El primer salto en paracaídas

Dunia Teresita Paredes, estudiante de Medicina, esperó durante tres años para lograr un sueño: saltar en paracaídas y ver la ciudad a sus pies

Autor:

Zenia Regalado

Pinar del Río.— El desafío a la altura y a los nervios que significó su primer salto en paracaídas es hasta ahora el momento más impactante en sus 23 años de vida. Por escasos minutos estuvo entre las aves.

Dunia Teresita Paredes Lazo, estudiante de cuarto año de Medicina, rompe estereotipos y prejuicios en este deporte que hace rato dejó de ser exclusivo para hombres.

Sin embargo, y sin ufanarse del hecho, confiesa que varios de ellos, incluido su propio papá, le han dicho que no se atreverían jamás a semejante acto, ni siquiera con un instructor.

Hace unos días, durante una jornada de exhibición del campeonato nacional de pa-racaidismo, efectuado en Pinar, ella materializó un sueño que aguardaba desde hacía tres años.

¿Pero qué motivó a esta seguidora de Hipócrates, de rostro afable y hablar pausado, a protagonizar un suceso «respetado» por la inmensa mayoría de los mortales?

Quizá lo lleva en los genes. Su tío, Luis Manuel Lazo Iglesias, médico que actualmente se encuentra como colaborador en Ve-nezuela, perteneció a un club de paracaidismo cuando ella era pequeñita y realizó miles de saltos.

Ella creció escuchando aquellas anécdotas mientras imaginaba cómo se vería la tierra desde las alturas y qué ocurriría si tuviera alas.

No niega la influencia de su tío y otros factores que posibilitaron su sueño. Su novio, Williams, es amigo del pintor vueltabajero Arquímedes Lores (Nelo), quien fuera paracaidista en Varadero y tiene numerosos conocidos allí que practican la modalidad tándem, con dos plazas, muy demandada por los turistas.

Uno de los integrantes de ese club fue quien asesoró a Dunia en cómo colocar la cabeza dentro del hombro de su acompañante, y las manos en las correas que sostienen el cuerpo por el tórax y los muslos.

—¿Antes del salto tuviste miedo?

—Sí, un poco, pero cuando estaba en el avión me relajé y me sentí increíblemente segura y capaz de hacerlo. Ni siquiera tuvieron que empujarme. Viajábamos 11 personas y yo era la única mujer que ese día se lanzó en tándem a una altura de 2 700 metros.

Cuando estás en el vacío experimentas una sensación maravillosa, de gran libertad, con el aire en el rostro. Son escasos minutos que te parecen mucho más tiempo, sientes como que eres dueña del mundo.

Al lanzarme cerré los ojos en el primer momento, pues dimos varias vueltas, con el paracaídas cerrado. Después, el instructor me tocó para que yo abriera los brazos y los pies y lograra equilibrio en el aire, tal y como me había explicado antes.

Él abrió el paracaídas; después que lo hizo me dijo: «Puedes hablar lo que quieras, ya salimos de lo peor». No sabía ni su nombre, él es instructor en Varadero. Se lo pregunté y me respondió, en pleno descenso, que se llamaba Teider. También me dijo que tuviera confianza.

El aterrizaje fue muy rico, en la yerba de la Plaza. Vives una grata sensación que no sé cómo explicar. Temblaba, aunque me dominé. Caí suavemente. Antes debes flexionar las piernas hasta la altura del estómago. El instructor me indicó el momento en que debía hacerlo.

Ahora estoy muy embullada y quisiera continuar la práctica de este deporte para sentirme otra vez en las nubes.

Ella lo cuenta así, con una tranquilidad pasmosa. Sin embargo, Teresita, su mamá, agente de seguridad y protección, hasta bajó de peso cuando un mes antes su hija le confirmó que pronto podría hacer el salto. Llegado el momento no fue a verla saltar, porque no tenía valor por la cantidad de cosas en las que pensó.

Paracaidismo y medicina

Dunia opina que la carrera de Medicina tiene puntos de contacto con el deporte del paracaidismo, porque ambos necesitan decisión.

Recuerda sus tres primeros años en dicha carrera, para ella los más difíciles, con jornadas de estudio hasta altas horas de la madrugada.

«Mientras más cosas sepa hacer un médico, más ayuda podrá brindar a las personas. Nadie sabe si un día, ante la necesidad de dar los primeros auxilios para salvar a alguien, tienes que aplicar alguna de las técnicas del paracaidismo. Además, dicen que eso fortalece el carácter y le da mayor seguridad a uno mismo», explica.

La mayor parte de su tiempo la emplea en leer sobre Medicina y, cuando está libre, le gusta coser. Sonríe al recordar la expresión que tuvo su papá, Jorge Adalberto Paredes, respecto al paracaidismo: «¿Tú vas a ser médico o guerrillera?». Ni las fotos quiso ver.

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