La boina tunera del Che

Autor:

Juan Morales Agüero

Del mítico guerrillero argentino-cubano Ernesto Guevara de la Serna existen cientos de fotografías que han sido publicadas en la prensa mundial y recorrido de un confín a otro el planeta. No es de extrañar tamaña universalidad mediática, tratándose de una de las figuras más recias de la segunda mitad del siglo pasado.

La más famosa de esas instantáneas lleva la rúbrica de Alberto Korda, artista cubano del lente. He leído en alguna parte que es la segunda imagen más divulgada de la historia, después de la de Cristo. En ella se observa al Comandante Guevara con la indignación retratada en el semblante. Fue tomada durante el multitudinario acto de repudio al sabotaje contra el vapor La Coubre en un muelle habanero, que causó más de un centenar de víctimas inocentes.

Pero no voy a hablar de la iconografía del Che, harto conocida tanto dentro como fuera de Cuba y sobre la que se han escrito quién sabe cuántas cuartillas. Solo pretendo referirme a una pieza clave de su indumentaria devenida símbolo legítimo de su personalidad.

Se trata de la boina con la que figura en la mayoría de las imágenes, incluida la del artista de referencia; la boina con la que hizo casi toda la campaña invasora hacia el Occidente del país al mando de un grupo de valientes forjados a imagen y semejanza de su líder.

El caso es que cuando llevaba a cabo la Invasión rumbo al oeste de la Isla, el Che llegó a territorio tunero tocado con una gorra de orejeras y visera que alguien le había regalado en la Sierra Maestra. Era una gorra militar, cuya procedencia no se ha establecido con exactitud. Con ella figura en varias fotos de la época, como la que un fotógrafo anónimo le tomó mientras operaba los equipos de Radio Rebelde en plena espesura de la cordillera oriental.

No tuvo aquella gorra una prolongada existencia. Andaba el Che de recorrido con sus hombres por los asentamientos de Sumacará y San Miguel del Junco, en el actual municipio tunero de Amancio, cuando la perdió durante una maniobra en el terreno.

Habituado a su uso por la fuerza de la costumbre, el jefe guerrillero le pidió hombres que la buscaran, y estos peinaron la zona una y otra vez, sin resultado alguno. Rabel Arias, un lugareño que le sirvió de práctico por aquellos días, dio fe en una entrevista periodística de la veracidad del hecho.

En tales circunstancias, y según lograron establecer mediante conversaciones con testigos varios especialistas del Museo municipal de Amancio, alguien de la tropa le ofreció al Che una boina procedente de un lote de diez piezas idénticas enviado por un simpatizante del Ejército Rebelde desde la lejana España.

El jefe de la columna rebelde la tomó en sus manos, se la probó y, al comprobar que le venía bien, se quedó con ella y no se la quitó más. A partir de ese momento, siempre apareció con boina, incluso después del triunfo rebelde, cuando fue nombrado Ministro de Industrias y recorría todo el territorio nacional vestido de campaña.

Algo quieren dejar suficientemente claro los museólogos tuneros: no les consta que sea la boina amanciera la que inmortalizó Korda sobre la testa legendaria en su mil veces famosa fotografía. Tampoco si fue la misma que llevó en la selva congolesa o en las quebradas bolivianas. Ellos saben que el Che tuvo, desde que lo adoptó, predilección por ese tipo de atuendo de cabeza. Tanto, que llegó a tener varias boinas de diferentes modelos y colores. Pero, ¿acaso no es posible también que fuera ella la agraciada?

En un intercambio de experiencias entre plazas de la Revolución del país, efectuado hace algunos años en esta provincia, el asunto de la boina guevariana fue objeto de debate. Los visitantes de Santa Clara informaron tener entre sus piezas museables más de una. Se sabe también que Aleidita, su hija, conserva otra del mismo modelo.

Pero, al parecer, los investigadores del Balcón del Oriente cubano no encontraron objeción en algo a todas luces irrebatible: donde primero el Guerrillero Heroico usó boina fue en Las Tunas. ¿Alguien opina diferente?

 

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