Jóvenes cienfuegueros apoyan la recuperación agrícola del país

Autor:

Julio Martínez Molina

En el campamento nacional de la UJC La Bertica en Batabanó permanecen movilizados jóvenes de la provincia de Cienfuegos así como ocho muchachos de Matanzas quienes estarán allí por tres meses

«¿Cómo se están portando los muchachos de nosotros?». La pregunta es lo primero que salta tras las cinco horas de camino que supone el viaje entre Cienfuegos y Batabanó, donde se ubica el campamento nacional de la UJC La Bertica.

La respuesta, aunque esperada, no disminuye la satisfacción: «Hay que contar con esta tropa para lo que sea. No por gusto están entre los más destacados».

Hemos ido a visitar la segunda tropa de cienfuegueros que permanecerán allí por espacio de tres meses, movilizados de forma permanente sin venir a casa.

Llegada al campamento tras una jornada de labor. Richard Carreras lleva en La Bertica más de 20 días. Él es el jefe de la Brigada Julio Antonio Mella, integrada por los cienfuegueros y ocho muchachos provenientes de Matanzas.

Funcionario del Comité Provincial de la UJC, Richard comenta que vino porque lo consideró un deber. Nos describe las características de una jornada productiva en este campamento nacional: «Luego del matutino, partimos para el campo, comenzamos la labor a las 7 y 30, y permanecemos hasta las 11 y 30 de la mañana.

«Tomamos los camiones de regreso al campamento, almorzamos, y ya a la 1 y 30 estamos de vuelta, para culminar el día de trabajo a las 4 y 30 de la tarde cuando no existe alguna emergencia. En ese caso extendemos más el horario».

Richard dice que ahora la Julio Antonio Mella tiene como función fundamental el escarde y aporque de papa, «labor básica —comenta— pues entre febrero y marzo será la cosecha en la zona».

Yunisbel Acevedo, obrero del Combinado Lácteo de Cumanayagua, acota que ya han trabajado en la cosecha de frijoles, en la limpia de plantaciones de piña, en la guataquea y recogida de tomates... «En todo lo que haga falta», asegura.

Trabajador de la Empresa de Gastronomía de Lajas, Yusleidy Macías afirma que alcanzan un promedio salarial de 16,50 pesos por día, lo cual se estima como bastante elevado, teniendo en cuenta que no suele rebasar los 12.

Cienfuegueros en el surco. Aclara que esto es una manera de contabilizar lo que se produce, porque ellos no perciben remuneración directa por esta vía, sino a través de sus respectivos centros laborales.

La visita de Juventud Rebelde coincidió con la del Buró Provincial de la UJC. Allí, los dirigentes de la provincia conocieron que los abanderados de Cienfuegos están realizando entre cinco y seis surcos diarios. Guillermo Alpízar, trabajador de PAMEX en Palmira, grafica con uno de los renglones: «Recopilamos 165 quintales de frijoles, con ello ayudamos al país y disminuimos importaciones».

Esa es la divisa, la percepción prevaleciente aquí. La confirma uno de los más destacados de la brigada, Yohander Romero, obrero de la campaña antivectorial de Cumanayagua. El joven asevera que lo de ellos es un acto de amor y compromiso con la Revolución. Una simple retribución de gratitud que los enaltece más cada día que permanecen allí.

Igual lo creen Julio, Reynier, Yaser, Disvey, Yenisbey y los demás muchachos de un equipo cuya edad promedio no rebasa los 23 años.

No todo es trabajo

Yohander asegura que «todo no es trabajo aquí; “nos pegamos duro” de lunes a sábado, pero la UJC garantiza una eficaz recreación que nos hace olvidarnos del gorrión, porque no hay momento sin alguna actividad».

Agrega que los han llevado al centro recreativo El Castillito, a lugares de interés histórico y cultural en la capital, a la Tribuna Antiimperialista y otros sitios.

Richard anota que durante las noches no solo tienen la posibilidad de ver filmes en una pantalla gigante y escuchar música grabada, sino además disponen de la grata posibilidad de que humoristas de primera línea como Carlos Gonzalvo (Mentepollo) y el equipo del programa ¿Jura decir la verdad? los visite y actúen para ellos.

Yohander añade el reciente concierto de un grupo venezolano, las clases de baile que les dan por las noches a los «patones», y el nuevo Joven Club de Computación (cada muchacho dispone de una cuenta de correo).

No hay uno de los entrevistados que se queje de la alimentación. Por el contrario, ponderan su calidad, diversidad y cantidad. Observan el nada soslayable detalle de un plato fuerte en cada comida.

Así pasan los días en La Bertica los jóvenes de Cienfuegos, como todos los del país. Son gente común, solo destacados por su tremendo espíritu, disposición y empeño en el trabajo, pero cuyo ejemplo de seguro muchos estarán felices de imitar en la continuidad futura de esta experiencia colectiva.

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