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¿Cómo ven los cubanos el efecto de la crisis económica mundial en el país?

El termómetro de la crisis mundial comenzó a marcar altas temperaturas en el archipiélago. Los cubanos, pese a su fogueo en situaciones difíciles, amén de algunos despistados, comienzan a sentir los peligros que se avecinan

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Pepín no necesita consultar oráculos. Conoce las tensiones que vive la economía mundial y su compleja urdimbre. Ha seguido los entuertos financieros a través de las noticias y nos ha salido al paso con una preocupación que concierne a todos: «Estoy inquieto, no puedo negárselo. A veces siento que la gente no comprende la dimensión real del asunto y cómo nos afectará a nosotros».

El cienfueguero Enrique Poblet también comparte esta visión. Cree que muchos de sus coterráneos asumen el descalabro como algo muy lejano a las aguas de esta Isla, como si estas además nos protegieran del posible «contagio».

El sismo en el escenario internacional está planteado de mil modos, pero ¿qué posibles ramificaciones creemos que tendrá en la economía cubana? ¿Qué podemos hacer para ayudar a sortearla?

Las interrogantes planteadas por este diario en un sondeo por diversas provincias del país, desataron otras muchas inquietudes.

Suelto el león africano

Analistas internacionales estiman que los países desarrollados decrecerán en alrededor de un 3,8 por ciento y auguran para los denominados países emergentes una disminución de sus tasas de crecimiento a un 1,6 por ciento.

Los golpes más fuertes —como ya es habitual— lo sentirán sobre sus espaldas los países subdesarrollados. Y Cuba bloqueada, con los bandazos de los fenómenos naturales, y este nuevo acecho que no es exclusivo de un solo epicentro geográfico, ha tenido que reajustar sus planes para el presente año.

«El crecimiento que habíamos propuesto de un seis por ciento no se va a lograr; prevemos conseguirlo en un 2,4 o 2,5 por ciento», aseguró a este diario el ministro de Economía y Planificación, Marino Alberto Murillo Jorge.

El titular destacó que se están tomando medidas para readaptarnos a las nuevas circunstancias, al tiempo que recalcó que en este país no se va a quedar nadie desprotegido, pero que sí —por los efectos de la crisis— habrá restricciones en el consumo.

La inestabilidad en la economía mundial —añadió— se podrá amortiguar solo con la eficiencia y el ahorro. «El apagón, por ejemplo, puede evitarse en los próximos meses si se cumplen las medidas que impidan un sobregiro del consumo eléctrico en entidades estatales».

Pese a que alertas como la del también Vicepresidente del Consejo de Ministros y otros funcionarios de la política y la economía del país suenan como campanazos por estos días, algunos, lamentablemente, aprecian este dilema económico mundial como un león hambriento de las selvas africanas: temible, poderoso, con la capacidad de devorar a cualquiera, pero lejos; no puede llegar hasta estas tierras tropicales.

Esa percepción quizá nazca del esfuerzo protector del Estado, que se quiebra la cabeza cada día en las matemáticas para distribuir los pocos panes y peces que aletean dentro de sus delgadas arcas; y no acude a las fórmulas del «good bye, ¡a la calle!», tan extendidas en las empresas movidas por el capital.

Tal vez también pese el hecho de que las noticias se han tornado rutinarias, opacas. De ahí que una ama de casa bayamesa, no entienda muy bien cómo el bajón en los precios del níquel o de la langosta sea capaz de afectar su economía doméstica. Ni tampoco por qué el turismo puede atascarse a mitad del camino después de los eventos consecutivos que han estremecido al Globo.

Alberto Gutiérrez, chofer de 39 años, está precisamente entre quienes no divisan la dentellada de la crisis. «Las cosas no han cambiado demasiado y creo que van a seguir así durante mucho tiempo; nada me asusta», dice mientras limpia frente a su casa el parabrisas del carro de la empresa.

Para él, lo importante es «luchar todos los días» como hasta ahora, porque «el que no lo hace se «chiva» en cualquier época, con crisis o no».

Por esa misma cuerda camina Luis Castillo, un jubilado granmense de 72 años: «No creo que esto se vaya a poner tan malo como en lo peor de los 90. Ya eso lo pasamos y nadie se murió de miedo. La vida va a seguir sin grandes cambios, y si se producen ya estamos curados».

Justamente la crudeza de aquellos años fue un referente constante en los parlamentos de los encuestados por JR. Para muchos esa etapa resultó el mejor entrenamiento para buscar alternativas; por tanto, funciona como coraza defensora a la hora de hablar de los aprietos actuales y futuros de la economía internacional.

Para el capitalino Jorge Pérez la crisis aumentará la intensidad de los tonos del período especial que aún no hemos superado, aunque no considera que llegue a abatirnos con la fuerza que tuvo hace más de una década.

«Nuestra economía tiene mayores fortalezas, contamos con la capacidad de prever y construir posibles escenarios. Tenemos un entrenamiento para manejar situaciones de crisis, quizá por el hecho de estar durante medio siglo asediados por los Estados Unidos», refirió.

Sin embargo, a Yeni Fajardo, una joven trabajadora social en Granma, el tema no le atrae demasiado. Para ella la crisis no ha aterrizado todavía en el balcón de su casa. No obstante, sí piensa que desde su modesto puesto laboral puede contribuir a paliar los efectos, sobre todo en la rama energética.

Otros jóvenes abordados en el territorio oriental del país no están al corriente de los tambaleos de las finanzas universales. «¿Para qué mortificarse?», confiesa Marelis Rodríguez, de 18 años.

La crisis moja y empapa

Varios de los cubanos entrevistados por este diario sobre cómo consideran que la crisis gravitará sobre nuestra suerte colectiva, coincidieron en que perturbará nuestra capacidad financiera.

Raudel Vílchez, cienfueguero de 35 años, sostuvo que con la recesión de las principales economías muchos de los rubros que Cuba exporta se verán afectados por la disminución de la demanda.

«También se nos dificultará el acceso a productos necesarios, como los alimentos, por el aumento de sus precios en el mercado internacional, y nuestra insuficiente posibilidad de costearlos. No se puede pagar mucho cuando es poco el dinero que nos entra».

En esta reflexión, la cienfueguera Raiza Déborah Vázquez, de 54 años, añadió que será imposible mantenernos al margen de este complejo panorama, más en nuestra condición de país subdesarrollado.

«En lo adelante todo puede ser más difícil, aunque muchos aún no hayan sacado esa cuenta. Si los precios de los alimentos y de otros insumos importantes van in crescendo y lo que nosotros producimos tiene menos valor... no se puede hacer magia para evitar que nos toque».

Para el estudiante Mario Espinosa, de 21 años, uno de los puñetazos lo vamos a sentir en el turismo. «La gente en el mundo tendrá menos dinero con la situación del desempleo y la quiebra de empresas, en medio de esa incertidumbre no tendrá muchas ganas y posibilidades de recrearse. Si a eso le añades que es una de nuestras principales vías de ingresos, ¿cómo quedamos?».

«Todo se mueve con dinero, por eso cuando arrecie la crisis todo se pondrá más duro. Si hoy se pasa trabajo para concretar acuerdos económicos, imagínate en este entorno», manifestó.

«Si llega esa crisis que la televisión está diciendo —afirma la jubilada Magali Palencia— la actividad industrial se verá dañada por la necesidad de importar productos necesarios, como la materia prima».

Liben Estrada, médico de 26 años, también está al corriente de la dinámica económica. Lo sabe por las noticias que recibe cada día sobre el crecimiento del desempleo, y por los intercambios que ha sostenido con personas con conocimiento de causa del problema. Para él la crisis «es real, puede durar años».

El galeno reconoce que el país no vive entre cristales, por lo que los cubanos no pueden estar de espaldas al fenómeno. «Muchos productos dependen del comercio con otros países y si allá surgen complicaciones, eso nos viene encima irremediablemente».

Pero al final, vuelve sobre el acostumbrado papel «paternalista» del país. «El Estado va a amortizar el golpe, pero la Revolución no puede hacer milagros sin la participación de todo el pueblo. Cada quien tiene que aportar algo, sobre todo ahorrando cuanto sea posible».

Irene Quintana, licenciada en Economía, considera que la crisis les tocará a unos con un grado de rispidez mayor que a otros. Y le preocupa que a quien ha hecho una fortuna a base del negocio y la delincuencia, el trago le sabrá menos amargo que a quien debe trabajar para ganar un salario.

Hay una realidad asociada a esta contingencia internacional que para Miguel Ángel Fernández, de 61 años, no es cercana. «La situación del desempleo, que cada día tiene cifras más alarmantes en el mundo, en este país es una posibilidad muy remota, porque el gobierno cubano busca siempre variantes, pero no manda a la calle a su gente».

Para muchas de las personas abordadas hay una realidad insoslayable: las consecuencias se harán sentir y no podemos pecar de ingenuos como algunos que ni se dan por enterados. «Nadie debe creerse inmune, van a venir días difíciles y hay que tener conciencia de eso, prepararse bien y, sobre todo, sentir la necesidad de ayudar al país desde el puesto de cada uno, especialmente con el ahorro que es una de las reservas que tenemos», apuntó Yunel Hernández, locutor de la emisora CMKX Radio Bayamo.

Por su parte Miguel Rodríguez, administrador de una dependencia gastronómica, expone que tal vez surjan desabastecimientos en su unidad, algo que entendería sin mucho esfuerzo. «Cuba no produce, por ejemplo, harina de trigo, y si no pudiera comprar la cantidad suficiente para mantener los suministros a unidades como esta, es lógico que siga priorizando las escuelas, los círculos infantiles, hospitales y el pan subsidiado que se vende a la población. Eso siempre estará primero que una pizza para vender».

Carlos Alberto González coincide con Miguel en que en Cuba se hace un balance de los recursos, y que «en este caso se racionalizarán más las cosas».

María Antonia Rojas, jubilada de 63 años, insiste en que en tiempos de escasez, lo más importante es cuidar lo que tenemos. «Si no ganamos conciencia en esto, nos quedaremos con menos. Porque reponer será muy difícil con esos truenos en el escenario internacional».

Se encendió la vela

La crisis representa un serio desafío para Cuba porque dependemos en gran medida de las importaciones. El viceministro de Economía y Planificación, Julio Vázquez, alertó recientemente sobre una tendencia en la Isla al alto consumo de combustibles, y el riesgo de una nueva época de apagones asociada a la crisis económica mundial. «La clave está en hacer un uso racional de la energía. Los cubanos ya conocemos de apagones y creo que todos preferimos evitarlos».

«Hay que pensar y buscar alternativas para echar pa’lante. De eso se está hablando hace rato». Así convida a reflexionar Oslaydy Perera, de 37 años, quien además espera «que la gente se prepare y ayude. Nuestra base económica es aún débil y está en fase de desarrollo. El bloqueo nos entorpece de mil maneras, y esa es una».

Entre las personas sondeadas se habló de evitar tener luces encendidas por gusto, pilas con salideros despilfarrando el agua. «Todo cuanto hagamos por preservar lo que tenemos, contribuirá a salir ilesos de la tormenta que se nos avecina», apuntó un encuestado.

Por ello Milagros Núñez se pasa el día apagando, tanto en el trabajo como en la casa. «Si todo el mundo pensara de la misma manera ¿cuántas toneladas de petróleo ahorraríamos?».

No fueron pocos quienes evocaron que no se puede perder de vista la frase guevariana de que Sin control no hay socialismo. José Díaz Pollán, periodista radial de 46 años, lamentó que sin embargo «al control no se le concede la debida significación».

Para Rosa Pérez, de solo 18 años, «nosotros no tenemos grandes pozos de petróleo; por tanto, lo mínimo que podemos hacer para ayudarnos es ahorrar». La joven coincide con Milagros cuando plantea que la energía decide casi todo en este mundo.

Cuando le preguntamos sobre la percepción que tiene de los posibles impactos de la crisis económica y financiera mundial en la Isla, Cándido Álvarez, campesino de 43 años, respondió rotundo: «A trabajar duro, no hay más que eso. Y eso que todavía hoy aquí muchos no quieren, ¡y miren cómo anda el mundo con tantas personas buscando trabajo!

«Hay que sacarle alimentos a la tierra, y eso es lo que más nos hace falta. La gente no trabaja porque el salario es insuficiente; el salario es dinero; el dinero es economía; y esa es la que hoy está en problemas».

Otros como Yanela Varela creen que no se sale de una para entrar en otra. «De pronto cuando observas una mejoría, al rato te cae el cubo de agua fría... es de una cosa en otra, y a los más pobres nos toca bailar siempre con la más fea».

Pero acaso el punto más álgido vinculado con los escollos económicos es el nacimiento interno de una ola de rumores con tintes catastróficos. Al respecto Jennifer Menéndez, trabajadora del turismo, apunta que es preciso desmentirlos o argumentar con verdades sobre estos temas. «Hay personas que ya están diciendo que no van a aparecer el aceite, el jabón y otros productos necesarios; que los apagones volverán y serán largos.

«De todos modos, venga lo que venga, yo confío en la inteligencia de este pueblo y en la de sus líderes. Confío en su capacidad de resistencia. Tanta historia hermosa, desde nuestros aborígenes hasta el presente, no se puede desdeñar tan fácil».

Quitarse la sal de encima

Como dice la canción: ¿quién dijo que todo está perdido? Lo que hay es que ponerle corazón. Siempre podremos hacer algo para aminorar los efectos de la crisis. Así piensa Enrique Poblet, quien considera imprescindible trabajar en la conciencia porque «la gente está acostumbrada a que le pongan las cosas en la boca. No habrá desempleos, ni hipotecas de casas, y las personas tendrán que comer, pero esas no son razones para despreocuparse como si fuera asunto de otros. Nos compete a todos.

«La clave para sobrellevar esto es gastar menos y aportar más. Ese es el apoyo que puede dar cada uno de los ciudadanos de este país».

Al igual que Enrique, Raiza Déborah Vázquez cree que la única forma de salir adelante es llamando a la conciencia y trabajando más para lograr la eficiencia desde nuestras áreas de responsabilidad socio-laboral.

«No puede haber crisis alguna que entorpezca nuestro camino hacia las soluciones. Si bien es inevitable, buscando alternativas que posibiliten la producción y el desarrollo de los principales indicadores económicos, podremos hacer más llevadera esta situación», sentenció.

El cienfueguero José Manuel Urquiza coincide con su coterráneo Raudel Vílchez, cuando asevera que se debe aprovechar esta dura circunstancia para estimular la cultura económica. «Así espantaremos el maligno fantasma del despilfarro».

José Manuel se emociona al hablarnos, lo hace con pasión; la misma que considera como la única alternativa: «trabajar, pero con deseos, con verdaderas ganas de aportar para salir del bache que se avizora».

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