El pueblo nunca se equivoca

Cientos de miles de cubanos han ejercido durante un mes lo que podría considerarse como un primer momento de ese derecho cívico, democrático y patriótico, al participar de manera activa y directa en la nominación de candidatos a delegados y delegadas a las Asambleas Municipales del Poder Popular

Autor:

Agnerys Rodríguez Gavilán

Para este miércoles 24 está fijada la culminación de una de las etapas más importantes de los procesos electorales cubanos, luego del triunfo revolucionario del 1ro. de enero de 1959, toda vez que la Constitución de la República, la Ley Electoral y demás documentos rectores de dichas contiendas le otorgaron a los ciudadanos, con capacidad legal de sufragio, el derecho constitucional de elegir y ser elegidos.

De tal suerte, cientos de miles de cubanos, hombres y mujeres que ya cumplieron los 16 años de edad, y que se encuentran en pleno goce de sus derechos, han ejercido durante un mes lo que podría considerarse como un primer momento de ese derecho cívico, democrático y patriótico, al participar de manera activa y directa en la nominación de candidatos a delegados y delegadas a las Asambleas Municipales del Poder Popular.

Convocados por las máximas autoridades electorales a nivel de circunscripción, célula básica de la estructura del Poder Popular cubano, ellos le han presentado a sus conciudadanos su propuesta de la persona que consideran reúnen las condiciones humanas, morales, éticas y revolucionarias, así como la capacidad y la sensibilidad suficientes para representarlos en los órganos locales y, por medio de ellos —si resultan elegidos por mayoría de votos el próximo domingo 25 de abril—, intervenir en la conducción de los destinos de una nación que hace mucho tiempo decidió construir un camino diferente.

Levantar la mano, solicitar la palabra, presentar a su candidato, exponer los argumentos que avalan su propuesta, contar con la anuencia del nominado y someterlo luego a la consideración de la asamblea, con sentido de la responsabilidad, son los únicos requisitos indispensables que se exigen a la hora de participar en estas reuniones de vecinos, donde más de ocho millones de cubanos concretan el derecho-principio-deber de la participación popular en el ejercicio del poder.

Ahora que los enemigos de la Revolución andan de un lado para otro, intentando desprestigiar, engañar, desestabilizar, las asambleas de nominación han ratificado su esencia democrática y participativa, y no solamente por el reporte de altos índices de asistencia, siempre mayores del 90 por ciento, sino también porque los electores han validado en sus propuestas ese principio imprescindible para la supervivencia de nuestra obra, que es el de nominar hoy como candidatos, y luego elegir como delegados o delegadas, a hombres y mujeres probados, sanos, útiles, capaces, honestos, conscientes de que en esa labor de representar a la mayoría les va la vida, el honor y el porvenir.

De las cifras finales de cuánta gente participó en las asambleas previstas, de los hombres, mujeres y jóvenes nominados y de los actuales delegados a los que sus electores siguen viendo como sus únicos candidatos, se sabrá dentro de muy poco.

Por ahora, baste señalar que ni las lluvias, la Serie Nacional de Béisbol, las novelas de turno o algún impostergable le han restado calidad, compromiso y voz al pueblo que nomina y elige a quien considera con mérito suficiente. Y el pueblo nunca se equivoca.

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