Una modestia semejante a su coraje

Algunos apuntes sobre Juan Almeida Bosque, hacedor de una historia del más cercano ayer, que parece ya leyenda

Autor:

Luis Hernández Serrano

I

Juan Almeida Bosque no había cumplido los 25 años y era un simple trabajador desconocido. Un cubano de mediana estatura, mal comido y muy delgado. Uno entre 12 hermanos, por demás pobre y de piel negra, cuando el dictador Batista hirió a Cuba por la espalda, y se atrevió a endilgarle a su felonía el sagrado nombre de «revolución».

A partir de ese bochornoso manotazo de 1952, el joven Almeida —uno de los más humildes cubanos ofendidos ante la traición de un general de dedo— jugó su corazón al azar y lo ganó la lucha por la libertad de su patria.

Para decirlo con las palabras prestadas de Graham Green en Los Comediantes, el joven obrero desconocido no se dejó ganar nunca por esa suprema perfección del egoísmo que es la indiferencia, y se sumó sin vacilaciones a la lucha clandestina contra la ponzoñosa tiranía batistiana.

De ahí que no fuera nada extraño que cuando el también joven abogado Fidel Castro Ruz y la juventud del centenario del Apóstol disparaban contra la fortaleza del Moncada, en la madrugada de la Santa Ana, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, se encontrara entre los asaltantes el humilde obrero de La Habana.

Tampoco es extraño que, luego de casi dos años, a mediados de mayo de 1955, en la gráfica que recorriera el mundo del Fidel liberado por la presión del pueblo, a la salida del mal llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos, estuviera también Almeida en la foto de los prisioneros de la dictadura.

Igualmente se fue a México y allí, en compañía de Fidel, se entrenó como integrante de la expedición del yate Granma y desembarcó en la costa sur de Oriente, como capitán jefe de uno de los tres pelotones de aquella tropa rebelde.

Cuando la inevitable dispersión de Alegría de Pío, los 82 expedicionarios se convirtieron en numerosos grupos. Trece combatientes quedaron solos. Cinco de los grupos estaban compuestos solo por dos combatientes. Tres grupos —entre ellos el de Fidel— tenían tres hombres. Otros siete grupos eran de cuatro o más combatientes, entre ellos los de Raúl Castro y Juan Almeida.

Fidel se retira del escenario del combate con Universo Sánchez y luego se les une Faustino Pérez. Raúl también se retira con Ciro Redondo, Efigenio Ameijeiras, René Rodríguez y César Gómez.

En el mismo monte, al sureste de Alegría de Pío, a pocos cientos de metros de Fidel, pero más hacia el Sur, Juan Almeida se oculta esa noche con el Che, Ramiro Valdés, Reynaldo Benítez y Rafael Chao.

El grupo de Almeida, después de avanzar hacia el Este a lo largo del diente de perro de la costa en los días siguientes a la dispersión, encuentra a los expedicionarios Camilo Cienfuegos, Pancho González y Pablo Hurtado, y el día 14 de diciembre hace contacto con Guillermo García.

El 18 de diciembre, en Cinco Palmas, en Purial de Vicana, tiene lugar el histórico encuentro de Fidel y Raúl.

Y en la madrugada del 21 de ese mes se produce el también esperado encuentro del grupo de Juan Almeida con Fidel y los demás expedicionarios. Ya son 15 los sobrevivientes del Granma que se han reunido para continuar la lucha: Fidel, Raúl, Almeida, Che, Camilo, Ramiro, Ciro Redondo, Faustino Pérez, Efigenio Ameijeiras, René Rodríguez, Universo Sánchez, Calixto Morales, Pancho González, Reynaldo Benítez y Armando Rodríguez.

II

En el combate victorioso del Uvero —el 28 de mayo de 1957— que como describiera el Che «marcó la mayoría de edad de nuestra guerrilla», Almeida recibió dos balazos: uno en el pecho y otro en la pierna izquierda.

El Che había anotado en su Diario de Campaña: «La gente de Almeida avanzaba a pecho descubierto, impulsados por su ejemplo temerario (…)».

III

El Comandante en Jefe, en sus conversaciones con el periodista Ignacio Ramonet (Cien horas con Fidel), expresó, sobre el intento del ejército del tirano de desalojar a los rebeldes de las montañas orientales:

«(…) nos lanzaron la última ofensiva. Atacaron las posiciones del frente de la Columna l, sede de la Comandancia General y de Radio Rebelde, con una fuerza de 10 000 hombres, constituidos por 14 batallones y numerosas unidades independientes adicionales de infantería, artillería y tanques, apoyados por la aviación y las unidades navales. Ellos creían que tal ataque no podía ser resistido. Fue la primera vez que defendimos nuestras posiciones palmo a palmo y no llegábamos a 200 hombres cuando ellos inician el ataque. Yo decidí mover fuerzas de otros frentes. Indiqué a Camilo, que estaba operando en los llanos, trasladarse a nuestro frente; envié similares instrucciones a Almeida para apoyarnos con parte de sus fuerzas, que ya habían abierto otro frente en la zona oriental de la Sierra Maestra, cerca de Santiago (…) Se combatió durante más de 70 días consecutivos».

IV

A Juan Almeida Bosque le tocó una época verdaderamente joven, porque casi antes de tener bigotes, se sumergió en la Revolución como el asunto mayor de su vida.

Pronto Almeida asumió la fundación del III Frente Mario Muñoz Monroy, con los grados de Comandante, y el Jefe del Ejército Rebelde le asignó importantes tareas guerrilleras.

El 8 de octubre de 1958, Fidel le daría instrucciones por escrito.

«Querido Almeida: He luchado por adelantar lo más posible los preparativos para la Operación Santiago, a fin de hacerla coincidir con la farsa electoral con el propósito de obligar a las fuerzas enemigas a una batalla de gran envergadura por esos días, que junto con otras medidas que vamos a tomar, hicieran imposible su celebración (…)

«El plan de tomar primero Santiago de Cuba lo estoy sustituyendo por el plan de tomar la provincia. La toma de Santiago y otras ciudades resultaría así mucho más fácil, y sobre todo podrán ser sostenidas. Primero nos apoderaremos del campo; dentro de doce días aproximadamente todos los municipios estarán invadidos; después nos apoderaremos y si es posible destruiremos todas las vías de comunicación por tierra (carreteras y ferrocarril) (…)

«Al Frente tuyo, que es el frente de Santiago de Cuba, quedan asignadas por ahora las columnas 3, 9 y 10. Tienes que hacer de esas tropas una potente y disciplinada fuerza que vaya dominando progresivamente y sobre todo estudiando minuciosamente la zona para cuando llegue la hora (…)

«Después del 3 de noviembre todos tus pensamientos debes dirigirlos hacia la preparación del momento en que decidamos aislar y sitiar a todas las ciudades simultáneamente. A las fuerzas tuyas corresponderá aislar las ciudades de Palma Soriano y Santiago de Cuba. Tienes que ir pensando en la destrucción de la carretera (…).

«Hay que mantener todo el tiempo, antes y después del día 3, una guerra sistemática contra el transporte, como lo están haciendo ustedes ahora (…) Estoy seguro de que no podrán resistir las pérdidas y tendrán que paralizar el transporte, creándose con esto uno de los problemas más serios a la dictadura (…)

«Pero es de suma importancia que estos planes se mantengan en secreto absoluto, así pues que te lo encarezco mucho (…)  Sobre todo hay que guardar el secreto sobre la estrategia posterior al 3 de noviembre, que no debe nunca sospechar el enemigo a fin de que no pueda prepararse para contrarrestarla. Yo iré moviéndome y situando fuerzas y en el momento oportuno daré la orden. Considero que todavía es cuestión de meses. A muy pocos le revelaré las intenciones, cada cual irá recibiendo sus instrucciones por parte (…) Recibe un fuerte abrazo, Fidel».

V

Almeida cumplió fielmente la cuota de heroísmo que le tocó en la obra colectiva de estos cincuenta años. Su más importante labor como hombre de la Revolución continuadora de la de 1868 —entre todas las funciones que ejecutó— fue la lucha por la liberación de nuestro pueblo, que equivale a decir de los de América Latina.

A él se le recuerda y se le rinde un merecido tributo, atribuyéndole lo que en una ocasión dijera Fidel acerca de todos nuestros mártires: « (…) haciendo la Revolución y garantizándola, porque solo la revolución hará siempre que se les recuerde. Si perdemos la batalla de defender la Revolución, ¿quién los recordará?».

Cuando triunfó la gesta rebelde que contribuyó a iniciar, la tercera revista Bohemia de aquel enero de 1959, al respecto, se comentaría en un pie de una foto suya con otros rebeldes: «Pasó casi inadvertido. Mientras la cucaña de la publicidad, disputaba a los verdaderos protagonistas de la Revolución el primer plano, este sencillo cubano, salido de la cantera popular, expedicionario del Granma, estratega de la gran campaña oriental, se hurtaba al fácil exhibicionismo, demostrando una modestia semejante a su coraje». Así fue siempre este símbolo de la generación histórica a quien despedimos con dolor.

Bibliografía

Diario de la Guerra. Pedro Álvarez Tabío y Herberto Norman Acosta. Suplemento Especial (del 1 al 12). Periódico Granma (de enero a mayo de 1997).

De Cinco Palmas a Santiago. Eugenio Suárez y Acela Caner. Casa Editora Verde Olivo. 2006.

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