Che: Su presencia tan querida

El Guerrillero Heroico es bandera, sello de lucha, grafiti, dibujo humilde estampado sobre la pared más pobre del mundo, tatuaje, semblante que palpita sobre camisetas y otras tantas prendas

Autor:

Alina Perera Robbio

El Che está allí donde habitan lo mágico, lo legendario, lo inspirador de la Revolución. Entró en esa dimensión venerable, convertido en poesía, cuando consumó su sacrificio definitivo en aras de todos sus semejantes.

Dejó el mundo terrenal en agonía lenta, literalmente desangrado, en un desenlace que nos recuerda la crucifixión de Cristo; en una entrega que en hombres como él resultaba predecible. Holocausto que también nos recuerda a nuestro Martí, otro escapado del tiempo por su caída en pos de los demás.

El Che encontró las llaves para entrar en una casa muy pequeña, iluminada, donde solo han entrado algunos inmensos como él, algunos que rompieron todo molde. Por eso su rostro de piel fina y ojos sin par —ese que Korda atrapó en un instante inesperado y triste— sigue estando de moda: es bandera, sello de lucha, grafiti, dibujo humilde estampado sobre la pared más pobre del mundo, tatuaje, semblante que palpita sobre camisetas y otras tantas prendas.

Pero el símbolo se convierte en algo proteico, temible para los verdugos de la humanidad, si el rostro cala más allá de la epidermis; si todo lo expresado y escrito por el Comandante Guevara se estudia a conciencia; si los adolescentes y jóvenes cubanos no se olvidan de una meta ardua y difícil, de ese lema que siendo pioneros pronunciamos en el patio de la escuela: ser como Él.

Parecernos en algunas aristas esenciales ya sería bastante. Y sería salvador preguntarnos cómo debe actuar ahora un Hombre que esté en camino a ser el «hombre nuevo», un hombre otro, diferente, a tenor con las urgencias de su tiempo, alguien que no es lobo sino hermano de los suyos, justo en este minuto cuando el planeta parece desvencijarse huérfano de fe, como un pesebre viejo y mojado.

Inmerso en su aura tenaz, evocando un montón de anécdotas con solo aparecer—anécdotas sobre la intransigencia revolucionaria y la lucha contra los demonios del egoísmo— el Che susurra muy quedo, de vez en cuando, esa idea suya con la cual podríamos poner a salvo tantas cosas: «Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esa cualidad».

Ahí está la clave de su trascendencia, de su luz que ampara, de su presencia tan querida.

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