Maikel Oliva, un joven de palabra

En el reto de hacer volver la mirada de los jóvenes hacia la tierra, un laborioso joven campesino de la oriental provincia cubana de Holguín, confía en la utilidad del ejemplo personal

 

Héctor Carballo Hechavarría
digital@juventudrebelde.cu
17 de Febrero del 2010 23:00:33 CDT

HOLGUÍN.— «Compadre, para mí la tierra es lo más grande que existe. Desde los nueve años de edad, la trabajo junto a mi papá. Ella te da los alimentos para el sustento de la familia, y esa, es la razón más grande para agradecerle», sentenció el joven campesino Maikel Oliva López ante nuestro curioseo.

Un equipo de colegas «aterrizó» esa mañana en la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Raúl Garcés, del municipio cabecera holguinero, para asistir al acto en el cual se le otorgó el sello de Vanguardia Nacional Juvenil Campesino, por tercera ocasión, y en coincidencia con el día de su cumpleaños.

Uno de los méritos reconocidos ese día fue el de su prédica con el ejemplo. Ese también ha sido uno de los resortes fundamentales para, junto a los ocho militantes de su comité de base de la UJC, haber hecho caer la balanza sobre la necesidad de la incorporación al trabajo entre los jóvenes residentes en los alrededores.

La verdad es que, hace apenas unos años, no pocos de ellos le volvieron la espalda a cualquier ocupación útil. Algunos dejaron hasta los estudios y olvidaron que la tierra sobre la cual laboran sus padres, necesita un relevo natural.

«Yo mismo no llegué a terminar el duodécimo grado. Mi papá se puso “verde”, pero al mismo tiempo se alegró, porque escogí trabajar en el surco, con los trabajadores de la cooperativa». precisa Maikel.

Su laboriosidad y disciplina fueron pronto notadas. Le eligieron al frente de la organización y la presidencia de la CPA le asignó un encargo, unido a sus responsabilidades como miembro de su consejo administrativo: lograr que no hubiese un solo joven distanciado del estudio o el trabajo.

«Por eso comencé por mí. Matriculé en la Facultad Obrero Campesina (FOC) para alcanzar el 12 grado.

«Escuchamos opiniones de todo tipo. Que si la agricultura es un trabajo “duro”, que esperaban algo de “mayor futuro”. Algunas cosas verdaderamente ciertas, pero también equivocadas, porque: ¿cómo puede alcanzarse el futuro sin estudiar?», invoca el joven.

«Con algunos hablamos personalmente, con otros, en el comité de base. Conversamos de forma sencilla sobre el trabajo, la vergüenza. Nadie se puso bravo, y cuando te dicen: “lo voy a pensar”, eso ya es algo.

«Hablando se entienden las personas. De unos 20 de aquellos jóvenes, ya no nos queda por aquí uno solo sin ocupación. Es cierto que hay quien trabaja en Holguín en otras cosas que les son más atractivas, pero la mayoría se incorporó a la agricultura, y eso es importante», sentencia pausadamente Maikel.

De hecho, la cooperativa Raúl Garcés destaca, por sus sostenidos aportes productivos, entre las mejores de la provincia de Holguín y del país. Con 48 asociados dedicados fundamentalmente a los cultivos varios, sobresale, además, en la ganadería.

En esta última actividad, ostenta, desde su misma fundación, hace más de 20 años, la ausencia de un solo hurto o sacrificio ilegal de ganado mayor, lo cual demuestra el alto sentido de pertenencia tanto de sus integrantes como de la comunidad donde se halla enclavada.

«Nosotros pensamos “igualito” que Raúl, cuando dijo que “tierra que no sirva para producir alimentos, debe servir para sembrar árboles”. No hay tierra mala. Aquí mismo, ahora tenemos sequía, pero buscamos alternativas. La gente ha vuelto a sembrar en los patios. Eso ya casi no se veía», continúa reflexionando el joven campesino.

Sin embargo, como para que no pensemos que en el Guabino de Purnio encontraron la panacea, nos advierte: «Muchos padres todavía le dicen lo contrario a los hijos, porque quieren que ellos sean médicos, ingenieros... Eso no está mal, pero ¿quién va a trabajar la tierra entonces?

«Por nuestra parte, nuestro comité de base seguirá visitando las escuelas primarias. Les enseñamos a los muchachos a sembrar verduras, árboles de frutas, que tanta falta hacen. Hacemos trabajos voluntarios con ellos. Es una forma de inculcarles amor a la tierra, al lugar donde nacieron. En eso nos queda mucho por hacer, más bien es una tarea que nunca acaba», afirma.

«Que si me voy de aquí. ¡Qué vaaa…!, esto es lo que me gusta. ¡Ah! No te digo con esto que no quiero seguir superándome. Quisiera llegar a ser ingeniero agrónomo, y eso, como todo el mundo sabe, en Cuba cualquiera lo puede alcanzar», concluye Maikel, y nos invita a visitar sus «boniatales».

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    1. 1

      Gualterio Nunez Estrada - 18 de Febrero del 2010 9:36:46 CDT

      Sin entrar en contradicción con las líneas cubanas de trabajo en la biotecnología aplicada a la agricultura, deberíamos valorar otorgar certificados orgánicos, por norma internacional, al mayor numero de fincas y granjas que podamos, esto pudiera extenderse a restaurantes y cafeterías, ciento por ciento orgánicos, lo digo, porque lo que más aprecia el turista de Cuba es el medioambiente orgánico, casi, completamente orgánico de la isla, lo cual es difícil de encontrar en otras partes del mundo. Sería un atractivo adicional para el turismo, no solamente para el ecológico que está de moda, sino como una opción más para el turismo normal, sin alteración de precios en los productos, lo cual haría de Cuba un destino mucho más atractivo. En este aspecto tendríamos cuatro objetivos: mantener el equilibrio del medio ambiente como principal tesoro nacional, el desarrollo de extensas áreas certificadas a nivel internacional como orgánicas para apoyar la producción y exportación de miel, derivados, y medicamentos de alta calidad y eficacia a partir de componentes naturales, y que por ejemplo, son de prescripción en Escuelas de Medicina de Europa en un por ciento elevadísimo de pacientes, optimizar la oferta turística cubana sin alterar el precio de estancia al turista, y, crear las condiciones para la exportación de alimentos orgánicos naturales y elaborados de manera tal que los productores de las fincas y granjas se vean estimulados ante la posibilidad de obtener una parte del dinero de ganancia e inversión en divisas por su gestión, como pasa con el tabaco, por ejemplo. La comida orgánica elaborada o natural con certificación valida internacional, es muy difícil de obtener hoy día debido a la contaminación de la industria y el cambio climático, pero Cuba, hasta ahora, presenta condiciones ideales medioambientales para exportar comida orgánica que se vende a precio elevado en el mercado internacional, siempre y cuando lograra un superavit de alimentos en el mercado interno. De momento, para iniciar el mercado, usando la inteligencia, es posible vender determinados renglones orgánicos a precio elevado en el mercado exterior y comprar con ese dinero renglones baratos no orgánicos para el mercado interno de manera que queda un dividendo con el cual pagarle al productor local en divisas, al menos una parte de su producción para que tenga un nivel de consumo adecuado a su esfuerzo. Incluso se pudiera dedicar una parte de la producción al mercado exterior orgánico, como norma. Debemos aplicar cuanta medida de inteligencia sea posible al cuidado del medioambiente cubano y la producción de alimentos cada día más caros en el mercado internacional. Para darles una idea, aquí en Sarasota, Florida, donde vivo, una libra de boniato vale 99 centavos, si tiene certificación orgánica, puede costar el doble. Aquí hay tiendas especiales donde todo es orgánico, y en esos lugares, una libra de boniato puede valer dos o tres dolares. O sea que si valoramos esta situación, en Cuba, nuestros productos agrícolas valen lo que pesan en oro, por su calidad, por su sabor, por su olor, todo depende de que nos valoremos a nosotros mismos y sepamos reconocer lo que somos capaces de hacer tal y como se muestra en este excelente reportaje de Héctor Carballo donde se muestra que el problema agrícola no está del lado de los jóvenes, como lo planteó Raúl, sino de las trabas de la burocracia y la falta de conocimientos sobre nuestras posibilidades y capacidades reales, más una cadena de errores que arrastramos. Podemos tener superavit en el mercado interno, y de paso, exportar alimentos, si queremos. Solo tenemos que pensar en la cantidad de gente que pasa hambre en el Caribe, los vecinos de Cuba, por no tener dinero ni para pagar una lata de sardinas importada. Podemos incluso, ayudar a nuestros vecinos con el precio de los alimentos y la canasta básica.

    2. 2

      Gualterio Nunez Estrada - 18 de Febrero del 2010 9:50:45 CDT

      Yo no soy campesino, pero mi mujer es de procedencia campesina de Montana y llegue a convivir un año en la comunidad donde nació en constante comunicación con los dirigentes del PCC municipal, todos, campesinos, y sé por dentro que si nos quitamos las cadenas de los errores del paso, hoy más que nunca, como fuerzas productivas y comunidades científicas en Cuba, somos capaces no solo de llenar el mercado interno el año entero de productos comestibles, no solo de bajar los precios de los alimentos en la isla, sino que somos capaces de producir alimentos, además, para Haití, al menos, durante los diez años que Haití necesita para recobrarse, y me parece a mí, que por dignidad de cubanos, tenemos ese deber ante la nación caribeña que prendió la primera antorcha de igualdad racial y libertad en América. Sin Haití, los cubanos no seríamos como somos hoy.

      Maikel Oliva ha recibido en tres ocasiones el sello de Vanguardia Nacional Juvenil Campesino. Foto: Héctor Carballo Hechavarría

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