Tras la luz del centenario del Apóstol - Cuba

Tras la luz del centenario del Apóstol

La Marcha de las Antorchas es el homenaje del pueblo cubano al natalicio de José Martí. A 57 años de la primera peregrinación, dos ex dirigentes estudiantiles de épocas diferentes rememoran la auténtica tradición

Autor:

Wilmer Rodríguez Fernández

Aún no puedo precisar en qué año oí hablar por vez primera de la Marcha de las Antorchas, solo recuerdo que cursaba la enseñanza primaria en una escuela del poblado matancero de Alacranes. Era la tarde de un 27 de enero cuando busqué un palo o una madera, y en uno de sus extremos envolví un paño, que amarré con alambre. Aquella era la antorcha que me acompañaría en el desfile. Ya de noche, cuando una algarabía de pueblo se aunó frente al busto del Apóstol del parque local la empapé en queroseno y se hizo la llama. De aquello conocía que era uno de los homenajes más pretéritos que se realizaban por el natalicio de José Martí, pero nada más.

Alumbramiento de una tradición

Las inquietudes propias de un estudiante fueron las que me enrumbaron a conocer la génesis del acontecimiento primero, y después, la investigación periodística me obligó a entrevistar a testigos e indagar en pequeños detalles, que engrandecen y humanizan los relatos históricos. Por ello fue que una tarde de este enero, me recibió en su despacho el profesor Juan Nuiry Sánchez, quien fuera dirigente estudiantil de la Universidad de La Habana en la década del 50 del pasado siglo, y participante de la primera Marcha de las Antorchas.

Nuiry es un apasionado de la historia, y nos responde con precisión el porqué de la idea de que miles de cubanos marcharan por céntricas calles habaneras con una antorcha en la mano, la noche del 27 de enero de 1953: «Ese año se cumplía el centenario del natalicio de José Martí. Entonces, el dictador Fulgencio Batista y Zaldívar, para hacerse el gran martiano organizó una serie de actividades en conmemoración a la fecha e invitó entre otras personalidades a la mexicana María Mantilla, la hija espiritual del Maestro. Además, el 10 de enero de ese año, la FEU, junto a los entonces estudiantes Raúl Castro Ruz, Léster Rodríguez, Conchita Portela y Fructuoso Rodríguez colocaron un modesto busto de Julio Antonio Mella frente a la Escalinata de la Universidad. Cinco días después, la imagen del fundador de la FEU apareció manchada de chapapote. La reacción del estudiantado fue increíble y a las tres de la tarde salió una manifestación contra Batista desde la Colina hasta el Mausoleo de los Estudiantes de Medicina en Prado y San Lázaro.

«A una cuadra del destino nos reprimió la Policía, la Marina y los Bomberos. En ese encuentro fue herido el estudiante de Arquitectura Rubén Batista Rubio. También caímos presos un grupo de compañeros y nos llevan para el Buró de Investigaciones. Allí llegó el abogado Fidel Castro, quien nos dijo, en un tono muy confidencial, que Batista no quería que amaneciéramos en la cárcel porque el estudiante herido de gravedad se llamaba igual que su hijo mayor, y eso sería un escándalo político y periodístico.

Armas, más que antorchas

«A Rubén lo ingresan en la Clínica del Estudiante del Hospital Calixto García. No lo dejamos ni un minuto solo para que nada le sucediera, hasta que falleció el 13 de febrero, convirtiéndose en el primer mártir de la FEU de esa etapa. Durante aquella agonía sucedieron dos hechos importantes: En las afueras de la clínica Fidel Castro conoció a Renato Guitart y allí se empezó a hablar de una manifestación hasta la Fragua Martiana para marchar con unas antorchas, en señal de protesta contra la dictadura.

«Conchita Portela, quien era vicepresidenta de la Asociación de Alumnos de la Escuela de Pedagogía e integrante del Frente Cívico de Mujeres Martianas fue la que propuso la idea en una reunión de la dirección de la FEU de la Universidad, la cual fue aprobada».

Juan Nuiry reconoce que no se puede escribir la historia de la marcha de 1953 sin hablar de la colaboración de Manolito Carbonell, estudiante de Derecho, y de Felo Comezaña, de Agronomía, quienes con la ayuda de otros condiscípulos adquirieron la madera, la estopa y un latón con combustible y armaron las antorchas en los sótanos del Estadio Universitario. «Aquellos mechones tenían clavadas grandes puntillas, con el fin de defendernos en caso de agresión policial. Eran armas, más que antorchas. En la Universidad también había chivatos, la policía supo lo de los clavos y por suerte no nos entorpeció», rememora el también capitán del Ejército Rebelde.

Todo ello era parte de la contracampaña de la FEU y las fuerzas más revolucionarias del país a los homenajes oficiales por el centenario del natalicio de José Martí. La noche del 27 miles de cubanos empuñaron las antorchas como banderas y caminaron por las calles San Lázaro, Infanta y Espada, hasta llegar a la Fragua Martiana, lugar donde José Martí realizó trabajos forzados durante su presidio político.

Cuenta Nuiry que Fidel Castro aprovechó la manifestación para que avanzaran, junto a los estudiantes y el pueblo, los jóvenes que el 26 julio de ese año, iluminados por las ideas del Maestro, asaltarían dos cuarteles del ejército de la tiranía. Tiempo después, el 16 de octubre de 1953, en la penúltima vista del juicio por el asalto al Moncada Fidel expresó: «Cuba, ¿qué sería de ti, si hubiéramos dejado morir a tu Apóstol?».

La primera después de 1959

Así transcurrió aquella marcha de las antorchas, un suceso auténtico en un trascendental contexto histórico, pero la caminata de pueblo ardiente se reeditó después del triunfo de la Revolución, el 27 de enero de 1973, en el aniversario 120 del nacimiento del Héroe Nacional, pero en un proceso de alumbramiento social y espiritual de la nación.

Esta primera peregrinación posrevolucionaria permanece en los recuerdos del entonces presidente del Secretariado Nacional de la FEU, Ismael González González Manelo, quien califica de extraordinaria la ocasión en que reeditaron por primera ocasión después de la Revolución la Marcha de las Antorchas, el 27 de enero de 1973. Recuerda Manelo que «cuando los estudiantes concentrados en la escalinata estaban listos para partir, me reuní con Raúl Castro y Vilma Espín frente a la Facultad de Física, otrora Facultad de Tecnología. Ellos venían acompañados por Ángela Davis, comunista y activista del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos.

«Ángela había sido acusada de asesinato y secuestro, pero una campaña mundial de solidaridad permitió su excarcelación. Bajamos Raúl, Vilma, Ángela y yo, por la calle Ronda, rumbo a la escalinata, para encabezar la marcha, pero en las inmediaciones de la entrada del estadio Juan Abrahantes, Raúl nos preguntó si era posible retrasar el inicio de la marcha por unos minutos porque le informaban que Fidel asistiría al desfile. Es ese día que por primera vez estoy junto a Fidel. Terminé de hablar en la Fragua Martiana; allí la gente pedía que él hablara y en esa ocasión no lo hizo. Al otro día hubo un desfile martiano en la Plaza de la Revolución, al que también asistió».

Decenas de miles de cubanos hemos prendido una antorcha como emblema de iluminación espiritual y del conocimiento, no solo para irradiar el Alma Máter o la calle San Lázaro de la capital, sino ciudades y poblados, como aquella que encendí una noche ante el busto del Maestro en mi Alacranes natal.

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