Jóvenes universitarios llaman a fortalecer el liderazgo de la vanguardia juvenil

Las asambleas de balance de la Unión de Jóvenes Comunistas de la Universidad de La Habana, del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría y la Universidad de Oriente analizaron temas profundos lejos de la complacencia

Autores:

Dora Pérez Sáez
Odalis Riquenes Cutiño

Si algo caracterizó las asambleas de balance de la Unión de Jóvenes Comunistas de la Universidad de La Habana y del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (CUJAE), celebradas esta semana, fue la falta de complacencia.

En la CUJAE sus militantes hicieron recordar el viejo refrán de no están todos los que son, ni son todos los que están. Y es que, reconocieron los jóvenes, hay miembros de la organización que lejos de apoyar, dificultan su trabajo y funcionamiento. Para Carlos Rafael Gómez, de la Facultad de Ingeniería Eléctrica, existen tres tipos de militantes: el pasivo, que siempre está sentado y cumple para «quitarse de arriba» al secretario general; el cansado, al que le molesta la actitud del pasivo y tiene ganas de hacer, pero que al ver que las cosas no cambian, se cansa; y el activo, el único que debiera existir.

Ernesto López, futuro ingeniero industrial, fue radical al plantear que es necesaria una depuración de las filas. Del otro lado, Hilda Palacios opina que esa no es la solución. «Hoy no todos estamos entre los mejores, pero creo que un trabajo, una mayor preparación, puede rescatar a ese grupo que nos afecta. Sin olvidar que nosotros también debemos ser ejemplo, y a menudo no lo somos».

El tema será analizado profundamente en el Congreso. Mientras tanto, los muchachos de la Colina tampoco se duermen en los laureles. Ellos saben que a veces el proceso de crecimiento es superficial, y que de la gran masa de jóvenes que integra la organización no todos integran la vanguardia.

Lo confirmó Ángel David Fernández, de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, quien afirma que no todos bajan por la Escalinata cuando se les convoca.

«Dan prioridad a la docencia —afirmó—, a la superación. Y paradójicamente, en respuesta a esa actitud, no hemos logrado que la evaluación del militante sea como debe ser. Todos salimos satisfactorios, en el comité de base no se discute a profundidad por qué no participamos en las actividades, por qué no nos superamos más políticamente».

Este joven sostuvo la necesidad de un mayor apoyo del Partido y de la propia institución para realizar un buen trabajo político. Una meta que deben trazar juntos, si se quiere formar el profesional integral que necesita el país.

«Algunos profesores aún no se han dado cuenta de la importancia de la superación político ideológica de los jóvenes, y que muchas veces los estudiantes tenemos que faltar a las clases para participar en las actividades de la UJC porque si no, están vacías.

«Y es que si entre los más de 4 800 militantes que hay en la Colina se distribuyeran las tareas, todas tuvieran la asistencia y masividad que se requiere, y no tendrían otros estudiantes que faltar a clases. A esos alumnos hay que reconocerlos, porque se superan doblemente, y ese es el profesional que necesita la Revolución. El comprometido y preparado académicamente».

Pero, ¿qué hacer para que el estudiante se comprometa? No se trata de orientar una tarea, sino de que desde ese mismo momento se cuente con los jóvenes, se busque la mejor manera de convocarlos, para luego involucrarlos en el proceso y por último evaluar como salió.

Pensar estratégicamente, reclamó Ariel Soltura, profesor de Ingeniería Industrial, especialmente en momentos como este, en que no abundan los recursos.

«Eso requiere —dijo— priorizar las cosas. Y a la hora de hacerlo, debemos identificar cuáles son las que generan un alto impacto, tanto para la motivación de los militantes como para la sociedad. No llenarnos de muchas tareas, que en ocasiones nos atormentan y no podemos dar abasto».

Gretel Rafuls, de la Facultad de Comunicación Social, llamó a ser coherentes. «No podemos sentirnos con el derecho de hablar sin tener responsabilidad, hablar y después no hacer. El dirigente debe recordar siempre que representa a una mayoría, y tenemos que sentirnos obligados a ir y rendirles cuenta a esa gente que nos eligió».

Mucho se habló de la necesidad de una integración superior entre la FEU, el Partido, la UJC y la universidad como institución. Para Sandra Soca, de la Facultad de Psicología, esos problemas de incomunicación no existirían si en cada comité de base, con la supervisión del comité de la Facultad, se elaborara una adecuada estrategia de trabajo.

«Pero generalmente en las Facultades hay metas y objetivos, sin embargo, no hay una estrategia definida, un qué vamos a hacer, cómo y quiénes lo haremos, con qué sistematicidad se revisa, en qué plazo de tiempo se cumplirá. Si eso se hiciera, no debíamos estar discutiendo los mismos problemas que se discutieron hace tres años».

¿Dónde quedó la propaganda revolucionaria inteligente, aquella que una vez invadió los pasillos y las escaleras de las Facultades?, se preguntaron algunos. ¿Por qué nunca se ha pensado en crear una radiobase en la Universidad que funcione a la una de la tarde, en el cambio de sesión, donde se informe de las actividades?

La Facultad de Comunicación Social tiene el deber y el compromiso de hacer un aporte mayor en la divulgación. Al igual que la de Derecho tendrá que ser protagonista, en los próximos meses, en explicarles a alumnos de otras Facultades las características de las elecciones del Poder Popular, a celebrarse en abril.

Son muchos los retos que aguardan a los universitarios habaneros. La preparación de los militantes, multiplicar el apoyo a la Revolución…

¿Espectadores o protagonistas?

Con el lenguaje directo y desenfadado de estos tiempos y la profundidad y compromiso inherentes a un centro formador de pensamiento, intercambiaron sobre reiterados e imprescindibles tópicos los militantes de la UJC de la sexagenaria Universidad de Oriente (UO), reunidos en su asamblea de balance, con la que cerró el proceso de base previo al IX Congreso de la organización en esta oriental provincia.

Y es que a pesar del despertar en el funcionamiento interno de sus estructuras, reconocido por la máxima dirección de la organización juvenil en el país; más allá del accionar crecido de sus jóvenes, palpable lo mismo en el aporte productivo a la cosecha cafetalera que en la promoción de actividades patrióticas, científicas, políticas, deportivas y culturales, que ya trasciende los muros universitarios, son muchas las reservas que aún quedan inexploradas en el importante colectivo, sobre todo en el alto empeño de entregar a la sociedad profesionales verdaderamente revolucionarios, con una actitud y posición acordes con lo que el país necesita.

¿Por qué militantes crecidos en el Preuniversitario o en la temprana Secundaria al llegar a las aulas universitarias se apartan muchas veces de su compromiso político? ¿Por qué en la medida en que van venciendo años se muestran apáticos al aporte, la asunción de responsabilidades y la participación en las actividades, concentrándose en ocasiones en posiciones docentistas? ¿Por qué los militantes, el grupo de vanguardia llamado a enfrentar lo que obstaculice la obra formadora de la universidad cubana, en ocasiones convive pasivo en las aulas con tales actitudes y deja de lado la combatividad y el ejemplo transformador?

Por estos caminos, no por trillados menos espinosos en un contexto de adversidad económica y agresividad externa, anduvo el debate de la reunión juvenil.

Sin dar recetas, el análisis ratificó el camino que tienen por delante las estructuras juveniles en aras de cumplir con el cometido histórico de las presentes generaciones en la continuidad histórica de la Revolución.

Es la universidad, como reflexionaba la profesora Esperanza, del Departamento de Marxismo, un centro que recibe más militantes de los que crece, los que llegan procedentes de enseñanzas anteriores, a veces fruto de procesos inadecuados. He ahí la primera causa de que muchos de sus jóvenes no estén después a la altura del compromiso mayor como estudiantes y noveles revolucionarios que implica cursar hoy estudios superiores.

Durante los próximos cinco años, coincidían los delegados, muchas veces el trabajo político creador y diferenciado falla y en no pocas ocasiones el comité de base se convierte en un espacio formal, en el que la falta de objetivos medibles limita la participación y los métodos de convocatoria se alejan de los resortes que mueven a la juventud de los 2000.

En esas circunstancias, cuando falta además liderazgo e intencionalidad en el quehacer de la UJC y las relaciones entre el comité de base y la brigada de la FEU, células donde se decide la vida de ambas organizaciones, no son lo que debieran, la combatividad es trocada por la tolerancia, la ejemplaridad por el acomodamiento, y los militantes más que protagonistas activos, convocados por su conciencia revolucionaria, pasan a ser meros espectadores.

El joven profesor Raúl Vega lo dejaba claro: la participación de los universitarios hoy es directamente proporcional a la identificación que tengan con sus organizaciones y eso no se logra si las tareas que proyecta el Comité UJC no tienen más fuerza en espacios como las facultades o si no se involucra a los jóvenes en la concepción y realización de las ta-

reas, de manera que todos se sientan parte de los resultados.

Lejos estará la organización de vanguardia de la juventud cubana en las universidades del funcionamiento eficiente que le permita estar a la altura de su época, si sigue repitiendo los vicios de otros tiempos y lugares.

La senda del éxito, como les decía Parmenio Bringues, secretario del Partido en la institución, debe echar mano a métodos más creativos, inteligentes y diferenciados para llegar a la base; interpretar y atender oportunamente las inquietudes de su universo, funcionar desde el vínculo, la discusión y la responsabilidad colectiva en la que la combatividad sea el camino de las soluciones.

Así, y como la mejor forma de coronar lo alcanzado hasta hoy en materia de funcionamiento, la juventud de la sexagenaria Universidad de Oriente cumplirá con su misión transformadora desde la jovialidad de sus años y la certeza de que el relevo está garantizado.

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