Sentir el galopar del corazón

Recibir la Orden Julio Antonio Mella estremece, pero no debe encandilar. Así piensan los que este sábado recibieron el reconocimiento que otorga el Consejo de Estado, a propuesta de la UJC Reseña de jóvenes y colectivos que merecieron condecoraciones estatales y Banderas de Honor de la UJC 

Autor:

Juventud Rebelde

Osviel Castro Medel Mayor LuisRicardo Barrero Quinto Karell Rivero Reyes Carlos Nazala  Suárez A la altura de sus 36 años, el colega Osviel Castro Medel, corresponsal de nuestro diario en la provincia de Granma, está convencido de que, ser uno de los jóvenes que este año han recibido la Orden Julio Antonio Mella, constituye, «en buena parte, un hecho de suerte».

Esa distinción, la máxima que otorga el Consejo de Estado a propuesta de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), ha desatado en Osviel una cuantas ideas. Y ha hablado de suerte, porque no deja de hacerse preguntas inspiradas en un reconocimiento indudablemente merecido:

«¿Cuántos no consumieron su juventud —meditaba él hace pocas horas— realizando grandes obras para el país y nunca recibieron una medalla y a veces ni un simple certificado? Y cuántos jóvenes madrugan cada mañana y sudan a mares antes de llegar a sus respectivos centros de trabajo pedaleando o caminando, y después se «comen el mundo» y, sin embargo, no reciben mínimos estímulos materiales o morales, de los que habló con lucidez el Che hace tiempo. Cuánta gente anónima, que se esfuerza y se consagra, hay en este país....

«Cuando uno va recibir una condecoración de este tipo, piensa en esas personas que han dado su vida, talento, energía... por Cuba y su proyecto social. Y piensa, por supuesto, en Julio Antonio Mella, un joven que se adelantó a su tiempo porque en los albores del siglo XX fue capaz de fundar un Partido, una organización estudiantil, una Liga Antiimperialista, una universidad popular.

No llegó a cumplir los 26 años y sin embargo hizo lo que no consiguieron otros pensadores brillantes de su era o de otras épocas».

Para Osviel, «los jóvenes cubanos tenemos una inmensa deuda con Mella, a quien no conocemos muy bien, del que siempre decimos lo mismo y no nos percatamos de la fuerza de su carácter, de su modestia, de la profundidad de su pensamiento, muy vinculado al de José Martí. Mella tuvo el privilegio de conocer a Baliño y este a su vez estuvo enlazado, por hechos fundacionales —como el del Partido Revolucionario Cubano—, con el Héroe Nacional».

Una condecoración con el nombre de Julio Antonio —ha confesado este apasionado periodista— «hace galopar el corazón, pero no debe encandilar a nadie si se quiere hacer honor verdadero a Mella».

Preguntar a Osviel —quien en el año 2003 fue condecorado con la medalla Abel Santamaría Cuadrado— qué entraña ser un joven revolucionario de estos tiempos, ha sido para él la invitación a meditar sobre un asunto cardinal y profundo:

«Hace mucho tiempo, el 13 de marzo de 1962, en un discurso en la escalinata de la Universidad de La Habana Fidel expresó: “Queremos una juventud que piense (...) una juventud que aprenda por sí misma a ser revolucionaria, una juventud que se convenza a sí misma, una juventud que desarrolle plenamente su pensamiento”.

«Los tiempos han cambiado, pero hay muchos retos en esas palabras que conservan toda la vigencia. Ser revolucionario no es, estrictamente, ser el primero en todo; aunque eso puede ser de por sí un mérito; mas, se puede ser el primero en cada tarea de la “emulación” por ganar méritos artificiales, para abrirse puertas, para escalar, y no precisamente por convicción. Eso ha pasado a lo largo de estos años de Revolución. No digo que sea una generalidad, pero hay casos de personas aparentemente revolucionarias que jamás lo fueron, lo que hicieron fue marcar tarjeta; algo que sigue pasando hoy y eso es tremendamente dañino para el socialismo.

«No conozco a un revolucionario que sea la perfección divina, que no se haya equivocado; el reto es no perderse en el camino, no seguir cuesta abajo, no desmoralizarse, no vender el alma al diablo.

«Ser un joven revolucionario implica en la Cuba de hoy decir lo que se piensa en cualquier escenario; pero no es una cosa fácil porque los silencios existen, nos golpean y uno se calla en ocasiones, cuando debió señalar que no está de acuerdo con esto o con lo otro, ya sea en una asamblea de rendición de cuentas o en el centro laboral (...).

«Ser un joven revolucionario implica, ante todo, un sentido del deber, combatir la vanagloria, cultivar la sencillez y el deseo de querer ayudar a los demás; no de fastidiar a los demás. Y se puede ayudar a un circundante hablándole de sus defectos, haciéndole una sugerencia, mirándole los ojos y señalándole: “Esto es así, compadre...”».

Osviel no quiso pasar por alto el tremendo desafío que implica ser joven revolucionario en un país que, hostigado por las carencias materiales, no dejar de estar habitado por infinitas tentaciones materiales. Ahí, sin dudas, hay planteado un hondo reto: superar múltiples contradicciones éticas, vadear abismos espirituales, ser firmes en una conducta que niega la filosofía del pillo.

De allá lejos...

Desde la altura de su sencillez y firmeza, el Mayor Luis Ricardo Barrero Quiterio, nos ha dicho que recibir la Orden Julio Antonio Mella es para él «algo grande». Nació en Bayamo, en la provincia de Granma; tiene 36 años; y ahora siente que con esta medalla toca un sueño.

El nombre de Julio Antonio Mella le hace pensar en la pureza que debe tener un joven. Y la distinción que ahora recibe, le hace evocar el trabajo de todo un colectivo, no solo su esfuerzo personal. La bondad humana de Luis Ricardo, asoma en este corto diálogo:

—¿Qué estudiaste?

—Soy ingeniero Fortificador Geodesta.

—¿Y qué has hecho la mayor parte de tu vida?

—Desde que me gradué como oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), he dedicado la mayor parte de mi vida al mando de pequeñas unidades ingenieras de las FAR. Esa es la profesión que en la actualidad ejerzo: formar nuevas generaciones.

—¿Cuáles son tus preferencias cuando no estás en labores de la profesión?

—Me gusta investigar (y en esta idea, cuando se revisa la trayectoria de este joven, puede leerse que ha «tenido una significativa labor en el desarrollo de las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ); alcanzó el Sello Forjadores del Futuro en el año 2007; y fue seleccionado como gran premio de la IV Edición del Concurso Científico Técnico Juvenil de las FAR en el año 2008.

—¿Qué significa ser revolucionario en la hora actual de Cuba?

—Nuestro Comandante en Jefe ha definido muy bien ese concepto. Para mí significa cambiar todo lo que necesite ser cambiado; y enfrentar los grandes retos que nos impone este mundo lleno de injusticias. Quiere decir luchar por todo lo justo, por la liberación de nuestros Cinco Héroes, por la educación de las futuras generaciones.

Luis Ricardo, perteneciente a la Escuela Interarmas de las FAR, General Antonio Maceo, Orden Antonio Maceo, la que está enclavada en la provincia de La Habana, municipio de Caimito, no deja de pensar en cómo han tenido en cuenta «a un joven nacido allá en Río Cauto, criado allá tan lejos, en la provincia de Granma».

En el municipio de Amancio, de la provincia Las Tunas, otro cubano nacido en 1974 ha sido merecedor de la Orden Julio Antonio Mella. Se llama Karell Rivero Reyes, y siente que la distinción es para él un honor. «Yo sabía que estaba propuesto —ha declarado—, pero no pensé que me la otorgaran, porque hay muchos jóvenes con méritos en toda Cuba».

En su condición de joven comunista, en el momento actual que vive la Revolución, piensa que le corresponde hacer «lo mismo que hicieron Fidel y Raúl en su momento histórico, de manera que me toca consagrarme conscientemente a cualquier tarea que el país necesite para seguir adelante en la construcción de nuestro socialismo. Es algo que implica sacrificios».

Karell, instructor de Computación en un Joven Club, ostenta entre sus méritos el haber recibido cuatro sellos Forjadores del Futuro, en los años 2000, 2002, 2004 y 2006. También ha obtenido dos primeros lugares provinciales en eventos de Joven Club, y ha representado a su provincia en la Exposición Nacional por los 20 años de los Joven Club. Por su excelente trayectoria ostenta la medalla Abel Santamaría Cuadrado.

Montes de la memoria

En el Comité Nacional de la UJC hay un hombre que atiende todo lo concerniente a la impresión de documentos imprescindibles para el trabajo de la organización política. Se llama Carlos Nazala Suárez, y es de una sencillez sobrecogedora. Siempre le hemos visto igual: sus apariciones son discretas, ecuánimes, sin sobresaltos.

«Nací en 1947, en una finca llamada Mercedes, allá por Yaguarama, en la provincia de Cienfuegos. Allí está toda mi familia. Solo vinimos para La Habana dos o tres. Eso fue por el año 1963», volvió Nazala sobre los pasos de su memoria, y ha recordado no solo las primeras luces de su vida, sino también aquellas horas efervescentes en que comenzaba su trayectoria social y profesional.

«He trabajado en la Juventud Comunista durante 42 años —lo ha dicho así, naturalmente, como suelen hablar los grandes héroes anónimos. Uno de los momentos más importantes que recuerdo, fue cuando me dieron la condición de militante de la Juventud. Tenía 20 años. Fue el 8 de marzo de 1967. Entonces yo trabajaba en el Ministerio de Salud Pública. Dos meses después partí para la agricultura, como parte de las columnas juveniles agropecuarias, y allí permanecí durante casi cinco años, hasta 1971, cuando regresé a la capital para trabajar en el Comité Nacional de la UJC. Ahí me he mantenido hasta hoy».

—¿En qué pensó cuando supo que sería condecorado con la Orden Julio Antonio Mella?

—En lo primero que pensé fue en mi familia, y en mis dos hijos, que me siguen los pasos. Sentí una gran emoción que sobrevino por el hecho de reparar en lo realizado en todos estos años. También pensé en compañeros de trabajo del Comité Nacional, que no están ya con nosotros, como Domingo Villar López, quien cumplió misión internacionalista en Angola, y cayó allí el 12 de diciembre de 1975. Fue compañero mío del Comité de Base.

«Y pensé en Lázaro Ramón Alpízar Hernández, quien trabajó en la Secretaría Ideológica del Comité Nacional de la UJC, y murió con 30 años, en 1983, durante la invasión de los norteamericanos a Granada. Tuve que acordarme de ellos, porque de haber estado entre nosotros, hubieran merecido la Orden».

—¿Qué significa ser revolucionario y comunista en la Cuba del presente?

—Ser revolucionario, ahora, significa trabajar todos los días y hacerlo bien, es decir, ser eficiente. Y además significa ser modesto, y saber que lo que nosotros disfrutamos hoy es el fruto de muchas generaciones que nos precedieron.

Entre otros méritos, Nazala tiene el haber cumplido misión internacionalista en Angola, en 1978. Ostenta las medallas Enrique Hart y Abel Santamaría; y ha participado en la organización de Congresos de la UJC, desde la segunda hasta la octava cita.

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