Isla que queda y se lleva - Cuba

Isla que queda y se lleva

Autor:

Juventud Rebelde

Los dolores del desastre ocasionado por los huracanes pasarán, pero difícilmente puedan borrarse las huellas de sensibilidad y sacrificio de los jóvenes que ayudaron a los habitantes de este territorio cubano a sobreponerseNUEVA GERONA.— Yurisleidis es una bebé de pocos meses de nacida. Su llegada al mundo ocurrió cuando su papá, Félix Alberto Hurtado, estaba lejos de su natal Santa Clara, porque ayuda a levantar una isla cuya geografía quedó devastada por la furia de los ciclones Gustav y Ike.

Aunque el estado de gestación de Yanelis Rodríguez, esposa de Félix, tornero en la fábrica INPUT Primero de Mayo de esa provincia central, hizo que él titubeara al principio, cuando le explicaron las razones por las que se le convocaba, como a otros jóvenes cubanos, respondió positivamente.

«Solo pedí estar allí cuando naciera mi hija, dijo. Seis meses alejado de casa era mucho tiempo. Conocía la situación crítica de la Isla de la Juventud y los compañeros que nos atendieron en la capital me comprendieron y accedieron. A los tres meses de estar aquí se le presentó el parto a mi mujer y salí con una semana de antelación; diez días después regresé a continuar mi tarea».

«Lloré de alegría cuando las vi. La experiencia de ser padre es tan indescriptible que no le puedo explicar. Solo le puedo decir que el regreso fue muy doloroso, pero el deber se impone y de seguro en el futuro, cuando la niña sea más grande y escuche esta parte de mi historia, se sentirá orgullosa de su papá. Por ahora me contento con mirar todas las noches las fotos que traje de casa, y cuando hablo por teléfono mi suegra hace lo posible porque la niña gorjee. Al escucharla por la línea se me aprieta el pecho, pero sé que está muy bien cuidada».

El espíritu de estos jóvenes que ayudan en las tareas de la recuperación es el mismo de aquellos que hace más de 30 años vinieron de todas las provincias del país a recuperar lo perdido y avanzar mucho más tras el paso devastador del huracán Alma (1966), declaró a JR Maday Iglesias, miembro del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, durante una visita al municipio especial.

«Lo que estamos haciendo nos identifica como organización de vanguardia. La mayoría de ellos son militantes de la UJC y representan la continuidad histórica de la Revolución y la confianza en el futuro. Los hemos visto crecer. Los que llegamos aquí en septiembre fuimos testigos del panorama que dejó Gustav a su paso por la Isla, y hoy al observar los campos pineros reconocemos el esfuerzo y dedicación de estos jóvenes», precisó.

Compromiso Versus Morriña

Esta columna, de 140 muchachos y muchachas de toda Cuba, incluyendo una brigada local, han aportado más de mil horas de trabajo voluntario y 50 donaciones de sangre. Otro columnista, Obismel Colina Alba, trabaja como ingeniero eléctrico de ENERGOIMPORT, en Ciudad de La Habana, y extraña a los suyos y su trabajo; sin embargo la Isla de la Juventud despertó en él otros sentimientos.

«Cuando llegamos aquí la Isla estaba totalmente destruida, sin electricidad, las casas sin techos y muchas en el piso. La imagen de este territorio en la actualidad es muy diferente, y saber que nuestro esfuerzo ha contribuido a ello me llena de satisfacción».

«Durante el pase de fin año llegué a mi centro de trabajo y mis compañeros me recibieron como si fuera un héroe. Se sienten orgullosos de mí por lo que hago, aunque añoran mi presencia en el colectivo. Lo mismo me dicen mis padres, pero yo no regreso hasta que termine mi misión».

Desde el municipio de Santo Domingo, en Las Villas, Yusniel Rodríguez refirió lo difícil que le resultó el cambio de actividad. Él trabaja como informático en la Dirección Municipal del INDER y la labor que realiza hoy dista mucho del contacto diario con softwares y computadoras.

«El trabajo del campo es duro y muchos hemos tenido que aprender sobre la marcha. Sembrar boniato no es lo mismo que administrar redes —se ríe—, pero entiendo la importancia de la tarea y estaré aquí el tiempo que sea necesario, como dice mi abuela, enferma pero feliz porque estoy cumpliendo con la Patria.

«Siento que he crecido como persona; me siento realizado porque ya los pineros se comen los boniatos que mis compañeros y yo sembramos con nuestras propias manos. Cuando nos ven por la calle nos saludan con afecto y preguntan por la papa, la yuca... y eso reconforta, que lo vean a uno como uno más. Aquí en la Isla he encontrado también mi segunda casa».

Aunque siempre ha sentido amor por la tierra, José Luis Cepero García reconoce el rigor de la actividad que realiza en la agricultura. Según sus palabras, le activó el «esqueleto», habituado al papeleo de fiscalización y control en la Empresa de Comercio en el municipio de Calixto García de Holguín.

«Tengo un niño que cumplió dos años el pasado 13 de enero y el reencuentro con él fue grandioso; me recibieron mi familia y funcionarios de la UJC municipal. En mi empresa se realizó un matutino especial, en el que compartí con todos mis experiencias desde el primer día de trabajo hasta el último, porque llevo un diario de la vida en el campamento, las actividades en la calle, las visitas a lugares de interés histórico y cultural, las llamadas telefónicas, lo que converso con mi hijo y con mi familia, lo que siembro... todo. Estoy escribiendo esta historia tal como la vivo.

«A pesar de proceder de diferentes provincias, hemos aprendido a convivir como una gran familia. Estos cinco meses nos han servido para fraternizar, no solo entre nosotros, sino también con los pineros, que son muy agradables y luchadores».

«Este es un campamento de nuevo tipo, donde se combinan trabajo, estudio, superación, cultura y la historia de la Isla. Esta experiencia constituye una escuela formadora de revolucionarios, porque fortalece valores como los de la responsabilidad, honestidad y laboriosidad, sin descuidar, en medio de su aporte productivo y económico, la preparación política», apunta Maday.

Una tropa extraordinaria

Para Juan Laffita, administrador durante 14 años de la Unidad Básica de Producción Cooperativa Capitán Lawton, estos jóvenes son una tropa extraordinaria. «En estos cinco meses su trabajo es inmenso; no hay tarea que se les dé que no la cumplan y la cumplan bien», expresó.

«La cooperativa tiene diez caballerías, nueve de estas cultivables, y gracias al trabajo de estos muchachos tenemos casi la totalidad sembrada de cultivos varios, vegetales, hortalizas y frutales. Solo en enero contribuyeron a cosechar unos 900 quintales de boniato, distribuidos a la población del territorio.

«En 1996, la cooperativa produjo unos 42 500 quintales de cultivos varios, viandas hortalizas y vegetales, y durante tres años consecutivos logró ser Vanguardia Nacional y obtener la distinción Héroes del Moncada por nueve años.

«El período especial nos afectó mucho; pero en estos momentos estamos listos para optar nuevamente por esa condición, y en ello el trabajo de estos muchachos es fundamental. Este año la producción será buena y se lo debemos a ellos».

Laffita ingresó a la organización juvenil en el año 1964, y recuerda con satisfacción como realizaban cualquier misión que le encomendara la Revolución. «Hay personas que dicen que la juventud de ahora no es como la de antes, pero parece que no conocen a estos brigadistas», comenta, al tiempo que muestra con orgullo un diploma de reconocimiento por cumplir misión internacionalista en África junto al Che.

Manuel Columbié, boyero de la misma unidad, trabaja con los muchachos desde que llegaron aquí. Para él son decisivos, y mantienen los campos limpios de malas hierbas.

«Al principio había que dirigirlos un poco, porque son muy jóvenes y muchos no tenían experiencia en este trabajo. Hay uno de Ciudad de La Habana que se llama Jorgito. Ese es un tren trabajando. Nosotros les enseñamos y al mismo tiempo nos contagiamos de su entusiasmo».

Con broche de oro

La brigada juvenil Aniversario 50 cerró el 2008 con broche de oro, al producir cerca de 60 000 pesos, según informó a JR Miguel Dubois Lara, jefe del campamento.

«Durante estos cuatro meses —apuntó— los muchachos trabajaron fundamentalmente en la limpieza de terrenos, chapea de plátano, corte de semillas de boniato, siembra y fertilización de más de cuatro hectáreas de tomate, 9,3 de malanga y 2,6 de col».

Durante el mes de diciembre la brigada se dedicó por completo a la campaña de la papa. Dieron tratamiento a más de 3 300 sacos de semilla, y al concluir 2008 solo faltaban 17,4 hectáreas por sembrar de las 67,1 convenidas.

«Para efectuar la siembra del tubérculo recibimos un seminario por parte de especialistas del Ministerio de la Agricultura aquí, en aras de acometer la tarea con calidad y garantizar mayor productividad en la cosecha», explica Dubois.

Reinier Aldama González, joven de 22 años natural de Unión de Reyes, Matanzas, apuntó que sembrar papa fue una agradable fiesta. Él y otro compañero condujeron tractores, ante la falta de operadores en la granja de nuevo tipo La Caoba.

«Crecí entre estos equipos; mi padrastro hacía tiros de caña para el central en mi pueblo y desde pequeño aprendí a manejar tractores. El administrador se subió conmigo, le enseñé lo que sé hacer y manos a la obra», relata.

Esta columna de 140 jóvenes de toda Cuba, incluyendo una brigada de la Isla de la Juventud, ha aportado más de mil horas de trabajo voluntario en el aeropuerto Rafael Cabrera Mustelier, en tareas de embellecimiento y creación de un organopónico que ya produce lechuga, cebolla, tomate y pepino.

Trabajaron también en el remozamiento del Coppelia y la pizzería de Nueva Gerona, además de cooperar con la reconstrucción de viviendas para personas damnificadas por los recientes huracanes que afectaron al municipio especial. ¿Acaso no es una huella para respetar?

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