Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Más de 70 000 jóvenes han apoyado la recuperación en Las Tunas

Autor:

Juan Morales Agüero

Tras el azote del huracán Ike, su labor ha contribuido a la producción de alimentos con la siembra de productos de ciclo corto

LAS TUNAS.— Cuando al amanecer del 8 de septiembre del pasado año la zaga del huracán Ike dejaba sentir sus últimos jadeos sobre la ciudad en estado de vigilia, ya los jóvenes tuneros que iban a reeditar el día antes la marcha invasora de las columnas del Che y Camilo se habían desmovilizado y estaban en funciones de la recuperación.

«Yo iba al frente de la Columna 8 Ciro Redondo —recuerda Kendry Garcés—. Al enterarnos de que se suspendía la marcha por causa de la inminencia del ciclón, nos sentimos un poco decepcionados. Pero el ánimo retornó, porque supimos que teníamos asignada una nueva misión: contribuir a evacuar a personas residentes en lugares de peligro».

La juventud tunera acogió como suya la restauración de las secuelas dejadas por el terrible meteoro. La población recuerda con gratitud a los grupos juveniles en labores de higienización y escombreo por las calles. Y aquella movilización gigante al poblado de Delicias, uno de los más azotados, donde trabajaron codo con codo con la comunidad.

En tan dramáticos momentos hubo casos rayanos con la épica. Como el del Primer Secretario de la UJC en Puerto Padre, cuya vivienda fue arrancada de cuajo por las rachas mientras él, ausente, se consagraba de lleno a su tarea. O la de los miembros de la Brigada José Martí en el propio municipio, que se volcaron a reconstruir las casas de varios de los suyos, también afectadas por la sevicia de Ike.

«La respuesta juvenil a la convocatoria por la recuperación resultó inmediata y masiva», admite Ismael Cruz, primer secretario de la UJC en Las Tunas.

«Millares de jóvenes de todos los municipios dieron el paso al frente y formaron brigadas para visitar familias afectadas e interesarse por sus problemas. También desde los primeros momentos se sumaron a la recuperación agrícola mediante trabajos voluntarios y a la construcción de organopónicos semiprotegidos.

Puntería en el Polígono

El organopónico El Polígono, en la periferia de la capital tunera, se convirtió durante varios meses precisamente en eso, para comprobar las potencialidades de nuestros jóvenes. Entre risas y bromas, la nueva generación le cantó una oda al trabajo.

«Sabemos nuestro lugar cuando la Patria convoca —afirma Migdalia, una joven pelirroja que acumula varios sábados y domingos en el empeño de hacer producir con sus manos la tierra—. En todas las épocas la juventud ha tenido un papel de protagonista. Ahora la lucha tiene otra dimensión: aportar. Y lo estamos haciendo.

Mientras, Jorge cuenta cómo una vez conectó en su pueblo natal un jonrón de más de 400 pies de longitud («¡qué paqueteeee!», le dicen a coro), rebosa una carretilla con materia orgánica. Un poco más allá, Olga y Judith laboran en un cantero mientras conversan de modas. El trabajo hermana.

Entre todas las opciones utilizadas por los jóvenes en la recuperación, el trabajo voluntario clasifica como la de mayor eficacia y recurrencia. Su obra más lograda es, sin dudas, la creación de contingentes en todos los municipios de la provincia.

Domingo por domingo, los integrantes de es-tos colectivos se incorporan a diferentes ta-reas, tales como recogida de desechos, construcción y reconstrucción.

En cuanto a la producción de alimentos, los jóvenes tuneros realizan un gran aporte a la siembra de productos de ciclos cortos. La agricultura cañera, rubro merecedor de especial atención, recibe análoga contribución juvenil. Igual la siembra de árboles, pues la floresta recibió aquí un descomunal golpe.

La provincia ha conseguido movilizar una cifra superior a los 70 000 muchachos hacia todas las labores. Ocho jóvenes tuneros ofrecieron también su ayuda en la Isla de la Juventud.

Los secretarios generales de los comités de base del sector agropecuario y campesino, por ejemplo, se reúnen regularmente para evaluar y analizar el papel que les corresponde a sus estructuras en estos momentos. Otro tanto ocurre con los que funcionan en centros laborales que producen alimentos.

Nada se deja la improvisación. Todos los meses las direcciones de la UJC en las diferentes instancias se reúnen con sus similares de las delegaciones del MINAGRI, MINAZ, MINED y ANAP para coordinar su apoyo a las principales actividades encaminadas a incrementar la producción de alimentos y a la recuperación de centros afectados en los cuales la organización pueda contribuir con sus fuerzas.

Además, en todos los municipios actúan mapas productivos, que tienen como objeto vincular en tareas de colaboración a los comités de base, organizaciones estudiantiles, movimientos políticos e instituciones diversas subordinadas al trabajo de la UJC con dependencias de su entorno geográfico especializadas en la producción de alimentos.

Pero eso no es todo. En las propias organizaciones de base prospera la iniciativa de estimular la labor creadora de las Brigadas Técnicas Juveniles dirigidas a solucionar problemas derivados de la incidencia de los ciclones, e, incluso, para paliar los efectos de la crisis económica mundial.

Por acá funciona muy alejado de la retórica aquel apotegma martiano de eterna actualidad que dice: «Hacer es la mejor manera de decir».

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