Centenario de una estatua de Martí en Matanzas - Cuba

Centenario de una estatua de Martí en Matanzas

Es la escultura con la efigie del Apóstol mejor lograda, pues su médico personal puso todo su empeño en que así fuera

Autor:

Juventud Rebelde

Por estos días sentí regocijo por quienes fraguan con su labor cotidiana de educadores el amor por la sencillez, el conocimiento de nuestras riquezas espirituales y de los grandes hombres.

La humilde ceremonia en que los pioneros le regalaron al Maestro sus propios versos, ante su estatua en bronce en el Parque de la Libertad, en la ciudad de Matanzas, se convirtió en el preámbulo del concurso provincial de historia de los niños de quinto y sexto grados, precisamente por conmemorarse este 24 de febrero el centenario de la inauguración de esa obra de arte esculpida por el italiano Salvatore Buemi.

Muchos testimonios de la época dan fe de que esa es la escultura con la efigie del Apóstol mejor lograda, pues su médico personal puso todo su empeño en que fuera así, al conocer tan bien las facciones físicas del Maestro.

Los pioneros, maestros y padres depositaron flores, uno a uno al pie del pedestal, y la sencillez del acto fue de tal solemnidad que todavía me impresiona ese detalle.

Hasta allí acudieron los familiares de Laura Carnot, quien el 24 de febrero de 1909 descorriera el velo de un Martí de dos metros que sostiene en su mano derecha un documento tallado en bronce con dos palabras que han latido siempre en la nacionalidad: Cuba libre.

Por la sabiduría del maestro Regino Rivas supimos de muchos detalles de la amistad y cariño que se profesaron Martí y su médico matancero Ramón Luis de Miranda, un hombre que aunó voluntades para que hoy los niños cuenten con una obra para amar, en cuya base fueron enterrados números de los diarios de la época, obras como Ismaelillo y Versos Sencillos, y una colección de monedas.

Miranda viajó a Nueva York en 1874 y junto a los grupos de emigrados revolucionarios se enfrascó en las conspiraciones por la independencia: Al conocer personalmente a Martí en 1890 escribió con emoción: «Una noche alguien tocó a mi puerta para comunicarme que el Apóstol estaba enfermo y que deseaba que yo lo atendiera. Lo encontré en su modesto y estrecho cuarto, postrado en cama, febril; examinado, diagnostiqué bronquitis y que en breve se curaría; él se había alarmado creyendo que su enfermedad pudiera agravarse y me dijo: Doctor, cúreme pronto, tengo una misión sagrada que cumplir con mi patria, la muerte para mí no es más que la cariñosa hermana de la vida». Desde entonces sentí por él respeto, admiración y comprendí su grandeza e inmenso amor por Cuba.

De todo eso muchos niños se enteraron ante el conjunto escultórico que cuenta además con una estatua de una mujer que rompe con sus manos una cadena.

El día que se apague nuestra estrella solar se apagará también nuestra historia, fueron las palabras de Fidel, recordadas por Regino.

De eso se trata cuando hablamos de rescatar la historia local, que los niños conozcan su entorno y los hechos históricos que acontecieron por donde caminan ahora despreocupados.

Una muestra de la originalidad con la que podemos despertar el orgullo por nuestros héroes y su patrimonio. Nos sentimos felices esta vez junto al sol que se elevaba en la mañana; el sincero homenaje a Martí se agigantaba a voz limpia, con una orgullosa y humilde ofrenda floral que en manos de los niños besaba las ideas de ese gran amante de la Patria.

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