El magisterio de Fidel se multiplica en pueblos y generaciones

Lo atestigua Asela de los Santos, una pedagoga que inició su labor en plena lucha del Ejército Rebelde, y que luego del triunfo del Primero de Enero ha contribuido a levantar la poderosa obra educacional de la Revolución

Autor:

Luis Hernández Serrano

La obra educacional de la Revolución Cubana no se inició después del Primero de Enero de 1959. Cuando todavía el triunfo insurreccional contra la dictadura batistiana era un sueño que se levantaba con torrentes de sacrificio y sangre, emergía en los territorios liberados del Ejército Rebelde la semilla magnífica de lo que luego se convertiría en un sistema educacional paradigma del mundo.

Quien lo atestigua es nada menos que Asela de los Santos, una de quienes dieron vida a esa simiente en las columnas guerrilleras del Segundo Frente Oriental Frank País, bajo el mando del entonces Comandante Raúl Castro.

La pasada semana tuvimos la oportunidad de dialogar con esta pedagoga y revolucionaria, en lo que se convirtió en un recorrido histórico que pasó también por la alfabetización, que tuvo lugar en plena guerra de liberación nacional, de 1956 a 1958.

Esa historia la cuenta ella, una de sus protagonistas, como Jefa del Departamento de Educación del II Frente Oriental Frank País.

«Como educadora pienso que lo logrado por los cubanos en este campo, y el apoyo decisivo dado por los maestros a la alfabetización en Bolivia, Venezuela y Nicaragua, ha sido algo nunca antes realizado, una tarea conjunta con esos pueblos, una obra de titanes».

Antes de referirse a aquella experiencia educacional que es historia, Asela quiso hacerles llegar a todos los educadores cubanos y a sus dirigentes el reconocimiento por la digna labor que realizan.

«Sé que en estos momentos crece el esfuerzo, se multiplican los resultados, y sobre todo se aúnan voluntades entre escuelas, familias, organizaciones e instituciones para continuar el desarrollo educacional, que es compromiso y deber con nuestro pueblo y con los pueblos de América.

«Esta hermosa historia tuvo sus antecedentes en la Sierra Maestra durante la guerra, ya que en todas sus columnas siempre había un maestro dándoles clases a los combatientes que no supieran leer ni escribir. El Che fue un ejemplo, ya que tuvo dos alumnos. Además, en los poblados por donde pasaba Fidel con la guerrilla iba dejando una escuelita para los campesinos. Esa actuación fue consecuente con lo expresado por él en La Historia me Absolverá, donde denunció la ignorancia e incultura a que los gobiernos de entonces tenían sometida a la población, y las cifras de analfabetos y semianalfabetos así lo demuestran.

«Las ideas y experiencias de la Sierra, de iniciar en plena guerra la batalla contra la ignorancia, se llevaron a cabo en el II Frente desde su surgimiento, y Raúl fue el portador de estas y las puso en práctica creadoramente».

Frente de lucha y educación

Asela evoca con orgullo cómo en febrero de 1958, el Comandante en Jefe Fidel Castro le comunicó al entonces Capitán Raúl Castro su decisión de ponerlo al mando de una nueva Columna, y de inmediato por orden escrita lo ascendía al grado de Comandante y lo designaba Jefe de la Columna 6, formada por 78 hombres que partieron de la Sierra hacia el nordeste de Oriente.

«Después de una travesía de diez días, sin apenas descansar, llegan el 11 de marzo a Piloto del Medio, al norte del municipio de San Luis, donde queda oficialmente constituido el II Frente Oriental Frank País.

«De inmediato comenzó una etapa de asentamiento y organización. Raúl recorre el territorio donde se instalará el Frente. Se crean comités de campesinos revolucionarios, con tareas de abastecimiento y vigilancia, así como se establece contacto con los grupos de alzados del 26 de Julio que operaban en la zona, organizándolos en compañías.

«Se comienzan a formar las estructuras militares por todo el Frente. Estas combaten y se abastecen de armas y parque en cada acción. Esa zona rebelde es bombardeada ferozmente por la aviación enemiga. La ofensiva del ejército de Batista intenta penetrar y se combate en todo el territorio. Fue esta una etapa muy compleja, que evidenció la capacidad e inteligencia de Raúl para dirigir —conforme a la estrategia y las tácticas— las acciones que detuvieron y derrotaron al enemigo en aquel territorio. Las fuerzas rebeldes se crecieron con heroísmo, impidieron el avance del enemigo y desalojaron a las tropas que intentaron apoderarse de las zonas rebeldes.

«Derrotada la ofensiva de la tiranía, se inicia una etapa de consolidación del Frente; fueron creadas columnas y departamentos en una estructura administrativa-militar para apoyar el desarrollo de la lucha armada en el territorio y vincular a la guerrilla con la población civil y con instituciones económicas de la región.

«Ya en septiembre de 1958 se habían creado las Columnas 6, Juan Manuel Ameijeiras; la 16, Enrique Hart; 17, Abel Santamaría, 18, Antonio López Fernández; 19, José Tey; 20, Gustavo Fraga y la fuerza aérea rebelde. Cada una operaba en una zona definida, y ampliaba el territorio libre. Sus jefes tenían muy bien esclarecidas sus misiones y vínculos con el aparato administrativo.

«La estructura administrativa-militar asumida estaba formada por los departamentos de Guerra, Justicia, Sanidad, Propaganda, Finanzas, Construcciones y Comunicaciones y el de Educación, así como un Buró Agrario y otro Obrero. Cada uno de tales departamentos tenía claro lo que debía hacer y lo cumplió sin trabas burocráticas y sin esquemas; la actividad administrativa estuvo regulada por órdenes militares, por la Ley Orgánica del Frente y por disposiciones de los jefes según se requiriera.

«El Departamento de Educación se organiza como tal en agosto de 1958, pero antes de esa fecha ya existían indicaciones del Comandante Raúl de organizar la alfabetización de los combatientes y de reabrir las escuelas cerradas del territorio, cuyos maestros habían sido autorizados por el Gobierno batistiano a no permanecer en la zona de guerra.

«Yo había estado en el II Frente para llevar un mensaje, y en esa ocasión conocí a Raúl y me comprometí con él en lo que considerara que pudiera ayudar. La compañera Vilma, que era mi jefa, me mandó un mensaje a Santiago de parte de él de que fuera para el II Frente a trabajar en los problemas de la educación. En agosto de 1958 me encargó la tarea, esclareció lo que debíamos hacer y nos asignó recursos que nos permitieron trabajar, a la vez que apoyaba nuestra autoridad en las diferentes columnas.

«Para acometer esas misiones educativas formamos un buen equipo. Había maestros y pedagogos. Raúl nos enviaba con frecuencia a compañeras y compañeros que venían de Santiago y Guantánamo. Se estableció una estructura similar a la de todo el Frente, por columnas y compañías en cada instancia, con un responsable de educación que casi siempre era un maestro graduado.

«Logramos también designar a los maestros procedentes de las filas del Ejército Rebelde o seleccionados de la vecindad para trabajar en las escuelitas. Se inició el trabajo de alfabetización de los maestros mediante orientaciones organizativas y técnicas elementales, con el libro de primer grado del pedagogo cubano Carlos de la Torre, que inducía el método analítico-sintético. Se enseñaban la escritura y las cuatro reglas aritméticas, y en las escuelas más adelantadas íbamos a empezar con el segundo plan cuando triunfó la Revolución.

«Para los niños de la zona se abrieron más de 400 escuelas entre las ya existentes y algunas creadas por los propios campesinos. El nombre de todos los maestros rebeldes y de la escuela y la zona donde trabajaron, aparecen en el libro de mi autoría Visión de futuro, sobre educación, publicado en 1998 por la Editorial Verde Olivo, en homenaje a los que hicieron posible aquella hermosa obra.

«Allí se creó una escuela para maestros-políticos de la tropa subordinada al Comandante Raúl Castro. Tuvo como profesores a Nivaldo Causse, Jorque Risquet, Juan Escalona, Vilma Espín y Manuel Cruz Muñoz. ¡Una experiencia de extraordinarios resultados que bien merece un reportaje!».

Ascenso al magisterio de la Revolución

La hoy Doctora en Ciencias Pedagógicas, que con la Revolución llegaría a desempeñarse como Ministra y Viceministra de Educación durante muchos años, nació en Santiago de Cuba el 10 de septiembre de 1929, en el seno de una familia humilde. Sus padres, José y Parmenia —que murió de 108 años—, estuvieron muy preocupados por la educación de sus cuatro hijos.

«Entre ellos, Nereida y yo nos hicimos maestras. Una tercera, Plinia, se graduó de Bachiller y comenzó a trabajar en la Empresa Telefónica; y el otro, José, realizó estudios de Secretariado en una academia privada.

«En 1949 ingresé en la Universidad de Oriente, en la especialidad de Pedagogía. Me gradué en 1954 como Doctora a partir de una investigación o Tesis de Grado sobre Las frecuencias ortográficas más graves en los niños de la escuela cubana.

«Mi tutor fue Herminio Almendros, profesor de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Oriente. Él influyó mucho en el grupo de pedagogos que nos formamos en aquellos tiempos; un profesional extraordinario, que enseñó a sus alumnos a ser un poco irreverentes con los temas pedagógicos, a no ceñirse a los cánones, a abrirse y tomar nuevos caminos.

«Era un español muy culto y de un pensamiento muy revolucionario dentro de su esfera, y también en lo ideológico. Vino como refugiado republicano a Cuba en 1940. Creo que esas influencias suyas me sirvieron de mucho en el II Frente para acometer problemas de la educación que no estaban previstos en ningún libro de Pedagogía ni Didáctica de la época.

«Me gradué primero en la Escuela del Hogar. Después en la Universidad de Oriente, como licenciada; posteriormente, logré el título de Doctora en Pedagogía, y al triunfo de la Revolución obtuve el grado de Doctora en Ciencias Pedagógicas.

«La Universidad de Oriente en sus inicios no tenía estatus oficial. Estaba regida por un patronato. Oriente quería su universidad y para lograrla se emprendió una ardua campaña por las fuerzas cívicas y personalidades de la cultura de la provincia, con la participación directa de profesores y alumnos.

«En aquellos momentos no éramos muchos alumnos; había solamente cinco facultades. Prácticamente todos nos conocíamos y nos unimos mucho en aquella campaña.

«Allí conocí a Vilma, que fue una de las estudiantes más destacadas de la Universidad, no solo en lo académico, sino también en lo deportivo y cultural. Fue capitana de equipo de voleibol y solista de la coral universitaria. Participaba en eventos científicos y en las manifestaciones estudiantiles por las fechas históricas, entonces actos políticos de denuncia a los gobiernos corrompidos.

«Vilma estuvo influida por ideas sociales progresistas que en la Universidad muchos profesores divulgaban, entre ellos el doctor José Antonio Portuondo, como la batalla contra el llamado Canal Vía Cuba, que pretendía partir a la Isla en dos y que él rechazó públicamente al denunciar las verdaderas pretensiones de aquel proyecto.

«Vilma fue alumna del doctor Julio López Rendueles, brillante profesor y eminente físico-químico-matemático. Y también nos hablaba de literatura, poesía, psicología, etcétera. Un exiliado español republicano y marxista. Influyó mucho en Vilma, no solo debido a su formación científica, sino también por las verdades de sus argumentos. Igualmente influyó en un grupo de jóvenes que no éramos directamente sus alumnos, pero que lo buscábamos para intercambiar ideas, preguntar y saber. Desde entonces yo estoy vinculada a Vilma y junto a ella participé en todo el proceso de la lucha clandestina. Ella siempre fue mi jefa.

«Cuando el golpe batistiano del 10 de marzo de 1952, la Universidad cerró sus puertas y el Consejo Universitario y la FEU se pronunciaron contra este y fuimos a la huelga.

Hubo un grupo de alumnos que durante ese período nos mantuvimos en la Universidad, entre ellos Vilma. Allí permanecimos para intercambiar ideas con otros dirigentes estudiantiles sobre cómo actuar contra aquel nefasto golpe de Estado. Ahí conocimos a Frank País, que era presidente de la Asociación de Maestros Normalistas, a Pepito Tey y a otros dirigentes estudiantiles.

No creíamos en los políticos

La generación a la que pertenece Asela de los Santos llegó a la juventud con una clara percepción de que en Cuba no había solución política por la vía de la lucha cívica, porque los jóvenes no creían ni en los políticos ni en sus partidos.

«Vilma, en una entrevista que ofreció a la Revista Santiago, manifestó que el 10 de marzo lo sintió como una gran ofensa a la Patria, y desde ese momento decidió participar en la lucha por eliminar aquel estado de cosas.

«Con los sucesos del 26 de julio de 1953 su pensamiento revolucionario se radicaliza, y se vincula a Frank, que estaba por la vía de la lucha armada. Por su patriotismo y su disposición de entregarse a la lucha y dar su vida si fuera necesario, muy pronto Vilma se convierte en una destacada figura revolucionaria. El asalto a los cuarteles de Santiago y Bayamo fue protagonizado por una vanguardia de nuestra generación, de nuestra juventud, convencida de que solo era válida la lucha armada.

«El estudiantado de aquella época tuvo un rol protagónico en ese período; nuestras formas de lucha antes del 26 de julio eran manifestaciones callejeras y desafiar autoridades mediante palabras y consignas, porque no teníamos armas. Después de los asaltos, todos aquellos dirigentes juveniles, entre ellos Frank País y Pepito Tey, se convirtieron en miembros del Movimiento 26 de Julio y adoptaron la lucha armada, dispuestos a entregar la vida.

«Frank País tenía la virtud de convencer e inspiraba confianza, y para mí fue el jefe revolucionario que seguíamos, seguros de que lo que él dijera o hiciera no fallaría. Sus dotes de dirigente estaban avaladas por un sentido ético en su manera de actuar; era muy valiente y predicaba con el ejemplo.

«Después del 10 de marzo, la Generación del Centenario realiza una de las hazañas revolucionarias de mayor impacto en la juventud, al atacar los dos cuarteles mencionados, un gran ejemplo de patriotismo, valor, sacrificio.

«Los grupos de jóvenes revolucionarios se organizaron en todo el país, y en Oriente Frank es una de las figuras más sobresalientes en la organización de la lucha clandestina. Vilma participaba en ese proceso también y me habló para que yo me integrara al Movimiento 26 de Julio. Una vez constituido este, Fidel designa a Frank como jefe de acción nacional.

«La lucha clandestina fue traumática; se vivía en una permanente alerta de lo que podía ocurrir, pero nos fue curtiendo. Después de muchos meses de trabajo clandestino íbamos tomando confianza y se iba perdiendo el sentido de peligro.

«Los uniformes y brazaletes para el Ejército Rebelde que se confeccionaron en Santiago de Cuba, lo hacían grupos de costureras y otros recogíamos y acopiábamos los uniformes para ser enviados a la Sierra. A veces me daba gusto pasarles por el lado a los casquitos con esa carga en las bolsas que llevaba.

«Nos dedicábamos a otras tareas de avituallamiento, el traslado de armas cortas y de parque, y en ocasiones acompañábamos a los jóvenes simulando que éramos parejas como una forma de enmascaramiento. Así llevamos a muchos de los que integraban el primer refuerzo que fue a la Sierra Maestra. Vilma en numerosas ocasiones fue manejando para efectuar este traslado.

«He expresado muchas veces que la lucha clandestina sin la mujer no hubiera podido hacerse de manera tan efectiva. Las mujeres de Santiago, y las de todo el país, dieron muestras de un gran valor, osadía y audacia, la que suelen tener cuando se entrenan en la lucha.

«Después de la huelga de abril se determinó que Fidel, además de la jefatura del Ejército Rebelde, asumiera la de la lucha clandestina en el Llano y la de las Milicias urbanas de las fuerzas cívicas, es decir, todo el mando centralizado para hacerle frente y derrotar la ofensiva que había desatado el ejército de Batista contra las fuerzas del Ejército Rebelde. Se decidió que muchos cuadros de dirección pasaran a la Sierra, y que Vilma fuera para el II Frente Oriental Frank País.

«Se comenzó la contraofensiva y con esta la extensión de columnas rebeldes por todo Oriente y el avance de las columnas invasoras de los Comandantes Camilo y Che».

La escuela de la lucha

Esta mujer tiene la convicción de que a partir del Moncada, y posteriormente al triunfo de la Revolución, todas las generaciones de cubanos que han surgido después de estos hechos han sido salvados por las ideas revolucionarias de Fidel Castro.

«Él y la Revolución transformaron para bien la vida de todos los cubanos, no solo por la dignidad que representa tener una patria libre, independiente y soberana, sino porque nos han enseñado el camino de la solidaridad, del humanismo y del internacionalismo, que es como con justeza y justicia decía el Che, el escalón más alto al que puede aspirar un ser humano».

Le preguntamos a Asela su criterio acerca de lo declarado por Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana sobre una posible autodestrucción de la Revolución, y argumentó:

«Fidel nunca dice algo por gusto. A él siempre, cuando hace una declaración como esa, que repercutió en todos nosotros, lo anima un sentido de alerta. Creo que este pueblo con una advertencia como aquella de nuestro Comandante en Jefe, no permitirá que se destruya la Revolución, ni la dejará destruir por nadie.

«Y esta afirmación la hago cuando conocemos de las hazañas de nuestros médicos, personal de salud o de nuestros maestros y técnicos de educación que andan por esos lugares tan inhóspitos, subiendo lomas y cruzando ríos, corriendo riesgos, en medio de epidemias y peligros, para llegar a lugares de población desfavorecida, donde más los necesitan. Y cuando veo eso, creo más en nuestro pueblo y en la Revolución que los ha educado.

«Por todo lo anterior considero que Fidel ha sido y sigue siendo nuestro principal maestro. Sus enseñanzas han trascendido fronteras. Con esa influencia suya para llegar a las grandes masas cubanas y a los pueblos que lo siguen aclamando; por esa capacidad de influir y llegar a los corazones y a las mentes y educar con su palabra, su moral, su obra y su ejemplo. Él nos ha educado a todos nosotros. En síntesis, el magisterio de Fidel se multiplica en pueblos y generaciones».

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