La Batalla de Santa Clara demostró con creces el genio militar del Che

Igualmente ratificó el coraje y la valentía de los miembros del Ejército Rebelde

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SANTA CLARA.— La ciudad se fue a dormir sobresaltada, presintiendo lo que se le venía encima por los trascendidos de los combates cercanos, mientras la Columna Ocho Ciro Redondo, bajo el mando del Comandante Ernesto Che Guevara, enrumbaba hacia la urbe desde Placetas.

La dictadura lo esperaba por la Carretera Central, pero el Che utilizó una vereda para llegar a la Universidad Central de Las Villas, a unos diez kilómetros del corazón de la ciudad, lo que le permitió burlar la posible emboscada de la soldadesca de la tiranía.

En la madrugada del 28 de diciembre de 1958 llegaron los rebeldes allí y, en pocas horas, la ciudad surgía ante sus ojos en medio de la bruma mañanera.

A partir de ese momento los acontecimientos se desarrollaron vertiginosamente. En la ciudad se escuchó, desde la carretera de Camajuaní, el tronar de los disparos que anunciaron el inicio de las hostilidades.

El cerco se cierra

A la Batalla de Santa Clara la antecedió una ofensiva que abarcó desde el 15 de diciembre hasta el 1ro. de enero, caracterizada por acciones continuas emprendidas por el Ejército Rebelde con combate de posiciones, sin perder la movilidad y creatividad de la guerrilla.

Luego de la toma de Fomento la ofensiva se extendió desde la Carretera Central hasta zonas de Sancti Spíritus, y por el norte Caibarién, Remedios, Camajuaní...

Como resultado, aproximadamente en 12 días las tropas de la tiranía perdieron en los enfrentamientos más de 40 posiciones situadas en 17 poblados, entre cuarteles y puestos de la Guardia Rural, Policía y la Marina. El Ejército Rebelde capturó unos 800 prisioneros.

El golpe final

Se creó un anillo alrededor de la capital provincial que impedía la llegada de refuerzos. Por la vía a Manicaragua era imposible, porque el Escambray estaba dominado por rebeldes. Desde la Carretera Central tampoco, pues Placetas había sido liberada e interrumpido el tráfico de vehículos con la destrucción del Puente de Falcón; y la tropa de Víctor Bordón operaba en la zona de Santo Domingo.

El enclave militar de Santa Clara era uno de los más importantes del país. Las tropas de la tiranía las componían más de 3 000 soldados, diez tanques y 12 tanquetas T-17 y un efectivo apoyo de aviones modelos B-26, F-47, T-33 y Seafury, con base en el campamento militar de Columbia y en Camagüey.

El mando militar estaba a cargo del coronel Joaquín Casillas Lumpuy, el asesino del líder azucarero Jesús Menéndez, quien para resistir optó por concentrar los efectivos en los cuarteles y otras posiciones.

El Comandante Ernesto Che Guevara, de manera magistral, aprovechó esta táctica equivocada de aislar unas fuerzas de otras y de no defender los accesos a la ciudad, para desencadenar una insurrección popular.

Entre bombas y tiros

La primera victoria, la toma del Tren Blindado, fue decisiva para el ulterior desenlace bélico, porque les proporcionó armas a los rebeldes, que eran unos 400 y contaban solo con viejos modelos de armas de infantería, algunas ametralladoras pesadas con escaso parque y carecían de artillería.

La toma del Tren Blindado fue decisiva para el ulterior desenlace bélico, porque les proporcionó armas a los rebeldes. Foto de archivo El día 29 el capitán Ramón Pardo Guerra (Guile), de la Columna Ocho Ciro Redondo, comandó la operación de toma del convoy militar. El enfrentamiento tuvo lugar luego que fue descarrilado el tren, debido al levantamiento de un tramo de la vía férrea.

Uno de los sitios, donde más intensamente hubo combates, resultó el cuartel del Escuadrón 31 de la Guardia Rural. La misión de tomar este reducto batistiano, que contaba con cerca de 250 soldados, dos tanques e igual cantidad de tanquetas, correspondió a los hombres del Directorio Revolucionario al mando del capitán Raúl Nieves Mestre.

Junto a otros combatientes, Guillermo Anido atacó el Cuartel 31 y evitó la entrada de provisiones a esa instalación militar. Guillermo Anido (El Búho) desanda su entrañable ciudad todos los días con su modestia proverbial a cuestas, que en nada denota aquel hombre audaz y de acción que fusil en mano se batió en las calles de esta ciudad.

A la Casa de los Combatientes, donde suele estar, fuimos a su encuentro para provocarle los recuerdos de su difícil misión durante la batalla, que consistía en impedir la utilización de blindados.

Cuenta Anido, participante en la toma del Cuartel 31, que la instalación militar tenía la característica de estar ubicada al frente de una gran explanada, lo cual favorecía la visibilidad desde el cuartel. Ello trajo como consecuencia que los rebeldes sufrieran dos bajas, por la efectividad de los francotiradores.

«El combate se inició el día 28, y en la mañana del 31 el cuartel estaba completamente rodeado. Fueron cuatro días de enfrentamientos permanentes, en los que fue necesario evitar la entrada de refuerzos y abastecimientos.

«Fui uno de los encargados de actuar en la retaguardia, para impedir la entrada de provisiones al interior del cuartel. Justamente, al enfrentarnos a los primeros intentos de la soldadesca, el día 28, perdió la vida el combatiente Roberto Fleites, quien arremetió solo contra una tanqueta», recuerda Anido.

—¿Cómo atacaron?

—Utilizamos cocteles Molotov, que se les tiraban a los guardias desde los techos de algunas casas, y se hacían barricadas. La táctica dio resultado, porque debido al tenaz enfrentamiento que les hicimos, desistieron. Poco a poco los soldados que se encontraban atrincherados en aquel reducto militar fueron desmoronándose. Ya no tenían entrada de agua, de comida, de armas, ni de ningún otro tipo de recurso.

En la punta de la loma

Todavía hoy Roberto Eng Naranjo se estremece cuando recuerda la caída del capitán Roberto Rodríguez, El Vaquerito, jefe del Pelotón suicida. Todavía hoy Roberto Eng Naranjo se estremece cuando recuerda la caída del capitán Roberto Rodríguez, El Vaquerito, jefe del Pelotón suicida.

«El día 28 entramos a Santa Clara y, al llegar la noche, El Vaquerito divide la tropa en dos partes para avanzar hacia la estación de Policía. El grupo a su mando avanzaría por la calle San Pablo, una de las más difíciles, para atacar la Jefatura, que estaba situada en la punta de una loma.

«Cuando El Vaquerito se da cuenta que no puede penetrar directamente, comienza a romper las paredes de algunas casas cercanas a la Estación para iniciar el ametrallamiento.

«Por la tarde del día 30 llegó la noticia que lo habían herido, cuando se encontraba a unos 50 metros de la Jefatura de Policía».

De súbito enmudece y en su rostro brota la tristeza que le sale también en las palabras: «Cuando supimos que lo habían matado, nos dejó un vacío. ¡Qué momento más amargo!».

—¿Se paró el combate?

—Fue una cosa momentánea. Pero de inmediato reaccionamos de tal manera que en la tarde del 31 la Estación de Policía se rindió. En ese lugar estaba atrincherada toda la escoria de la dictadura batistiana en la ciudad.

Muere el asesino

Otro escenario de los combates fue el Gobierno Provincial, actual Biblioteca Martí. Allí se atrincheraron 30 soldados que fueron desalojados por las tropas al mando del capitán Alfonso Zayas, mientras en el Gran Hotel, ahora Santa Clara Libre, alrededor de 12 hombres del Servicio de Inteligencia Militar del Ejército de la tiranía fueron derrotados por el pelotón dirigido por el teniente Alberto Fernández Montes de Oca. El capitán Rogelio Acevedo, con una treintena de hombres, redujo la resistencia de la cárcel, el día 30, y la del Palacio de Justicia el día 1ro.

Perdidas todas las posiciones de la ciudad quedaba solo el Regimiento Leoncio Vidal, la tercera fortaleza del país, que definitivamente se rindió el día primero.

El jefe del enclave, coronel Casillas Lumpuy, comunicó a Batista, a las diez de la noche del día 31, que la batalla de Santa Clara estaba perdida. En las horas posteriores abandonó el regimiento para tratar de escapar, pero lo capturaron en la zona de Santo Domingo. Luego resultó muerto en el Regimiento, cuando intentó huir.

La genialidad del Che

La táctica del Che consistió en aprovechar hasta el más mínimo fallo de un ejército desmoralizado, corrupto, huidizo para el combate y presto siempre a masacrar a los indefensos.

Sin defensa, prácticamente, en la zona periférica, Che ordenó el avance a los rebeldes hacia el interior de la ciudad para rodear a las fuerzas enemigas en los cuarteles y otras posiciones; llevó el asalto al nivel de insurrección popular y empleó la propaganda como arma fundamental para desmoralizar a las fuerzas que iba a atacar. La aplicaba mediante volantes y altoparlantes.

Durante los cuatro días de la batalla muchísimas personas les abrieron sus casas a los combatientes rebeldes, a quienes también ofrecieron alimentos y medicinas, y les permitieron romper paredes para facilitarles el avance hacia algunos sitios estratégicos.

Para limitar la utilización de los blindados, un verdadero dolor de cabeza, se levantaron barricadas, conformadas con equipos pesados, y se tendieron emboscadas desde las que se lanzaban cocteles Molotov. La acción de la aviación fue neutralizada con la orden a las tropas de pegarse lo más posible a las posiciones enemigas y así reducir la efectividad del ataque aéreo.

La estrategia del Comandante Guevara, que supo imprimirle una gran dinámica a la operación ofensiva, y el coraje desplegado por el Ejército Rebelde, lograron el triunfo, a pesar de la superioridad del enemigo en medios técnicos y hombres. Porque los esbirros, propiamente, no se rindieron, fueron vencidos.

(Para la realización de este reportaje utilizamos también como fuente el trabajo Reconstrucción histórico-militar de la Batalla de Santa Clara, del historiador Alfredo Pérez Carratalá.)

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