Los amores que le faltan a la tierra (I) - Cuba

Los amores que le faltan a la tierra (I)

En la enseñanza politécnica agropecuaria del país crecieron también grandes «marabuzales», y sus espinas aguijonean el propósito de entregarle fuerza calificada a la tan ansiada recuperación agrícola

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Si el campo cubano necesita enamorados, muy pocos conquistará con el guiño que hoy hace a quienes podrían estar entre sus principales pretendientes.

En la enseñanza politécnica agropecuaria del país han crecido bastantes «marabuzales», y esto último no es solo una parábola periodística. Al menos abundan las espinas que aguijonean el propósito de entregarle fuerza calificada a la tan ansiada recuperación agrícola.

Esa es la impresión que se lleva quien recorre muchas de esas instituciones educacionales, que hoy, más que espacios para promocionar el respeto, el conocimiento y apego a la tierra, son estimulantes del rechazo y la deserción.

«Las prácticas dentro de la escuela no se pueden desarrollar con calidad por la falta de instrumentos. Y aquellas que requieren del apoyo de instituciones también se afectan por la misma causa, sumada al poco interés de algunos organismos. Creo que hay que potenciar las asignaturas no docentes y aquellas propias de la especialidad».

Así dice, no sin cierta indignación, Guillermo Zamora, alumno del Instituto Politécnico Agropecuario Mártires de Pino Tres, de Jimaguayú, en Camagüey. Y su sentimiento parece repetirse como un estribillo en numerosas escuelas de este tipo del país.

Su compañero de escuela Idael Pérez se mostró preocupado por la asignatura de Arte Manual Agropecuario (AMA), de la cual, afirmó, se pierde contenido cuando en sus clases prácticas se realiza cualquier actividad menos la que corresponde a la materia.

«Creo que cada labor debe corresponderse con la disciplina que se imparta y no que quede a la espontaneidad. Muy pocas veces trabajamos con el ganado. A menudo nos ponen a desyerbar antes que a ordeñar una vaca, y eso no es malo, pero el tiempo corre y no aprendemos lo que debemos».

Mientras el país toma medidas para redimensionar la agricultura en aras de ser capaces de producir la mayor parte de los alimentos que necesitamos, la formación de los técnicos y profesionales que tienen gran responsabilidad en esa labor arrastra el deterioro que sufrió en los años más duros del período especial, y su recuperación no marcha con la celebridad que requieren las circunstancias.

En un recorrido por Institutos Politécnicos Agrícolas (IPA), de las provincias de Camagüey, Ciego de Ávila y Granma, este diario constató que existe gran preocupación entre profesores y alumnos con la preparación que reciben estos últimos para luego enfrentar eficientemente su vida laboral.

Escasez de instrumentos y de bibliografía que inciden en la calidad de la docencia, así como falta de interés de algunas instituciones pertenecientes al Ministerio de la Agricultura (MINAGRI) para acoger al estudiante durante sus prácticas y al graduarse, son el talón de Aquiles para quienes un día decidieron matricular en uno de los más de 70 centros de este tipo con que cuenta el país.

Sin bueyes hay que arar

Morir de sed junto a la fuente. El hermoso verso de Nicolás Guillén viene a la mente de Reinaldo Remedios, secretario docente del IPA Iselín Arencibia, del territorio avileño, cada vez que recuerda el motor cedido por la Agricultura hace más de diez años, y que aún permanece inutilizado en un oscuro local.

«Con ese equipo podríamos regar las 20 hectáreas del centro, que es el mayor de la provincia. Pero se necesita una inversión para instalar transformadores y tendidos eléctricos, y nadie se ha responsabilizado. Educación no tiene la divisa para comprarlos. Y así nos hemos quedado».

«Dicen que antes la escuela tenía todos los terrenos sembrados —narró Eliannes Castellanos, estudiante de Agronomía—; ahora están llenos de hierba y marabú. En eso, en limpiar marabú, consisten nuestras clases prácticas. Lo hacemos a golpe de hacha, porque ni machete podemos usar. Nos dieron unos malísimos que se doblaron al primer golpe».

Tampoco en Granma el panorama resultó alentador. Allí funcionan cinco politécnicos agropecuarios, con una matrícula total de 2 888 alumnos. Según reveló a JR Norberto Díaz, subdelegado de Recursos Humanos del MINAGRI, los problemas van desde una dañada base material de estudio, hasta falta de gomas, baterías y medios de protección, pasando por roturas de motores e insuficientes animales de trabajo.

Pero a las carencias de materiales para trabajar, se suma el poco confort de estos planteles. El deterioro constructivo es causa de afectaciones en las matrículas de los IPA, que son centros internos en su totalidad. Así sucede en el Iselín Arencibia, que posee cuatro dormitorios clausurados, lo cual trae como resultado que 200 plazas no puedan ser otorgadas.

«Pese a esa situación —dijo su director, Mistiel Valls— están creadas las condiciones mínimas. Tenemos cuatro enfermeras y el claustro es de experiencia. Al menos la docencia en el aula se imparte con calidad».

Dónde fueron los ecos del congreso

No pocos de estos sinsabores ocuparon buena parte de los debates del XI Congreso de la FEEM, celebrado en marzo de 2008. Abdel Kader Peña, vicepresidente de la organización en el municipio de Camagüey, explicó que el IPA Álvaro Barba posee un área amplia para el trabajo, pero las actividades agrícolas no pueden realizarse por la ausencia de instrumentos.

«Si deben arar no tienen el buey, el tractor está roto, no hay azadón ni machete, y la escuela se enyerba. Y lo peor es que no se aprende.

«La mayoría de los estudiantes no poseen libros de las asignaturas de Ciencias. Se ha tramitado la queja a Educación, pero hasta ahora no ha existido una respuesta positiva y concreta acerca de la base material».

Las prácticas preprofesionales, indispensables en la buena preparación del técnico, le preocupan a Yordan Vango, también miembro de la dirección de la FEEM en la provincia. «El alumno llega a la empresa y muchas veces no intercambia con la persona indicada, que debe ser quien posea mayor experiencia laboral y conocimiento de la especialidad».

Por su parte Belquis Obregón, también miembro del Secretariado Provincial de la FEEM, asegura que el Ministerio de Educación ha tratado de suplir la falta de bibliografía con soportes digitales, pero esto no lo resuelve todo, «porque cuando no es que las computadoras están rotas es que no dan abasto».

William Morales, también dirigente de la organización estudiantil en el territorio, significó que el desinterés de las empresas por las prácticas laborales ha provocado que a menudo los muchachos se queden trabajando en el huerto de la escuela, por no tener ninguna institución que los acoja.

«Esto se plantea una y otra vez en las asambleas de grupo y de centros. Incluso, hay quien se decide por gestionarse su ubicación, y no debe ser así».

¿Soy acaso tu futuro?

Los institutos politécnicos agropecuarios fueron concebidos y dotados con todos los recursos para que sus estudiantes recibieran la preparación especializada necesaria. En ellos se llegaron a graduar miles de técnicos con una muy buena formación teórica y práctica.

Pero en los años del período especial se produjo la pérdida y el deterioro de áreas experimentales y base material especializada. A finales de la década del 90, los ministerios de Educación y Agricultura adoptaron un cambio en el plan de estudios, en el cual la formación vocacional del muchacho debe ser fundamentalmente en la empresa agrícola, a partir de los recursos de esta.

Por ello, se hace más necesaria que nunca la integración entre Agricultura y Educación. Hoy, aunque existen buenas relaciones entre ambos organismos, en muchas ocasiones esos vínculos no se concretan en la base.

En el Iselín Arencibia, por ejemplo, el área de fomento porcino se mantiene con recursos mínimos, pues desde hace tiempo la empresa que lo atiende no les envía nada para trabajar con las crías. «Sin embargo —explicó Roberto Medina, subdirector de Producción— los compañeros de la Avícola son muy preocupados. La nave es pequeña, pero tiene las condiciones para enseñar el proceso productivo en una granja de ponedoras.

«Si tuviéramos apoyo, este IPA pudiera tener sus terrenos sembrados y en producción. Hasta podríamos aportar, como hacíamos a finales de los 80, cuando de la Fábrica de Conservas de Florencia venían a buscar productos nuestros. Todo eso se lograba con el trabajo de los estudiantes».

El subdirector de Educación para la Enseñanza Técnica Profesional en esa provincia, Luis Enrique Calderón, reconoció que los directivos de las empresas no van a las aulas de modo asiduo a conversar con los alumnos. «Tal parece que ven en el contacto con ellos una carga y no una inversión en el aseguramiento de su capital humano».

Por su parte Alexis Pardo, subdelegado de Recursos Humanos de la Agricultura en Camagüey, explicó que cada IPA posee una empresa que lo atiende, y en el año 2009 cada una tuvo que diseñar un presupuesto para su politécnico.

«Hay que ver a la escuela como parte de la empresa. Quien no lo haga así pone en juego el futuro agrícola del país. Debemos trabajar al detalle con los alumnos, conocerlos. Y reforzar la labor del tutor, que no siempre es efectiva y provoca la subutilización del muchacho durante sus prácticas o su desencanto después de graduado».

En Granma se han dado pasos en la integración con los organismos empleadores. Allí se creó un puesto de dirección provincial para atender a los estudiantes de los IPA, al que pertenecen los directivos de cada politécnico y de las empresas y organismos implicados.

También se trabaja para paliar la crítica situación material de esas escuelas. Para ello, el MINAGRI destinó en 2009 un presupuesto, en moneda nacional y en divisas, a la atención de esos institutos.

Un aspecto vital del tema lo tocó Albérico Morales, subdelegado de Ganadería en el territorio agramontino, al recordar que para alcanzar calidad en la formación del técnico hay que llevar hacia el IPA las nuevas tecnologías.

«En el Mártires de Pino Tres —reveló— ya existen molinos de viento con sistemas de bebederos y tanques para el ganado, y mochilas para fumigar el marabú con líquido de última generación. Los IPA no pueden ser lo último, deben convertirse en una entidad más del organismo empleador».

Aguas que trajeron estos lodos

La inclinación vocacional por especialidades de corte agropecuario no es alta. Lo dicen las cifras de cumplimiento del plan de ingreso a los IPA en el actual curso escolar. De una oferta de 7 559 plazas, matricularon 6 274 jóvenes, para un 82 por ciento.

Muchos de ellos opinan que el trabajo en la agricultura es duro, y que sus resultados dependen de factores externos, como el clima. Los más adultos, por su parte, recuerdan los tiempos en que se impulsó la idea de que el hijo del campesino debía «prosperar», dedicarse a otras profesiones y salir del campo. Como resultado, hoy cuesta trabajo hallar el relevo de quienes han envejecido en los surcos.

Para Wilfredo Hernández López, subdelegado de Recursos Humanos en la delegación del MINAGRI en Ciego de Ávila, es un tema con diversas complejidades.

«Los jóvenes no sienten inclinación hacia esas carreras y no quieren becarse lejos de la casa. Tratamos de abrir el IPA Noel Fernández, en el municipio de Venezuela, y no pudimos completar la matrícula. Simplemente los muchachos no estaban interesados.

«Hay que reconocer que la formación vocacional es débil y hace muchos años no se hace ninguna acción. La tendencia ha sido dejar ese problema en manos de Educación».

Según Guillermo Sancho, especialista de Formación Vocacional y Estudio-Trabajo del MINAGRI en Camagüey, los muchachos se van del IPA por factores que van desde su propia orientación vocacional hasta la presión de la familia, que no quiere que su hijo sea agrónomo, sin obviar que las condiciones de la escuela no siempre son las mejores.

«No obstante —sentenció— la captación debe responder al interés económico y productivo de territorios y empresas».

En Ciego de Ávila existen solamente dos IPA, y su matrícula total no satisface la demanda de la agricultura. La causa fundamental, según Luis Enrique Calderón, subdirector de Educación para la Enseñanza Técnica Profesional, es el rechazo al régimen interno.

«En Chambas hay más estudiantes de Agronomía, incluso saturan las capacidades, pues el IPA se encuentra en el mismo municipio y están más cerca de la familia. En Ciego de Ávila no ocurre así.

«Hemos tomado la decisión de acercar las especialidades agropecuarias a las comunidades. Lo hicimos con la escuela de oficios del municipio de Bolivia, donde la tendencia de la matrícula era a disminuir, y el resultado fue favorable.

«Pero esa experiencia no podemos extenderla si no tenemos condiciones. No se puede abrir una sede de un IPA si no tenemos los estudiantes necesarios, un claustro que permita la proporción adecuada alumnos-profesores y los medios para impartir docencia, como televisores y videos».

No obstante, para Miguel Blasque, miembro del Buró Municipal de la UJC en el municipio camagüeyano de Florida, aunque se realice mucha orientación vocacional, si no mejora la atención a los futuros agrónomos las matrículas de los IPA seguirán decreciendo.

«Como ejemplo puedo citar que, en el politécnico Sabino Pupo, de Florida, hay 785 estudiantes y solo 60 cursan Agronomía. Si revisamos cuántos se nos han ido y cuántos se quieren ir, no cabe duda de que esta cifra de matriculados seguirá bajando en vez de ir en aumento, por todas estas dificultades que desencantan no solo al joven sino a su familia».

Sobran las plazas, pero no los técnicos

«Se han graduado cientos de técnicos e ingenieros en el país, pero muchos han emigrado hacia otras actividades. En este momento la demanda en la agricultura es muy fuerte».

Así comenzó el diálogo de JR con Enrique González, jefe del Departamento de Organización Escolar para la Enseñanza Técnica y Profesional del Ministerio de Educación, quien asegura que hay más plazas que demanda, porque los jóvenes prefieren buscar otras opciones de estudio.

«Hay quien acude al IPA no por vocación —reconoció— sino para no estar en la calle. Para satisfacción de los padres, que estén tranquilos. Ellos presionan y él se pone a estudiar cualquier cosa, pero realmente no le gusta.

«Por otro lado está quien se gradúa y luego no ejerce. A veces el muchacho en la calle tiene otras posibilidades. El 95 por ciento de los varones que terminan van al servicio militar. Allí aparecen opciones, o cuando regresa perdió interés por lo que estudió y se dedica a otra cosa.

«Puede haber de todo. Pero pienso que es fundamentalmente un problema vocacional, y es un trabajo que debemos hacer de conjunto el MINAGRI, el MINAZ y Educación».

—¿Qué medidas se han tomado para fortalecer el trabajo vocacional y aumentar las captaciones para los IPA?

—La captación para los estudios agropecuarios no tiene formas diferenciadas en relación con el resto de los politécnicos. Se ha trabajado para reducir al mínimo los requisitos adicionales para el ingreso, buscando que todo el mundo tenga las mismas oportunidades.

«Al hijo del campesino le hemos dado una prioridad —que creo se justifica— pero no podemos negar que alguien que no proceda de una familia rural puede tener esa inclinación, sobre todo por la Veterinaria, que tiene gran demanda.

«Estamos planteando que la Agricultura y sus empresas trabajen en la Secundaria Básica a través de los círculos de interés, y que los estudiantes que más se destaquen formen la cantera.

«Quizá en la escuela que está al lado del Parque Vidal, en Santa Clara, no hay necesidad, pero sí la hay en Remedios, en Cumanayagua, o en un pueblecito de Camagüey. Allí donde existe demanda hay que trabajar para propiciar que los jóvenes que realmente tengan aptitudes y se inclinen hacia estas especialidades, las estudien.

«No negamos que los que integren estos círculos sean hijos de campesinos o de trabajadores del sector. Pero la asamblea pioneril es la que aprueba, a partir de la propuesta que hace el consejo de dirección de la secundaria, quiénes van a una opción u otra.

«Con esa idea se está trabajando; empezamos el curso pasado. Debemos reconocer que hubo confusiones, falta de entendimiento, nos hemos sentado a discutir con organismos para que las situaciones que se dieron no sucedan el próximo curso. Creemos que esta alternativa es factible y muy democrática».

—¿Cuántas especialidades se estudian en los IPA?

—Tenemos cinco especialidades: Agronomía, Zootecnia-Veterinaria, Agronomía de Montaña, Forestales y Explotación, mantenimiento y reparación de la técnica agrícola, que antes se llamaba Mecanización.

«Además, existen dos que tienen que ver con el MINAZ: Fabricación de azúcar y Maquinaria azucarera».

—Hay numerosas quejas de las condiciones materiales de los IPA...

—Tenemos una situación constructiva muy compleja, dada por los años de trabajo, que van desde 20, 25 o hasta 30 años, y no haber sido sometidos a ningún nivel de reparación. Poseen muchas afectaciones materiales, eso no se puede negar, y resolverlas demorará varios años.

—¿Cómo evalúa el apoyo que debe darles el MINAGRI?

—Existe un acuerdo del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros que establece la obligatoriedad de que los organismos empleadores apoyen a los politécnicos, no solo a los agropecuarios. En el año 2008 se tomaron un grupo de acuerdos para el fortalecimiento de la educación técnica y profesional en su conjunto.

«La formación de ese capital humano tiene un precio y un costo. Educación asume una responsabilidad, pero los organismos receptores de esta fuerza de trabajo tienen su compromiso. Ha habido una respuesta por parte de ellos, pero aunque se ha ganado en concientización, se necesita mucho más. Hoy se siente un mayor apoyo de la Agricultura».

—¿Qué se ha hecho en concreto?

—La situación actual es muy compleja, pero hemos hecho un grupo de cosas. Creamos las comisiones de especialistas para el análisis y definición de los currículos de formación actuales, ajustándolos a las necesidades que plantea la esfera.

«Estamos fortaleciendo el trabajo de los círculos de interés, para elevar la vocación por esas carreras. Debemos estimular al muchacho, crearle intereses no solo en el orden económico, y por supuesto, el sector en el que podemos trabajar más es el campesino: el hijo de un vaquero, del que trabaja la tierra; él tiene más vocación para estas carreras. Esa es una batalla que hay que ganar.

«Existen dificultades con la cobertura docente, sobre todo en la idoneidad, pues tenemos muchos maestros no graduados. Para paliar esta situación existe un programa de reciclaje de nuestros docentes por áreas de producción donde se están introduciendo tecnologías novedosas. El profesor rota por ese sitio en un período que puede ir desde un mes hasta un año. Cuando regrese al aula tendrá un nivel de preparación superior y podrá ejercer con más calidad.

«También estamos trayendo especialistas de la producción a las escuelas. Los tenemos en todos los politécnicos, unos dando clases y otros como colaboradores de los maestros».

—¿Cómo se comporta la retención de los estudiantes?

—La retención se mueve alrededor del 78 o 79 por ciento. Ha ido mejorando, siete años atrás era de menos de 50. No obstante, está dentro del grupo de especialidades con menor índice de retención.

—¿Cómo se realiza la ubicación laboral de los graduados?

—Generalmente la Agricultura da respuesta a la ubicación laboral. Esa plaza se le otorga al joven. Nos estamos planteando tomar en cuenta para la ubicación el lugar donde el alumno de cuarto año hizo la práctica preprofesional. De esa forma, esa práctica constituye un adiestramiento, una especialización. No logramos hacerlo con todos, pero es muy bueno, el muchacho se identifica con su futuro centro de trabajo.

—¿Es obligación hacer el servicio social?

—Por supuesto, son dos años. Eso está bien definido y el Ministerio de Trabajo lo exige. Lo que pasa es que hay jóvenes que ni siquiera se presentan en la entidad laboral y entonces ¿qué exigencia vas a hacer?

—¿No se les invalida el título?

—Se les puede invalidar, pero eso es responsabilidad del Ministerio de Trabajo. Ese muchacho lo entregamos al sector productivo graduado, y ese organismo, a través de los empleadores, es el que debe ocuparse del joven.

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