Guerrilla de teatreros, un proyecto cultural para el campo y la montaña

Desde hace 18 años este grupo de artistas lleva el arte por las elevaciones de la Sierra Maestra y otras zonas intrincadas de Cuba

Autores:

Osviel Castro Medel
Isis Sánchez Galano

BAYAMO, Granma.— Ahora ellos sonríen al recordar aquella noche entre lomas abruptas. Sin embargo, entonces vivieron un apuro tremendo, cuando, en medio de la presentación artística, comenzó a soplar un viento «ciclónico» que apagó todas las luces, es decir, todos los mechones que iluminaban el peculiar escenario: un secadero de café.

Trataron de encenderlos, mas todo fue en vano. Alguien propuso una solución al mirar el cielo: «Vamos a actuar con la luz de la Luna». Y actuaron de una manera tan profesional que todavía los habitantes de esa comunidad, llamada Galicia, recuerdan cada momento de la función, cada risa espontánea, cada tentativa de lágrima.

Pero esa no es la única escena extraordinaria que puede contar el singular proyecto cultural comunitario Guerrilla de Teatreros sobre sus 18 años de trajines por elevaciones de la Sierra Maestra y otros puntos intrincados de Cuba.

Sus 32 integrantes pueden narrar, desde un paisaje vinculado con un mulo majadero que pateó e hizo rodar la tienda de campaña que les servía de albergue, hasta la historia del perro que irrumpió ladrando y comiéndose el mundo en una presentación, desarrollada bajo árboles silvestres.

«Cierta vez —cuenta su director, René Reyes Blázquez— un actor debía escenificar que moría, pero al caer tendido lo hizo encima de un hormiguero. Muchos de los espectadores se dieron cuenta, algunos actores también, pero el hombre permaneció ahí, resistiendo, hasta que se acabó la obra».

Ese afán de hacer buen arte aunque sea debajo de las rocas y de convertir la cultura en un néctar espiritual para personas necesitadas, ha llevado a estos guerrilleros, por ejemplo, a caminar 18 kilómetros con el fin de presentarse en un rinconcito semiolvidado. O a galopar en mulo durante jornadas enteras. O a complacer a los vecinos que a la una de la mañana, después de tanto agotamiento, les pidieron «más música».

Sí, porque la Guerrilla no es solo teatro. Sus presentaciones incluyen magia, payasos, danza, literatura, artes plásticas... y hasta cine, el cual sube a las serranías mediante un video-proyector gigante.

Encanto

El principio resultó una verdadera locura en pleno período especial. A varios artistas de diferentes grupos de Granma se les ocurrió, en marzo de 1992, crear un proyecto itinerante para llevar cultura a las montañas y barrios rurales llanos.

«Prácticamente nos fuimos por nuestra propia cuenta, aunque el Gobierno de la provincia nos ayudó siempre en lo que pudo y en esa época nos auxilió con un transporte. Nos llevamos casi en los hombros los sacos de arroz, de frijoles... de las cosas que aparecieran. Muchos en las comunidades, como no nos habíamos anunciado, hasta nos vieron como extraños o sospechosos», cuenta sobre los inicios René Reyes, quien a sus 64 años parece con la vitalidad de 30.

«Así nos pasamos tres meses y la experiencia fue tan linda, a pesar de algunas incomprensiones, que quisimos repetirla. Pero año tras año la fuimos perfeccionando en lo logístico y en lo artístico. Junto a la Guerrilla se presentaron artistas de Ciudad de La Habana, Cienfuegos, Santiago de Cuba, Las Tunas. También de otros países como Canadá, El Salvador y Honduras».

De esas primeras etapas son célebres varios platos que fracasaron al cocinarse, como un arroz pegajoso que hubo de repartirse en trozos; o un potaje que quedó sin agua, solo con los frijoles.

En 2002, luego de muchas historias de ese estilo, sobrevino una sabia decisión: que el proyecto tuviera artistas propios, con personal de apoyo incluido (chofer, cocinera, administrador). Tal paso permitió ampliar las manifestaciones artísticas y realizar presentaciones no solo en las lomas y los lugares apartados.

Claro, es en esos sitios retirados en los que el embrujo parece mayor. Los escenarios van desde caminos reales y secaderos de café hasta escuelas, portales de viviendas o escuelas y cooperativas.

«Es muy hermoso ver que cuando llegamos nos rodean de inmediato; a veces los niños serranos, después de los trucos, hasta nos han pellizcado para ver si somos reales. La gente de la Sierra es la mejor de Cuba, dondequiera nos da muestras de gratitud y de cariño», dice el mago Dainier Moya.

El hechizo de los pobladores con la Guerrilla resulta tan grande que todavía se conserva la anécdota estremecedora: una madre le comentó a su niña que parecía acercarse la primavera por el sonido constante de los pájaros. La muchachita supo responderle en símbolos: «Mamá, los pajaritos no cantan por la primavera, es que ya viene la Guerrilla de Teatreros».

Dalia González, una de las actrices, expone emocionada que «cuando nos vamos a otro caserío los niños nos lloran, nos mandan carticas sobrecogedoras y muchos van en caballo, de barrio en barrio, a ver la función una y otra vez».

Esa seducción no intencional de los campesinos y del monte la ha vivido Yaneisis Naranjo, otra joven bayamesa que soñaba con los grandes escenarios y ahora no se arrepiente de ser una guerrillera artística. «Estas giras por las lomas me han hecho mejor persona; desde que estoy aquí soy más solidaria, más fuerte físicamente, más humana».

Salvadores

No solo de arte vive la Guerrilla. Su labor social incluye cursos de teatro o técnicas literarias, juegos de intercambio con los pobladores y algo que ha tenido un enorme impacto en la gente: las charlas participativas sobre temas tan diversos como las enfermedades de transmisión sexual, la violencia doméstica y el alcoholismo.

Por eso se han colmado de reconocimientos de todo tipo, algo que no han buscado a priori: Premio Abril (2000), Premio Internacional Somos Patrimonio (2003) de los Comité de Defensa de la Revolución, y Cultura Comunitaria (2005), reconocimiento Juan Marinello del Sindicato de Trabajadores de la Cultura, bandera de colectivo Vanguardia Nacional...

«Sería pretencioso decir que hemos eliminado los problemas subjetivos que hoy tienen los serranos; sin embargo, el cambio es innegable en las maneras de comportarse y en el modo de mirar el arte. Al comienzo, varias veces chocamos con individuos pasados de tragos que nos estropeaban las funciones; ahora no sucede por nada del mundo», subraya René Reyes.

Para él, alma y sangre de este proyecto, falta mucho menos luz que hace 18 años. Ya la Luna no parece distante como entonces; parece andar en sus hombros y hasta en sus propios ojos.

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