El vietnamita tunero - Cuba

El vietnamita tunero

Chien Phuong, un hijo legítimo de Vietnam reside desde hace 18 años en la provincia Las Tunas

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— En la historia de la solidaridad cubana, Vietnam resulta un caso especial. Durante la guerra librada por su pueblo contra los yanquis en los años 70 del siglo pasado, jamás les faltó el aliento desde el caimán antillano. Nuestra embajada funcionó allá en condiciones de campaña, en plena selva guerrillera. Y cuando el Ejército de Liberación Nacional derrotó al agresor y a sus títeres, fuimos los primeros en celebrarlo. Fidel lo había dicho antes en un discurso memorable: «Por Vietnam estamos dispuestos a dar hasta nuestra propia sangre».

Dos curiosos matices, vinculados ambos con José Martí, nos articulan también con la nación hermana. Primero: el Apóstol incluyó en La Edad de Oro su trabajo Un paseo por la tierra de los anamitas, que recrea estampas de ese país asiático. Segundo: Ho Chi Minh, el legendario Tío Ho, Héroe Nacional de Vietnam, nació el 19 de mayo de 1890; y el Héroe Nacional de Cuba, por su parte, cayó en combate en los llanos de Dos Ríos también el 19 de mayo, pero de 1895.

En Las Tunas el tema vietnamita cobra actualidad con la visita a nuestro país del presidente de esa nación, compañero Nguyen Minh Triet. El agasajo, por cierto, no ha sido solamente asunto de cubanos, pues en esta ciudad reside desde hace 18 años un hijo legítimo de aquella tierra mil veces heroica: Chien Phuong.

«Llegué a Las Tunas desde la antigua Checoslovaquia, adonde mi país me había enviado para calificarme en el sector del calzado—rememora Chien en su español salpicado de vietnamita—. Allá conocí a una cooperante tunera de la cual me enamoré: Xiomara Barrero Báez. Ella regresó a Cuba en 1990 y yo vine tras sus pasos en 1991. Aquí nos casamos y creamos una familia, compuesta, además, por nuestras hijas Chena Meliza, de 18 años, y Eliachin Amalié, de 12».

Este típico ejemplar de ojos rasgados nació el 21 de febrero de 1968 en Hanoi, cuando el tronar de los cañones y las alarmas aéreas eran la cotidianidad para los vietnamitas. Por si fuera poco, la guerra tenía sumido en la pobreza a todo el país. Chien, por su juventud, no recuerda detalles, pero supo de sus rigores de labios de su padre, un coronel del Ejército que combatió en la famosa batalla de Dien Bien Phu, y por un hermano guerrillero, quien falleció víctima de las secuelas del agente naranja rociado por EE.UU. en buena parte de la geografía nacional.

«Pero al final expulsamos al enemigo y creamos una nación libre y unida —dice Chien—. Hoy, más de 30 años después, Vietnam es diferente porque los imperialistas nos han dejado en paz, lo cual no han hecho con Cuba. Si se eliminara el bloqueo contra esta Isla, ustedes serían capaces de hacer cosas extraordinarias. Si lo sabré yo, que llevo 18 años aquí y he visto a este pueblo vestirse de gloria».

A pesar del tiempo y la distancia que lo separan de su patria, Chien se cartea de forma regular con sus parientes. Entre nosotros aprendió veloz a comunicarse en español, idioma que también lee. ¡Ah!, y si hay que bailar casino o hacer una caldosa, él también posee aval.

«Es que los cubanos se nos parecen mucho», asegura. Claro, la nostalgia siempre existe. Y la de Chien es tomarse una sopa de vegetales a lo vietnamita y visitar alguna vez la gloriosa tierra que lo vio nacer.

 

 

 

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