Que el dulce no se amargue - Cuba

Que el dulce no se amargue

Los jóvenes de la empresa azucarera Dos Río del municipio Palma Soriano en Santiago de Cuba en su asamblea abierta coinciden en que para defender la Revolución es imprescindible garantizar la producción

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

PALMA SORIANO, Santiago de Cuba.— Si los nuevos cubanos no aprovechan con responsabilidad las posibilidades que el país ha puesto en sus manos, en materia de formación y garantía de un empleo, y las ponen concientemente en función de defender desde la concreta su país, no será muy dulce el futuro de sectores productivos como el de la industria azucarera.

La idea se extendió por las áreas e instalaciones de la empresa azucarera Dos Ríos, perteneciente al municipio de Palma Soriano, con la misma persistencia del intenso olor a mieles residuales que les acompaña durante la mayor parte del año. Allí, durante la asamblea abierta, sus jóvenes fueron al grano.

Para ellos, defender la Revolución es garantizar la producción azucarera de una empresa con un alto peso en los deprimidos empeños del ramo en tierra santiaguera, que en la pasada contienda incumplió sus compromisos productivos y tiene hoy en su haber un alto número de pérdidas.

Significativa en esos resultados de la industria fue la falta de fuerza de trabajo joven, calificada, que impidió durante la zafra anterior completar los cuatro turnos de labor diarios necesarios, y obligó a emplear personas sin la requerida preparación.

Sin embargo, como enfatizaba Danny Recio, tornero del taller de maquinado, el alto número de técnicos asignados con la pretensión de transformar esa realidad que tiene hoy la empresa, no está aprovechando del todo el período de adiestramiento.

A pesar de la entrega y disciplina de muchos, como retrataban en sus intervenciones los jóvenes vinculados al área de Fabricación, hay muchachos que llegan tarde, salen de la industria antes de hora y se contentan con cobrar su salario sin mostrar gran interés por aprender más de la experiencia de sus tutores, ni por consolidar con la rapidez que urge lo adquirido en las aulas.

Reynol Nuviola, primer secretario de la UJC en la llamada ciudad del Cauto, apuntó que algunos solo están preocupados por recibir y recibir y sin hacerse muchas preguntas sobre de dónde salen las cosas o cómo retribuir lo que le han entregado. Son esos los que asumen sus compromisos laborales por marcar tarjeta, sin un verdadero sentido del trabajo.

Cualquier análisis del tema, reflexionaba la joven Yurima Acuña, redunda sobre la falta de sentido de pertenencia y de responsabilidad, pero también deja ver la ausencia de conducción, de una orientación más certera por parte de padres, tutores y otros adultos vinculados con los jóvenes.

Como alertara Fidel (llamado que hace suyo la UJC desde la convocatoria al próximo Congreso): «Si los jóvenes fallan, todo fallará». Sin una verdadera conciencia del rol que corresponde a las nuevas generaciones en tiempos de crisis y restricciones, el futuro tiene la fragilidad de la llama en medio del vendaval.

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