A golpe de bibijagua

Estos insectos existen en nuestra isla desde los tiempos en que Colón escribió que podía caminarse de un extremo a otro de ella atravesando los bosques, pero convivir con ellos en la ciudad constituye un gran dilema

Autores:

Ana María Domínguez Cruz
Susana Antón Rodríguez

El pasito de la bibijagua, señores/ se baila aquí, se baila allá/ se baila aquí por la madrugá... Los acordes de este tema musical del grupo Moncada, tan popular en los años 90, es lo único que escucha, desde lejos, Isabel Morales cuando despierta cada día.

Nunca imaginó que al mudarse al reparto Unión, en el capitalino municipio de Regla, debería compartir su casa con extrañas inquilinas quienes, al parecer, llegaron antes que ella.

«Tengo miedo de caminar por mi casa. Es como estar en un constante “temblor de tierra” pues todo el piso se mueve cuando caminamos, está hueco por debajo», nos dice al mismo tiempo que nos muestra cómo las losas se han despegado de las paredes.

«Es increíble pero, desde que vivimos aquí, caminamos con temor a caernos algún día. Mi esposo dedica su tiempo a tapar con cemento esos espacios, pero sabemos que esa no es la solución. Lo grave está por debajo», comentó.

La gravedad del asunto, como lo refiere Isabel, está por debajo de su vivienda. Unas bibijaguas que decidieron, tiempo atrás, hacer su colonia en ese sitio, ahora son las dueñas de sus cimientos y ella y su familia, increíblemente, están a merced de estos insectos.

El desasosiego de Isabel es compartido por su vecina Nivia Cora Lacarrere, quien nos permitió mirar en su patio colindante, además de los numerosos caracoles y gusanos en las plantas, la gran montaña de tierra, raíz del fenómeno.

Lo curioso es que mientras este equipo de reporteros indagaba en los límites de su casa, varias vecinas que saludaban a Nivia mostraban su preocupación además por los daños que puedan ocasionar estos insectos en el histórico parque Julio Antonio Mella, más conocido como el Parque de la Mandarria —en franca alusión a su estatua.

«Este parque tiene el valor geográfico de estar edificado encima del arroyo Tadeo. Por eso, para su construcción y la pavimentación de las calles aledañas se instaló un sifón para desviar su cauce en los últimos tres kilómetros. Entre el sifón y la calle hay un relleno, una placa, como le dicen, que cubre esa distancia. En realidad, esa placa no ha cedido como erróneamente se cree, sino que las bibijaguas que tienen sus nidos en el parque han debilitado ese relleno, ese cimiento del parque. Como es lógico, se ha agrietado y hundido una parte de él», nos explicó Eyda Dávila, vecina del lugar.

Del otro lado de la bahía, en el municipio de Diez de Octubre, Blanca Castañeda se asombra ante la presencia de grandes montañas de tierra llenas de agujeros, como ella misma describe, en los bordes de las aceras, en parterres e incluso en los cimientos de la bodega donde compra. En algunos parques cercanos a su casa también abundan, y le preocupa que dañen las plantas y sus aceras internas.

«Son muy molestas, incluso para quienes trabajan en la limpieza de los parques en las mañanas. Se barre todo, se organiza la tierra, se dejan las aceras limpias y al otro día, hay que repetir el trabajo porque ellas, en ese tiempo, volvieron a excavar y a arrojar la tierra fuera de los canteros», refiere Blanca

Aunque estos insectos existen en nuestra isla —y en mayor cuantía— desde los tiempos en que Colón escribió que podía caminarse de un extremo a otro de ella atravesando los bosques, convivir con ellos en la ciudad constituye un gran dilema.

Amigas algo enemigas

En busca de una mejor comunicación entre las bibijaguas y sus dinámicas y los seres que habitamos esta isla, la conversación con el biólogo Jorge Luis Fontenla Ruiz nos permitió sumergirnos en las sociedades de estos insectos.

«Las bibijaguas pertenecen al orden Hymenoptera de la familia Formicidae, agrupados en varias especies. La especie que habita en Cuba, la Atta insularis, forma parte de los espectaculares géneros de cortadoras de hojas.

«En ellas la vida se organiza sobre la base de un sistema de castas, desde la real, en la que se encuentra la reina, encargada de la reproducción de la colonia; las nodrizas, las obreras y las jardineras, estas últimas responsables de acarrear todo lo que puedan para combinarlo con enzimas, e incluso saliva, y conformar así un sustrato que permite el desarrollo de un hongo del que sí se alimentan. Estos insectos, cerrando y abriendo orificios, logran mantener en el interior de sus nidos una temperatura de 28 grados Celsius y un 90 por ciento de humedad relativa, ideal para el crecimiento de su fuente principal de alimento», reveló Fontenla.

La apetencia de estos insectos por determinadas plantas, entre ellas los frutales y las ornamentales, ha provocado que sean consideradas mundialmente como una de las plagas más dañinas en la agricultura. Sin embargo, tienen cartas a su favor.

«Las bibijaguas aprovechan las hojas de una gran diversidad de plantas, lo que contribuye a la salud de los ecosistemas donde viven. En su medio natural son muy importantes, pues reciclan continuamente materia orgánica y favorecen de esta forma la fertilización del suelo. Solamente cuando el paisaje es alterado por el ser humano, las bibijaguas se vuelven perjudiciales para él pero por su propia culpa, no por la de ellas», explicó Fontenla.

—Entonces, ¿son beneficiosas o perjudiciales?

—Depende. Sí son beneficiosas para el medio ambiente en tanto contribuyen al enriquecimiento de los suelos, aunque al acudir a las hojas de las plantas como parte de su rutina dañan los cultivos. Aunque en ocasiones llegan a ser impredecibles, porque pueden coexistir en un medio durante mucho tiempo sin provocarle daños a las especies vegetales que en él se encuentran, y un buen día sí lo hacen.

«Sin embargo, la presencia de las bibijaguas en entornos urbanos conlleva a una alteración en ellos. Sus colonias semejan verdaderas ciudades, que se extienden por más de cien metros cuadrados en el terreno alcanzando profundidades que sobrepasan los cinco metros. Cuando observamos un nido es como un iceberg, es más lo que hay debajo y a los lados, bajo tierra, que lo que por encima de ella puede molestarnos.

«Por esa razón y debido a la constante excavación para la fabricación de sus túneles, pueden socavar los cimientos de las construcciones, no levantarlos, pero sí debilitarlos y propiciar así su caída. En esos casos sería necesario tomar medidas eliminatorias con ellas, ¡pero con cautela!».

Fontenla acentuó esta última frase, pues el libre albedrío de cualquiera no debe ser la política de acción ante esta especie.

«Las bibijaguas no son como las plagas domésticas que tantos perjuicios nos ocasionan, como los mosquitos, las cucarachas o las moscas. Ellas desempeñan una función primordial en el ecosistema, que no podemos ignorar. Claro está, ante la disyuntiva de preservarlas o eliminarlas porque sea inminente el daño a una construcción, habrá que seguir el segundo camino pero, insisto, de manera razonable», concluyó Fontenla.

Métodos y mañas

Las alternativas que algunos usan para enfrentar estos animales son muy ingeniosas, como sembrar plantas repelentes como el chamisco o el árbol del Nim, o arrojar sal cerca de los orificios de un bibijagüero, aunque los resultados no han sido comprobados.

El diálogo con Orlando Hugo García Delgado, ingeniero agrónomo y extensionista de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) de Arroyo Naranjo, permitió despejar las dudas.

«Históricamente, la bibijagua ha sido una de las plagas económicas más difíciles de controlar por el hombre. Se han inundado o quemado los nidos sin resolver el problema. Además, se han aplicado sustancias insecticidas entre las que pudieran mencionarse el Sabuex, el Foformix y el Mirex, muy efectivos pero muy agresivos para el medio ambiente y para el hombre», explicó García Delgado.

Nuestro país ha acudido a diversos productos ecológicos como el Bibisav-2 de la cepa MB-1 y su equivalente en suspensión, la Beauveria Bassiana, que actúan como parásitos del insecto. Pero su acción es muy lenta, requiere condiciones específicas y el éxito solo se obtenía en la contención de bajas poblaciones.

«Actualmente contamos con un producto muy efectivo a base de abamectina llamado Trompa. Sin embargo, a pesar de sus virtudes, combinarlo con un completo manejo integrado del lugar que permita conocer sus dinámicas y momentos frágiles garantiza aún más el éxito.

«En días previos a la llegada de un frente frío o durante la fase de luna llena, la actividad de las bibijaguas es mayor, incluso en horas del día. En esos momentos el insecto está estresado, es muy voraz y acarrea lo más que pueda para garantizar sus reservas. Ese es el momento ideal para colocarles el cebo a los lados del camino, pues no dudarán en tomarlo», reveló Orlando.

«Existen más de 50 consultorios agrónomos en los diferentes municipios de la capital, subordinados a la Empresa de Servicios y Aseguramiento de la Agricultura. En ellos se brinda una amplia gama de servicios a precios módicos en moneda nacional que incluye el control de plagas basado en productos biológicos. A estas unidades puede acudir la población o cualquier entidad a solicitar la visita de un especialista que realice el levantamiento del área afectada y efectúe el contrato. Quizá la población no domina esta información, y por eso no acuden al lugar indicado», explicó Orlando.

Cuando Antonio Núñez Jiménez escribió, en septiembre de 1979, su artículo Frederic, las cuevas y las bibijaguas, en el diario Granma, estos insectos pasaron a la publicidad heroicamente.

Las abundantes precipitaciones que acompañaron a este fenómeno meteorológico ocasionaron grandes inundaciones que tardaron días en desaparecer, principalmente en la Llanura Cársica Meridional.

Sin embargo, en el reparto Adelaida, del municipio capitalino de Boyeros, y en Güira de Melena, se comprobó que el nivel del agua había cedido en menos de 24 horas gracias a que debajo de los bibijagüeros existían sumideros subterráneos, los que permitieron que la ausencia de un sistema de drenaje fluvial en la superficie de esas regiones no tuviera consecuencias mayores.

No obstante, ¿quién le dice a Isabel y a otros que padecen su misma situación que las bibijaguas tienen su lado bueno?

Aunque escuchen la melodía de Julio Cueva: Unos montan en tranvía/ otros prefieren la guagua/ pero el golpe de bibijagua/ lo baila la mayoría./ El golpe de bibijagua es muy fácil de bailar…, a ellos, todavía, les quedan muy pocas ganas de hacerlo.

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