Roqueros en Batabanó

La recuperación no tiene rótulos excluyentes en Pinar del Río. Son muchos los jóvenes y niños que tienen su cuota de protagonismo

Autor:

Zenia Regalado

VIÑALES, Pinar del Río.— Frank y Fidel son hermanos. Llevan pelo largo, y sus ideas tampoco son cortas, tal y como nos aseguró Ronal Hidalgo, el primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en el municipio, quien los conoce hace años.

Nunca pensamos encontrarnos con una historia tan emocionante. Estos jóvenes forman parte de una familia viñalera cuya casa fue destruida totalmente por los huracanes, sin embargo ambos jóvenes están movilizados en un campamento juvenil en Batabanó.

De ellos vimos un montón de fotos en la computadora de la Sede Universitaria Municipal de Ciencias Médicas, de la cual Frank, de 22 años, es el secretario docente, y su madre, Teresa Ravelo, es especialista en Estadísticas, y es secretaria del núcleo del Partido.

«Yo me he quedado a cargo de una parte de su trabajo y de su hija de tres años para que él fuera a la movilización a la que se incorporaron 21 jóvenes pinareños durante tres meses. De los tres de Viñales, dos son mis hijos, quienes respondieron a un llamado que se hizo en la sede municipal.

Esta madre conoce muy bien a sus hijos. «Ellos son divertidos y se integran rápidamente al grupo. Hasta una guitarra se llevaron. Fidel, de 19 años, es percusionista en la primera comparsa de la Brigada de Instructores de Arte que radica aquí en Viñales», refiere orgullosa Teresa.

Fidel no pudo incorporarse al preuniversitario debido a una mastocitosis, enfermedad poco frecuente que provoca manchas o abultamientos de color marrón rojizo en la piel. Por esa razón ahora su participación productiva es como integrante de la brigada de mantenimiento.

Cuando supo que su hermano se iría movilizado, habló con el primer secretario de la UJC en el municipio y le dijo que aunque él no era militante también quería participar.

Anoche Frank llamó a sus padres y les contó que en los primeros días trabajaron en la cosecha de la papa y que recientemente iniciaron labores en plantaciones de frijoles.

Le duele algo la espalda por la falta de costumbre, pero le restó importancia diciendo que poco a poco se habituaría y que desaparecerían «las cotorras». Elogió las condiciones del campamento, el cual tiene hasta un laboratorio de computación en el que los jóvenes pueden realizar cursos en esta materia.

Familia Sui Géneris

Francisco Almeida Martínez, el padre, es jubilado del MININT y ejerce como profesor en la Sede Universitaria Municipal de Ciencias Médicas. Sonríe y se pone las manos en la cabeza.

«Cuando ellos están en la casa, o en lo que nos quedó de ella, ponen en ocasiones música rock muy alto; entonces yo les digo: “miren, escuchen esto, y les cambio para los Vétales. Por eso ahora los extraño tanto. Siempre están contentos.

«Hace algún tiempo Frank, a pesar de ser asmático, y sin ser apto para el Servicio Militar, manifestó su disposición a integrar la Brigada de la Frontera, en Guantánamo. Se puede ser alegre y responsable a la vez, por qué no», afirma el padre.

Realmente los dos hermanos rompen con los estereotipos. No se puede juzgar a las personas por el largo del cabello, su vestuario o la música que prefieran. En Pinar del Río, una provincia con tradición roquera, muchos jóvenes lo demuestran, y no solo llevan la imagen del Che en los pulóveres que visten en los conciertos, sino que también dicen «sí» al trabajo.

Viñales es un municipio que fue duramente castigado por los huracanes. La casa de esta familia, en el kilómetro uno y medio de la carretera a La Ermita, de madera y fibra blanca, sufrió el embate de los vientos y fue derribada.

Les dieron dos colchones para sus hijos, fibra y puntillas para levantar su facilidad temporal, pero la vida de ellos tiene un núcleo alrededor del cual giran: la Sede Universitaria Municipal, en cuyo programa trabajan y se sienten útiles. Es un modo de compensar las pérdidas.

Moralejas de vendavales

Más de 600 instalaciones educacionales dañadas y una cifra superior a las 90 000 viviendas provocaron en Pinar del Río que personas de todas las edades, incluidos los niños, se incorporaran desde el primer día a la recuperación, a limpiar y recoger escombros y árboles derribados en las escuelas del territorio.

Gelvis Arencibia Valle, al frente de la esfera de Jóvenes Trabajadores de la UJC en la provincia, destaca la forma tan dinámica en que a los pioneros, activados en las Fuerzas de Acción Pioneril (FAPI) se les veía lo mismo en el arreglo de libros mojados, que en la limpieza de las escuelas.

Hasta el mes de diciembre y durante todos los sábados, los integrantes de las Brigadas Técnicas Juveniles participaron en la siembra de árboles maderables y frutales y en el desarrollo de nuevos viveros forestales.

Los estudiantes de todos los politécnicos de la provincia se incorporaron masivamente durante sus prácticas laborales a la revitalización de organopónicos en los territorios dañados, los cuales contribuyen hoy a que la población pueda adquirir diversas verduras que enriquecen la dieta familiar. Un ejemplo a destacar en tal sentido fue el municipio de Los Palacios.

En cada territorio azotado se conformó una brigada con 50 jóvenes, algo así como una tropa de choque, los cuales se subordinaron a los consejos de defensa municipales y se mantuvieron activados hasta el mes de diciembre.

Trabajaron en el café, siembra de cultivos de ciclo corto, organopónicos, huertos intensivos, construcción de escuelas y viviendas.

La Facultad de Ciencias Médicas Ernesto Guevara de la Serna participó en el pesquisaje de casos de conjuntivitis que se presentaron en el territorio tras el paso de los huracanes, y además en el desarrollo de charlas sobre cómo mantener las condiciones higiénicas después de los meteoros.

Daylí bailó sobre una carreta

Pinar del Río se encuentra en la trayectoria de la mayoría de los huracanes que cruzan por Cuba, por lo que sus gentes han aprendido a convivir con estos desde edades tempranas.

Daylí Rodríguez Rodríguez, de diez años, alumna del quinto grado del seminternado Pablo de la Torriente Brau, en la capital provincial, tiene bien frescas las visitas a zonas azotadas por los meteoros por parte de la compañía infantil Sueños y Esperanza, una especie de Colmenita integrada por 105 niños.

«Un grupo de nosotros fuimos en Los Palacios a un lugar en el que los niños y sus familias vieron cómo el viento derribó sus casas. Los niños se quedaron hasta sin ropas, solo con la que llevaban puesta. Nuestro director, Efraín Urrutia, habló con la compañía, y entre todos les llevamos numerosas pertenencias que compartimos con ellos, también libros, lápices, gomas.

«Después de recoger escombros organizamos una actividad recreativa. El escenario fue una carreta y bailamos la danza llamada La cucarachita curiosa, también escenificamos El conejo Chispa; así los alegramos un poco y les demostramos que no estaban solos».

Daylí no pudo asistir a la XVIII Feria del Libro en Pinar, pues se encontraba en la Ciénaga de Zapata, del 20 al 28 de febrero, con otros integrantes de Sueños y Esperanza.

Visitaron y actuaron en zonas de Pálpite, Soplillar, intercambiaron con Manuel Porto y su grupo Korimakao y visitaron la casa de Nemesia Rodríguez, quien inspirara al Indio Naborí para su Elegía de los zapaticos blancos.

Daylí tiene emocionantes recuerdos de la visita: «Nos impresionó mucho escuchar a Nemesia. El poema dedicado a ella lo hemos declamado muchas veces en la escuela. En la Ciénaga nos vio actuar ese pintor que es muy famoso, uno alto él, Kcho, y nos dijo que lo hacíamos muy bien», confiesa entusiasmada.

Si algo bueno dejaron los huracanes fue la identificación y mayor acercamiento entre diferentes regiones del país, motivado por el trabajo comunitario de brigadas artísticas y el intercambio de linieros y de trabajadores de otros sectores.

Cuba ha reconocido su propia fuerza y capacidad para la solidaridad interna.

Las tres F

El 22 de febrero la provincia creó su campamento de las tres F (FAR, FEEM, FEU), el cual abrió sus puertas en áreas de Los Palacios con alumnos de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, de Pinar y de otras provincias.

El 8 de marzo se incorporaron estudiantes del politécnico de Los Palacios y posteriormente comenzó la rotación por él de alumnos del Instituto Superior Pedagógico y de la Universidad Hermanos Saíz, quienes laboran en la agricultura.

Pocos quedaron en Vueltabajo sin ser útiles durante la recuperación. La Brigada José Martí de Instructores de Arte se incorporó desde el primer momento al trabajo productivo y cultural en los territorios devastados y alternaron la recogida de papa con presentaciones en pueblos marcados por los vientos.

Marioli García Silva, presidenta provincial de la FEU, reconoce el aporte de los estudiantes de otras nacionalidades en la recuperación junto a los cubanos en la distribución de la canasta básica, en la fabricación de envases para tubos de pasta, así como en movilizaciones agrícolas, en las cuales tomaron parte más de 8 000 alumnos de todas las universidades.

Próximamente se definirá, de común acuerdo con la Construcción, cuál será la obra de choque en la cual apoyará la FEU. Se piensa que sea el policlínico Turcios Lima, que se encuentra en reparación.

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