La historia de la «influenza» contada por Dayana - Cuba

La historia de la «influenza» contada por Dayana

A esta joven de 14 años, la experiencia de haber contraído el virus A (H1N1) le parece impresionante, aunque por fortuna ya es solo una amarga vivencia del pasado

 

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

CAMAJUANÍ, Villa Clara.— Durante varios días Dayana Castillo Cordero abandonó la calidez de su aula para confinarse, por azares de la vida, a la discreción de un cuarto solitario.

Aquella mañana en que regresó a casa, algo decaída y con fiebre, al igual que algunos de sus compañeros de estudio, luego de la pesquisa realizada en su escuela para detectar casos con sintomatología respiratoria, ni ella ni su familia fueron capaces de imaginar las horas de tormento que sobrevendrían.

«Por suerte ya todo pasó, pero qué susto, mi hijo», rememora aún exhausta su abuela Aleida Gutiérrez Guerra, quien todavía vive una sensación de sobresalto cuando escucha hablar de la influenza A (H1N1) y se acuerda que por esa peligrosa pesadumbre atravesó su nieta.

«Ahora yo sí sé que cualquiera puede coger la pandemia. Nosotros nunca pensamos que Dayana fuera a contraer esa enfermedad, pues en la casa y en su escuela ella mantiene buenos hábitos higiénicos; pero las casualidades son así. No basta con el aseo; hace falta protegerse también de esas otras personas que andan por ahí con los síntomas de una gripe cualquiera, sin pensar en el riesgo que corren y hacen correr».

Todo comenzó por un simple catarro, algo que de tan común parecía poco agresivo, recapitula la joven Dayana, ya fuera de peligro, «aunque todavía en alerta, pues eso tiene que servirles de experiencia no solo a mis allegados, sino también a todos los que pueden de una manera u otra sufrir la enfermedad.

«Días antes de yo comenzar con los primeros síntomas, mi hermano llegó a la casa con la gripe; jamás pensé que por acercarme a él, como siempre lo había hecho, iba a padecer un virus tan malo.

«Recuerdo que al inicio me sentí la boca muy reseca, me atacó un fuerte dolor de garganta y tuve mucha secreción por la nariz. Todo eso acompañado de fiebre, que aunque no fue demasiado alta, poco a poco empezó a preocupar.

«Al igual que mi hermano, yo creí que se trataba de un catarro normal. Por eso al principio no me preocupé tanto, pero mi familia sí. Como mi mamá es doctora, ella enseguida me reconoció, junto al médico de mi consultorio, y desde que levantó sus primeras sospechas, puso entonces todos sus cuidados sobre mí».

—Es cierto que los síntomas clínicos de la influenza A (H1N1) son parecidos a los de un catarro frecuente…

—Ese fue el caso mío. Por un lado estaba como si no tuviera nada, y por otro sabía que estaba infectada por un virus bastante peligroso. Por aquellos días me sentí mal, al menos estuve muy triste. Imagínate que apenas llevaba unos días de iniciado el curso escolar cuando tuve que salir.

«Según me dijeron los médicos que me atendieron, junto a mi mamá que fue la de cabecera, yo solo padecí la enfermedad en su fase más leve, pues no sufrí fuertes dolores de cabeza, ni vómitos, ni mareos, ni un malestar generalizado en todo el cuerpo que me llevara a la cama con permanencia.

«Lo que más me molestaba era el ardor en la garganta, que no se me quitaba con nada. Era terrible; no podía casi ni tragar. Al principio perdí el apetito por completo, fíjate que no lograba ni identificar bien el sabor del helado.

«Recuerdo que a ratos también estornudaba bastante, y después de los primeros días tuve mucha tupición».

—A algunas personas se les realiza un examen nasofaríngeo, que consiste básicamente en extraerle muestras de las dos fosas nasales y de la faringe. En tu caso, ¿cómo fue la prueba?

—Bastante desagradable. Cuando me tomaron las muestras de la nariz, me acuerdo que después eché mucha sangre. Por suerte, todo fue rápido.

«Durante varios días, después de hacerme la prueba, estuve sin salir a ningún lado, totalmente aislada. Eso fue lo que orientaron los médicos. Veía mucha televisión y leí algunos cuentos, pues me gustan muchos los libros; pero extrañé bastante la escuela.

«Mis compañeros de grupo se preocuparon bastante. Ellos me llamaban por teléfono y se mantuvieron al tanto de mi evolución; pero qué va, por mi casa ellos no se atrevieron a ir. Sabían que eso podía ser peligroso para su salud».

A esta joven de solo 14 años, la enfermedad no la condujo a las salas de un hospital; pero por culpa de ese virus, otras personas sí han conocido los pesares de una inesperada gravedad.

Apenas asoma el invierno, y como mismo las temperaturas prometen bajar, las preocupaciones asociadas a esta gripe tienden a elevarse; por lo que prevenir se torna tan inminente como la llegada de la estación invernal, que pudiera complicar las afecciones respiratorias.

Nuevamente los libros de Dayana han vuelto a la mesa del aula de secundaria. Ella ha regresado al reencuentro con las letras y las matemáticas, pero esta vez lo ha hecho con una impresionante experiencia, que por fortuna ya es solo una amarga vivencia del pasado.

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