Cuando la voluntad creció a raudales

Un día como ayer, pero hace medio siglo, se crearon las Milicias Nacionales Revolucionarias. Elio R. Jiménez, quien pasó el primer curso de la Escuela Nacional de Milicias, conversó al respecto con JR

Autor:

Marianela Martín González

«Yo soy del primer curso de la Escuela Nacional de Milicias», dice felizmente Elio R. Jiménez, un capitalino que trabajaba en las oficinas de reservaciones de Cubana de Aviación justo en el momento en que en la Isla se unían miles de cubanos para defender a la recién triunfante Revolución.

Jiménez estaba afiliado al sindicato de la Federación Aérea Nacional cuando el encargado de la formación de las milicias en su centro le pidió ayuda para conformarlas.

«Fui el uno. Sumamos en pocos días 70 u 80 compañeros, pero luego tuvimos que depurar las filas, porque aquel centro de trabajo era de una compañía de aviación de Batista».

Elio preside una comisión provincial que apoya las actividades por el medio siglo de fundadas las Milicias Nacionales Revolucionarias.

«Las nuevas generaciones deben saber que en 1959, cuando la Revolución nació, había mucho machismo y muy pocas mujeres trabajaban. Las milicias se crearon el 26 de octubre de 1959. Por cada 20 hombres incorporados se contaba una compañera. El batallón Lidia Doce era el que tenía el mayor número de ellas», comentó. Llegó a reunir alrededor de 3 000 mujeres en sus inicios. Luego se fueron sumando otras, procedentes de centros estudiantiles y de trabajo, pero nunca la integración fue masiva».

Jiménez señala que la mayoría de los incorporados eran jóvenes de 17 y 18 años, sobre todo estudiantes.

«Ese personal, por su nivel escolar, se incorporó a la base Granma, para prepararse en artillería antiaérea y en otras actividades importantes que requerían calificación. Después, la mayor parte se integró a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al MININT».

Reseña Jiménez que en los primeros días de 1959 se tomó La Habana de manera espontánea por el pueblo. Muchos de los participantes no se habían comprometido previamente en ninguna actividad revolucionaria. Cuando se enteraron de la caída del tirano Batista tomaron las estaciones de policía, y cuando salieron los combatientes de la clandestinidad que estaban presos en Isla de Pinos y en el Castillo del Príncipe, estos se pusieron al mando de todas esas unidades y se organizó de tal forma la capital.

«Cuando Fidel hace su entrada el 8 de enero de 1959 la milicia espontánea ayudó a garantizar la seguridad de los barbudos. A medida que se fue acrecentando la agresividad del enemigo contra la Revolución Cubana se empezaron a crear las milicias espontáneas, las cuales fueron llamadas populares».

Los centros laborales fueron garantes de su surgimiento, y los principales promotores eran los miembros del Movimiento 26 de Julio y otras organizaciones revolucionarias existentes.

Elio precisa que el Comandante en Jefe orientó organizar esa masa miliciana que surgía en todo el país. El entonces capitán Rogelio Acevedo fue designado el máximo responsable de esta milicia.

«Los instructores del Ejército Rebelde se encargaron de enseñar a los milicianos. Fidel estimó que había que darle un carácter más militar y formal. Crea, entonces, en coordinación con la CTC, lo que pudiera llamarse la vanguardia de esas milicias, y los envía a la Sierra Maestra en varias ocasiones, como prueba de resistencia física y moral».

Se sumaron a esta prueba compañeros del Partido Socialista Popular y del Movimiento 26 de Julio. Esa masa creció y cuando fueron a la  Sierra eran unos 800 o 900 candidatos a ser los futuros responsables de milicias.

—¿Cuánto tuvo de útil mezclar a gente sin previa experiencia combativa con otros que ya habían sido probados en la lucha?

—Esa prueba fue como un colador. Mucha gente no había vivido ninguna acción militar, y dependía de sus madres o mujeres para todo. Llegar a ese lugar inhóspito era durísimo. No es como ahora que ya hay vías de acceso; entonces era virgen prácticamente todo aquel paraje.

Elio explica que solo cerca de 600 regresaron invictos, y el Che los sometió a una prueba mayor: la Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas, la primera fundada para formar oficiales populares en el país.

«Fidel antes había creado la escuela de Cadetes de Managua, la cual tenía al frente al entonces capitán José Ramón Fernández. Escogió a combatientes del Ejército Rebelde y a otros que no pertenecían a este. Fundó así el curso».

En 1959 se graduaron los primeros oficiales del Ejército Rebelde. Esos fueron los profesores de quienes estrenaron esa escuela.  Si te cogían un polvito en los zapatos o hablabas en el baño te reportaban. Fue tan duro el curso que no se graduó la totalidad».

Acota que solo cerca de quinientos y pico terminaron. Había 16 compañeras entre ellos, que luego fueron las profesoras del Batallón Lidia Doce.

«De esa escuela salieron los artilleros que combatieron en Girón. Eran muy jóvenes, pertenecían a la Segunda Enseñanza, donde estudian actualmente los muchachos de la FEEM. Muchos fueron alumnos míos».

Elio refiere que antes de terminar el curso mandaron a una parte del personal a las  distintas escuelas que se estaban creando para formar especialistas en artillería antiaérea y terrestre, porque ya estaban entrando al país las armas provenientes de los países socialistas.

—¿Dónde estaba usted cuando la invasión mercenaria de Playa Girón en abril de 1961?

—El Comandante en Jefe mandó a situar unidades artilleras antiaéreas en muchas partes de la Isla. A mí me tocó ir para Cayo Largo del Sur, con una batería antiaérea. Allí ya había una pista de aterrizaje y construían un hotel.

«Suponíamos que los mercenarios atacarían por esta zona, para hacer una cabeza de playa en la otrora Isla de Pinos. Pero este lugar era inexpugnable. Lo que teníamos era mucho. No era posible tomar la zona. El hoy general de la reserva William Gálvez nos dirigía. Los presos contrarrevolucionarios estaban concentrados allí, y eso era una amenaza».

El miliciano alega que hubo como un conato de invasión muy pequeño. La noche del 16 al 17 de abril, en un punto de la marina que se llama Cayo Guano del Este, en la actual Isla de la Juventud, les informaron que un portaaviones y dos stronger —barco de guerra destructor que escolta a los portaaviones— merodeaban el sitio.

Elio explica que aquellos portaaviones eran la escolta del desembarco por Playa Girón. Amagaron por Oriente, por La Habana y por la zona donde él se encontraba.

«Siempre el día D, como le llaman al día del ataque, se trata de desinformar a las fuerzas defensivas. La Isla es muy grande. Había que dislocar las fuerzas por diferentes partes».

Desde sus memorias dijo que Fidel mandó a combatir a Girón a las fuerzas más preparadas en aquel entonces. La Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas, marchó en la vanguardia.

En esta oportunidad los del segundo curso que se estaban formando se batieron cara a cara con el enemigo, y garantizaron la derrota de los mercenarios.

Elio y sus compañeros permanecieron en Isla de Pinos. El 19 de abril, cuando les viene arriba la debacle en Playa de Girón, algunos mercenarios emplearon lanchas para reembarcarse y se lanzaron al mar sin saber adónde iban a parar. Recalaron en distintas partes.

«Nosotros, sin disparar un tiro, capturamos 53 mercenarios cuando realizamos el peine de los cayos».

—¿Cómo trataron a los prisioneros?

—Yo tenía 27 años y era el jefe de la batería antiaérea que se encontraba allí. El jefe del cayo era el comandante Vilo Acuña, quien luego cae con el Che en Bolivia. Era un hombre de mucha historia, pero ni uniforme, ni grados se ponía.

«Andaba vestido de guajiro y descalzo. Con este hombre al frente había que hacer las cosas muy finas, pues con todo lo sencillo que era, y lo bien que nos trataba, no admitía que se violaran principios éticos. Respetar el derecho de los presos era obligatorio, si no el peso de la ley caía sobre quienes lo violaran».

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