Septiembre ha ganado negativa celebridad en Guantánamo por el azote de varios huracanes

El noveno mes del año ha ganado negativa celebridad en la Primada de Cuba por el azote devastador de varios huracanes, según consta en los archivos del Museo Matachín

Autor:

Lisván Lescaille Durand

BARACOA, Guantánamo.— Una plegaria a sus deidades protectoras estarán lanzando al horizonte miles de pobladores de la Primada de Cuba, para que septiembre no se haga notar en medio de la presente temporada ciclónica y continúe regalando días tan apacibles como hasta ahora.

El noveno mes del año se ha vuelto tristemente célebre para sus más de 80 000 pobladores, que saben de la furia del mar sobre el malecón baracoense o en los caseríos del litoral costero, donde varios huracanes, entre ellos Ike, el más reciente, quisieron darle la razón a quienes creen que sobre la ciudad se cierne un maleficio.

Según archivos del Museo Fuerte Matachín, en el siglo XIX a Baracoa la azotó un huracán, presuntamente el 3 de septiembre de 1832, causando inundaciones costeras y afectaciones a los cultivos de plátano y coco; mientras otro ciclón, acontecido en 1908 entre el 11 y el 14 de ese mes, también hizo de las suyas.

Los fuertes estragos de ese último evento meteorológico sobre las plantaciones de café, cacao, guineo (plátano) y de viviendas situadas en las proximidades marinas, fueron registrados en el Libro de Acta, Tomo 22, que compila los principales sucesos acontecidos de 1908 a 1910.

En ese mismo funesto mes, la memoria baracoense recoge en el siglo XX el azote del huracán Hilda el día 13, de 1955, y el George el 28, de 1998, responsables de afectaciones de consideración para varios territorios de la provincia, incluida la ciudad paisaje.

En el inventario ciclónico de la Primera Villa avistada por Cristóbal Colón el 15 de agosto de 1511, Ike es el más recordado por su cercanía en el tiempo, el poder arrasador de sus vientos, y la fortaleza de las olas, azuzadas desde su alejado centro.

El malvado Ike afectó más de 7 000 viviendas entre daños parciales y totales, obligó a decenas de familias a permanecer albergadas por varios meses, lanzó toneladas de escombros sobre el malecón, entre otras trastadas, pero sobre todo, avivó el espíritu solidario y el ánimo de los baracoenses para sobreponerse a las adversidades en cualquier fecha del calendario.

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