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Las Fuerzas de Acción Pioneril, una fragua en la formación de niños y adolescentes

Autor:

Juventud Rebelde

A 18 años de creadas, continúan formando en los estudiantes de las escuelas primarias y secundarias el deseo de ayudar en sus centros y en la comunidad

Desde pequeños nuestros padres gustan de enseñarnos la virtud del trabajo, y a la manera de un juego crecemos con el orgullo de mantener limpia y recogida la casita de muñecas, o de lograr, con el martillo de papá, clavetear la carriola más rápida del universo.

Ese es también el objetivo principal de las FAPI (Fuerzas de Acción Pioneril) que, a 18 años de creadas, continúan formando en los niños y adolescentes el deseo de ser útiles en una casa mucho más amplia, como lo es la escuela y también la comunidad.

Así lo pude percibir de la mano de las dos Talías, Nataly, Susell y Richard, cinco niños fabulosos que acaban de terminar el quinto y el sexto grados. Ellos permanecieron esta última semana del curso escolar, junto a sus compañeros de clase, en su escuela Orlando Pantoja (Alamar), a fin de dejarla lista para el próximo año, aun cuando muchos de ellos pasarán a estudiar en Secundaria Básica.

Vestidos de vacaciones y con sus pañoletas rojas anudadas, me informaron, con todos los pormenores, en qué estaban empleando la mañana cuando podrían haberse quedado cómodamente en casa viendo la televisión, o planificar una salida a las playas cercanas.

Juntos recorrimos las áreas: el huerto, del cual arrancaban cualquier mala hierba; las aulas impecablemente recogidas; y el patio central con grandes árboles de sombra en sus alrededores que, sin embargo, no mostraba ni una hojita, gracias a las laboriosas niñas que barrían, escoba en mano, con todo lo que encontraban a su paso, incluso mis propios pies.

Mientras, en el pasillo principal, otro grupo de estudiantes armados con goma de pegar, papel precinta y tijeras, reparaban los libros de texto.

Mis anfitriones tenían respuestas para todo. Con ellos supe que la basura recogida la acumulaban para posteriormente botarla en el tanque de desechos que está en la esquina.

Me informaron, además, que estaban poniendo en práctica una estrategia para la recogida de materia prima y otra que se llama Patrulla clic. Esta última consiste en visitar a los vecinos de la comunidad, y entregarles el Manual de Ahorro para la Familia, un plegable donde se recogen algunos consejos para no gastar innecesariamente la electricidad.

También me comunicaron que pretendían dejar sus aulas bien organizadas, aunque esto no significaba que estuvieran regadas, sino que querían que todo estuviera perfecto; y con una sonrisa de complicidad me anunciaron bajito que sus profes les tenían preparada una sorpresa especial para la fiesta de graduación.

La revelación de tales vivencias infantiles, hace que sin querer la memoria dé un salto hacia atrás en busca de recuerdos propios. Mucho más si la escuela en cuestión es la misma donde por primera vez nos sentamos en un aula, participamos de la banda musical, y trabajamos también en el mismo huerto en el que ahora laboran estos pequeños.

Así le sucedió a mi colega Calixtín, fotorreportero de este diario, que me acompañó en esta ocasión, y quien con sus instantáneas pudo corroborar que ser útiles provoca, aun cuando se es pequeño, una infinita satisfacción.

La otra cara

«Qué difícil se torna trabajar con los adolescentes», me comentaba una maestra cuando en un organopónico cercano un grupo de estudiantes de Secundaria Básica donaban su última semana del curso escolar para realizar labores productivas, como aquel que dona la última gota de su sangre.

Se esparcieron con rapidez por entre los canteros y con igual apresuramiento tomaron las guatacas y los machetes prestos a no trabajar demasiado, no por la anarquía de los rebeldes, sino con el desenfado de los que simplemente «no están para eso».

Mira cómo me he ensuciado las manos de tierra, dice una preocupada por sus uñas. Otro añade que el sol está en candela y seguro los traen tarde para que los coja el mediodía. Y otro pregunta, ¿caballero, no van a darnos merienda?

Y yo pienso que sí, que es muy difícil esa etapa de la vida en la que siempre se piensa que la tienen cogida con uno, y en la que no se hallan mejores derroteros que los que trazamos para nosotros mismos. Sí que son complicados los que adolecen, tanto de los años pasados en que fueron niños, como de los por venir en que se asegura el fruto de la madurez y la experiencia.

No se trata de ser totalmente tolerantes como tampoco de caer en el otro extremo del autoritarismo, donde en busca del orden más exquisito se cae en las más absurdas de las prohibiciones, como no escuchar música en los mp3 mientras se trabaja.

Y es que el reto quizá se encuentre más que en la consideración o en el rigor que penden a ambos lados del equilibrio, en la necesidad latente de no repetir esquemas y hacer uso de la creatividad para que se involucren con ese ánimo que solo ellos saben imprimirle a lo que realmente les gusta hacer.

Este tipo de actividades extradocentes, también sirve para lograr que el trabajo trascienda: de gravosa carga a fructuosa fuente de regocijo.

Las FAPI en cifras

Las FAPI tuvieron durante este curso cuatro activaciones. La primera tuvo lugar el 23 de noviembre, en saludo al primer trabajo voluntario convocado por el Che; la segunda ocurrió a principios del mes de abril, celebrando el aniversario de la OPJM y de la UJC; una tercera sucedió el 5 de junio, por el Día Mundial del Medio Ambiente; y finalmente, esta última semana del curso escolar, en la que han participado a nivel nacional 830 166 pioneros, tanto de la Primaria como de la Secundaria Básica.

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