra 12 hombres altamente equipados.

Al escribir su parte de guerra el Jefe de la Revolución explicaba que se habían hecho más de 200 bajas al enemigo, entre muertos y heridos.

Además, escribía que se capturaron 130 granadas, 55 000 balas, 70 obuses de morteros, una bazuca, siete ametralladoras calibre 30 con trípode, cientos de mochilas, 14 camiones, víveres y medicinas, entre otros recursos.

Los rebeldes tuvieron poco más de 30 bajas, entre muertos y heridos. Sin embargo, lo más importante es que con esta victoria comenzaba la Operación Santiago, que pondría bajo el mando directo del Comandante en Jefe a las fuerzas del I y III Frentes, y más tarde del II Frente.

Vale añadir que con este triunfo el Puesto de Mando de Bayamo, ya totalmente desmoralizado, quedaba casi aislado en la retaguardia de la ofensiva rebelde hacia el este.

Y otro aspecto sobresaliente: con este éxito se dio continuidad a una bella tradición guerrera. Sería imperdonable olvidar que, 61 años antes de esa batalla, Calixto García y sus tropas tomaron Guisa.

En esa ocasión el general libertador atacó el poblado durante 40 horas para entrar triunfante el 29 de noviembre de 1897. Después repelió las fuerzas enviadas desde Bayamo durante varios días, hasta el 6 de diciembre. En su parte de guerra Fidel esbozó esa hermosa coincidencia.

Pero Guisa siguió haciendo historia: el 20 de enero de 1981, mientras tomaba posesión en Estados Unidos uno de los presidentes más fascistas de aquel país, en ese pintoresco lugar Fidel creaba las Milicias de Tropas Territoriales. En el emotivo acto el líder recordaría aquellas acciones de 1958.

En febrero de 1999, el General de Ejército Raúl Castro y más de 30 oficiales, entre generales y coroneles, visitarían el poblado después de un taller científico para evocar la victoria, digna de un riguroso estudio militar.

Un año y meses más tarde, el 25 de noviembre de 2000, Fidel presidiría una imborrable Tribuna Abierta de la Revolución, en la que se referiría nuevamente a esa victoria.

«La batalla de Guisa fue uno de los hechos que demostraron que nada era imposible para el pequeño ejército que, con solo siete armas, renació del durísimo revés con que tres días después del desembarco del Granma pagó su inicial inexperiencia, señaló en esa ocasión.

Y al final de su intervención expuso palabras que guardan toda su vigencia y fuerza: «Nadie sabe lo que nuestro pueblo, cada vez más unido, más culto y más fuerte, es capaz de alcanzar. No descansaremos en nuestra heroica y digna lucha. Cumpliremos todos los objetivos que juramos en Baraguá. Ganaremos la épica batalla de ideas. Como en Guisa, demostraremos muchas veces que nada es imposible».

(1) Aunque tradicionalmente se ha escrito Coroneaux, el investigador Ernesto Pérez Shelton, autor de No pasarán Comandante. Semblanza de Braulio Curuneaux (2006), demuestra en ese libro que el apellido correcto del héroe es Curuneaux.

(2) Para la batalla se encontraban listos unos 1 000 hombres desarmados, procedentes de la Escuela de Reclutas de Minas de Frío. Al arrebatarles las armas al enemigo decenas de ellos se incorporarían después a la acción.

(3) La sección de minas y explosivos, liderada por Miguel Calvo, tuvo un papel importante en la batalla. Uno de esos artefactos logró volcar un tanque y ponerlo «patas arrriba» el día 20. Otros camiones también volaron por el efecto de las minas.

(4) Unas 20 mujeres participaron en la acción. Algunas hicieron de cocineras, enfermeras o mensajeras.

(5) Cayó en combate en esa acción. Camejo y Milián resultaron heridos.

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