La llama pedagógica de Cuba - Cuba

La llama pedagógica de Cuba

Autor:

Margarita Barrios

La obra de humanismo y solidaridad impulsada por la Isla en los últimos 50 años se alimentó de una singular experiencia pedagógica con marcado carácter revolucionario e internacionalista

«Anoche no podía dormir. Tenía tantos deseos de que saliera el sol bien rápido para ver la Ciudad de La Habana. Han pasado 27 años y ansiaba volver a ver sus calles, sus gentes, estar de nuevo aquí, en el ISPJAE, son tantos los recuerdos».

Nguyen Thanh Ha se graduó de ingeniero civil en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE) en 1973. En diciembre de 2001, para un encuentro de graduados extranjeros, volvió a Cuba. Aquel día estaba muy emocionado, y en conversación con JR aseguró que aquí se sentía «como en casa».

«Cuando llegué a Cuba, en 1967, tuve muchas dificultades con el idioma, sobre todo por las palabras técnicas que necesitaba conocer para entender los estudios. Sin embargo, nunca me faltó el apoyo; tengo muy gratos recuerdos de mis compañeros de curso, de los trabajadores cubanos.

«Vietnam necesitaba mucho de ingenieros, por eso desde que regresé, he trabajado duro en mi profesión. Siempre tengo presente el agradecimiento para Cuba que me formó, y me ayudó a mí y a mi país».

No solo miles de maestros cubanos han brindado cooperación en otras tierras, sino que nuestro país ha mantenido también su actitud solidaria con los países del Tercer Mundo formando aquí técnicos y profesionales, llegando incluso, en los años 80, a ser el país con más alto per cápita de becarios extranjeros.

Se han establecido para ello diferentes vías de cooperación. Hoy se destaca la aplicación del Plan Integral de Salud y, como parte del mismo, la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Igualmente, en septiembre de 2000, se crea la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, y se continúa el plan de becas dirigido a carreras técnicas, económicas y humanísticas.

Jorge González Corona, asesor del MINED, recordó que cerca de 50 000 jóvenes de otros países han cursado estudios en Cuba. «Un momento importante fue el plan de la Isla de la Juventud. Allí cursaron estudios más de 20 000 muchachos de 30 países, fundamentalmente de África.

«Aquel fue un proyecto que se realizó con absoluto respeto a la identidad nacional de esos estudiantes, para que no perdieran sus raíces.

«Luego de cursar estudios regresaron a sus países, porque el objetivo es que sean más útiles a sus pueblos. Nosotros no nos sumamos al robo de cerebros, y hoy muchos de ellos tienen cargos importantes, incluso algunos han regresado como embajadores de sus gobiernos.

«Esto también se extiende a los profesionales, pues vienen muchos a realizar estudios de maestrías y doctorados con tutores cubanos.

«Los que tuvimos ocasión de trabajar con ellos, o de cumplir alguna misión internacionalista, nos hemos enriquecido como seres humanos, porque no es solo sentirte útil, tener la satisfacción de ayudar, sino que científicamente, profesionalmente también se aprende con ese intercambio directo con otras culturas».

Pedagogía martiana

«La escuela cubana es capaz de incentivar, desde edades tempranas, valores elementales para el ser humano, entre ellos la solidaridad. El internacionalismo es una acción que se desprende de ese sentimiento que propicia determinadas formas de pensar y valorar el mundo».

Así reflexiona la doctora Lidia Turner, presidenta de honor de la Asociación de Pedagogos de Cuba, cuando recuerda a aquellos maestros, algunos aún estudiantes, que fueron a impartir clases a Nicaragua o Angola, por los años 70.

«Los maestros fueron pioneros en esas acciones y lo hacían con total desprendimiento, incluso exponiendo su vida, no solo por lo complejo de la situación medioambiental, lo intrincado de los lugares adonde acudieron, sino porque eran países en guerra».

Para esta prestigiosa mujer, profesora de varias generaciones y formadora de maestros, la pedagogía cubana nacida con la Revolución tiene su guía en el ideario martiano.

«La pedagogía cubana tiene una tradición, que comienza con Félix Varela, José de la Luz y Caballero, y José Martí, que fue la síntesis. Ellos incluso trascendieron el ámbito nacional.

«Puedo decirte que hay una característica que marca nuestra manera de enseñar que, aunque ha sido muy polémica, porque pienso que en muchos casos no hemos sabido llevarla bien a la práctica, es fundamental, y es el vínculo del estudio con el trabajo.

«No es la escuela al campo, sino esa relación entre el trabajo manual y el intelectual, que Martí decía era fundamental en la formación del hombre. Eso lo hemos logrado mejor en la Educación Superior, por ejemplo con los médicos y los profesores.

«También esa concepción cubana de que el maestro no es el único responsable del proceso educativo, sino que es necesario el vínculo entre escuela, familia y comunidad. Ese es también un principio martiano, y nosotros hemos logrado esa relación con todos los factores de la sociedad, incluyendo las organizaciones estudiantiles».

Lidia sostiene que la vocación internacionalista de los educadores cubanos está influida por el carácter criollo, extrovertido, alegre, comunicativo, sin embargo, no es lo decisivo.

«De hecho hay otros pueblos con iguales características que no son capaces de tener iguales actitudes. Y no hablamos de un caso aislado, hablamos de un pueblo, ese es sin dudas el resultado de un fundamento pedagógico».

Vocación de enseñar

Para Petronila la vida cambió de color. Luego de más de cinco décadas, sin derecho a conocer las letras, ella ha encontrado el camino del saber. «No es que ya esté todo hecho», dice sin pena. Ella sabe que le queda mucho por aprender, pero se ha abierto una ventana que por muchos años estuvo cerrada.

Petronila Quispé es una de las tantas bolivianas que han aprendido a leer y escribir gracias al método cubano «Yo, sí puedo».

Igual suerte tuvo Marilú Soza, una joven invidente de 26 años que, en Venezuela, aprendió la magia de las letras a través del programa cubano llevado al sistema braille.

«A mí se me había hecho muy difícil estudiar. Ahora, gracias al método cubano ya estoy alfabetizada, y además estoy tratando de alcanzar el sexto grado. Y no me detendré hasta llegar al bachillerato, y quien quita que a la Universidad».

El analfabetismo lacera los derechos de los pueblos, dificulta toda acción de desarrollo, y es insalvable debido a la falta de voluntad política de los gobiernos y las situaciones sociales, económicas y políticas que causan este fenómeno.

Según datos de la UNESCO hay 774 millones de iletrados en el mundo, mientras 72 millones de niños no acuden a la escuela. La misma fuente revela que 140 millones de personas mueren víctimas de la pobreza, y faltan 30 millones de maestros.

Como van las cosas, la humanidad no podrá cumplir con las metas trazadas para el Decenio de Naciones Unidas para la Alfabetización 2003-2012, a pesar de todas las iniciativas y compromisos adoptados por los gobiernos, los jefes de Estado y los ministros de Educación en diversas cumbres y reuniones internacionales.

Jorge González Corona, asesor del MINED, significó que cerca de 3 600 000 latinoamericanos se han alfabetizado con la utilización del método cubano, y actualmente reciben clases más de 385 000 personas en 24 países.

El método fue creado por la Cátedra de Alfabetización y Educación para Jóvenes y Adultos del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC). Sus especialistas, a partir de las experiencias de las campañas de alfabetización realizadas en Cuba, Nicaragua y Haití con la participación de cubanos, idearon este nuevo sistema, que tiene como centro la utilización del video.

«En Boyá, un pueblecito de la provincia dominicana de Monte Plata, conocí a una jovencita embarazada. Ella me dijo: “Quiero aprender a leer y escribir para cuando nazca mi hijo; ese es el regalo que quiero hacerle”.»

Esta es una de las tantas vivencias que atesora la doctora Aida Terrero Laffita, especialista del IPLAC, que llegó en septiembre de 2005 a República Dominicana.

«Es muy emocionante, por ejemplo, ver a ancianos que pueden escribir por primera vez su nombre. Recuerdo a un señor de 87 años que me dijo: “Ya me puedo morir, ya sé firmar”.

«Una cosa es teorizar y otra interactuar, porque yo nací en un país alfabetizado. Ahora pudo constatar lo que significa para una persona no saber leer y escribir, y presenciar que cuando lo logra, es como si volviera a nacer.

«Este trabajo te ofrece la oportunidad de crecerte como profesional, ser humano y revolucionario. Se reafirma tu identidad, y la enriqueces, y te sientes orgulloso de la historia y la tradición de tu Patria».

Reconocido por organismos internacionales, incluso con el importante Premio Rey Sejong, que otorga la UNESCO, el «Yo, sí puedo», es sin dudas una contribución al empeño por eliminar ese terrible flagelo que lacera a muchos países.

En ocasión de la entrega del premio, en noviembre de 2006, Herman van Hoolf, representante de la UNESCO en Cuba, dijo a JR: «El método fue examinado en una sesión del Consejo Ejecutivo de nuestra organización, donde claramente fue reconocido como un sistema válido, significativo y exitoso.

«Siempre Cuba realiza contribuciones sobresalientes a los programas que propone nuestra organización, y tiene plena capacidad para responder a nuevas visiones y conceptos».

Encuentro de educadores

En 1986 se realizó el I Congreso de Pedagogía. El interés de los educadores por este tipo de encuentro, el más amplio que se desarrolla en la región, lo ha sistematizado bianualmente, y son miles los que acuden a cada una de sus citas.

«Se han reunido hasta 6 000 educadores en uno de estos congresos, con sus problemas, sus ideas pedagógicas, y ha sido para nosotros un evento de una significación política enorme, para conocernos, para evaluar lo que hemos hecho, tomar de los otros y colaborar entre todos», expresó Justo Chávez, investigador del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas (ICCP).

«Yo he llamado a estos congresos el laboratorio que ha permitido tomarle el pulso a la Pedagogía, con una muestra alta del latir de las problemáticas sociales, y de las teorías educativas que cada uno tiene.

«Han sido un hito importante para el intercambio, y en el próximo enero realizaremos el número 11. Los cubanos también aprendemos muchísimo de las soluciones que dan, porque los propios problemas sociales los hacen adoptar pasos muy importantes para consolidar los productos educativos».

En ocasión del Congreso Pedagogía 2007, José Juan Ortiz, representante de UNICEF en Cuba, calificó el encuentro como la principal reunión de profesores a nivel mundial.

«Es indudable la calidad de la protección y el trabajo con la infancia que ha hecho históricamente Cuba, desde el principio de la Revolución. En los indicadores de educación y salud que publica cada año UNICEF, ustedes son equiparables e incluso mejores que algunos países muy desarrollados».

Empezar temprano

El 10 de abril de 1961 se inauguraron los primeros tres círculos infantiles. Ese fue uno de los programas sociales más abarcadores realizados por la Revolución, el cual tenía como objetivo garantizar la incorporación de la mujer al trabajo.

Sin embargo, la falta de recursos, el período especial y el bloqueo económico no permitieron continuar este programa. Hoy solo el 30 por ciento de los niños en edad preescolar pueden asistir a estas instituciones. En busca de alternativas, para que todos recibieran atención, el ICCP realizó una investigación que duró más de una década. En 1992 comienza a aplicarse el programa comunitario Educa a tu hijo, que hoy permite que el 99,5 por ciento de los niños en esas edades reciban atención previa a su entrada a la escuela.

Ese resultado, netamente cubano, fue declarado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) como un programa de éxito y replicable en la región latinoamericana.

«El programa cubano Educa a tu hijo tiene la virtud de que involucra a la familia en la atención del niño en las edades tempranas. Los padres suelen dejar esa gestión solo en manos del educador, y ese es un gran error».

Así lo valoró Selma Sismostein, presidenta de la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP), cuando en el 2005 anunciaba que Cuba sería sede del primer seminario que esa organización realizaría en un país latinoamericano.

Justo Chávez, investigador titular del ICCP, refirió que el Educa a tu hijo trascendió nuestras fronteras y se aplica con éxito en varios países latinoamericanos, entre ellos Venezuela, Perú, México, Ecuador, Brasil y Guatemala.

«Cada cual lo ha contextualizado y adaptado a sus condiciones objetivas, incluso en comunidades indígenas, pero no pierde su esencia de trabajar con los niños, la familia y la comunidad».

Inconformidad para el desarrollo

En el año 2000 se realizó el Foro Mundial sobre Educación, en Dakar, Senegal. Allí se trazaron metas que Cuba había vencido hacía mucho tiempo. Entre ellas, alfabetización y educación básica para todos.

Coincidentemente, los cubanos iniciamos una revolución educacional aquel año. Elevar la calidad de las clases, la utilización de las nuevas tecnologías en la educación y revisar cuánto podía mejorar el acceso y la equidad de la enseñanza. El paradigma: alcanzar una cultura general integral en toda la población.

La nueva figura del Profesor General Integral (PGI) al frente de grupos de 20 alumnos en la Primaria y 15 en la Secundaria, la creación de escuelas de Instructores de Arte, el Curso de Superación Integral para Jóvenes y el programa de los Trabajadores Sociales fueron algunos de los principales aportes.

Hoy el país tiene una matrícula de 1 400 000 niños en las enseñanzas Primaria y Media, y en la Media Superior supera los 600 000. Las escuelas llegan a los lugares más intrincados, y de las más de 9 000, 6 000 son rurales y 204 abren sus puertas cada día para atender a un solo niño. Además Cuba tiene la mayor relación de maestros per cápita del mundo; uno por cada 36,8 habitantes.

De manera excepcional Juventud Rebelde presenció la experiencia de la llegada de las celdas fotovoltaicas y, con ellas, la televisión y el video a una pequeña escuela multígrada ubicada en el Plan Turquino en la provincia de Pinar del Río.

Era marzo de 2001 y, luego de un camino difícil, tuvimos ante nosotros la escuela primaria Reinaldo Boris Luis Santa Coloma, donde un grupo de pioneros nos esperaban expectantes. Al frente, Lucio Concepción, el maestro, quien, con lágrimas en los ojos, confesaba que este día sería inolvidable.

«Para los muchachos y la comunidad completa es muy importante tener acceso a la televisión. A mí en particular me ayuda para las clases, es un salto muy grande. Un regalo para todos», declaraba.

Otro de los programas que revolucionó desde los cimientos fue la creación de las Sedes Universitarias Municipales (SUM) con lo cual se amplió el acceso a la Educación Superior.

La Universidad, que salió de sus muros, cuenta con la matrícula más alta de la historia: 750 000 estudiantes. De ellos, reciben clases en las 3 150 SUM más de 600 000.

Para Dimas Hernández Gutiérrez, director de Universalización del Ministerio de Educación Superior, la nueva Universidad cubana se está gestando. «Lo que hacemos en las sedes municipales está modificando la Universidad, con un sistema en el cual el alumno es el principal encargado de su aprendizaje.

«Esta nueva Universidad se preocupa por estar más cerca de la sociedad. Hasta ahora solo incidíamos en los grandes problemas de investigación de la ciencia y la técnica. Sin embargo, hay un cúmulo de situaciones del ciudadano medio, que vive en el barrio, de las cuales no nos ocupábamos, y nadie acompañaba, de manera científica, la gestión del gobierno.

«Esta es una nueva etapa en que nos insertamos en el desarrollo local de manera sostenible, en los recursos humanos, a partir del banco de problemas que tiene ese gobierno —ya sean sociales, de medio ambiente, de la agricultura o de la recogida de los desechos— y procuramos movilizar a los profesionales e integrarlos a un proyecto».

—También debe ser preocupación de la nueva Universidad la superación de los profesionales.

—Así es. El país ha graduado a muchos profesionales, sin embargo, había un segmento importante de ellos que no se superaba. Las SUM facilitan el acceso a estos estudios, porque se acerca la Universidad al centro de trabajo o estudios.

«El pasado curso escolar el 80 por ciento de los graduados universitarios del país, que suman más de 800 000, pasó algún tipo de estudios del cuarto nivel de enseñanza. Podemos asegurar que el posgrado está en su mejor momento».

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