Maestros de corazón

Hace 50 años Fidel hizo el llamado a partir a las montañas como maestros voluntarios. Hoy, como ayer, esa sigue siendo una tarea que tienen en sus manos los más jóvenes

Autor:

Margarita Barrios

La Revolución había convertido los cuarteles en escuelas. El Programa del Moncada se iba cumpliendo paso a paso. Había que llevar la luz del saber a los lugares más intrincados del país, 10 000 aulas estaban sin profesores, y hacía falta educadores para dar el vuelco total al sistema educacional del país, en el cual todos tendrían acceso a la enseñanza gratuita.

Fidel hizo el llamado a los jóvenes. Miles de muchachos marcharon a las montañas y se convirtieron en maestros voluntarios.

Ellos fueron los precursores de la Campaña que declaró a Cuba primer territorio libre de analfabetismo en América, y cuyos integrantes llevaron el nombre de Conrado Benítez, el maestro voluntario mártir.

Todavía en las aulas, o acompañando con su sabiduría a los más jóvenes, podemos encontrar a algunos de aquellos que dieron el importante paso para los cubanos. De entonces acá, cuántas han sido las batallas que los jóvenes han asumido. Y la educación es una de las que siempre ha estado en sus manos.

Aquellos fueron tiempos difíciles. Muchachos y muchachas acostumbrados a las bondades de la vida en las ciudades abandonaron sus casas para emprender la obra educacional. No había temores a pesar de que la contrarrevolución interna y la posible agresión armada se hacían sentir.

Uno de aquellos maestros voluntarios fue Miguel Bautista García, hombre que pasa ya de los 70 años y recuerda con añoranza esa etapa que le correspondió vivir a él y a muchos de sus compañeros.

«En 1959 participé en la organización del Colegio Provincial de Técnicos, y se nos orientó hacer un censo sobre las tierras que poseían los campesinos de la zona donde nos encontrábamos, y cuando ellos fueron a llenar las planillas no pudieron porque no sabían leer ni escribir. Aquello me impresionó mucho. Ya en 1960 fui a trabajar como maestro en la zona del Escambray y estuve allí por seis años».

Miguel aportó también su granito de arena a la Educación en Nicaragua, donde estuvo desde 1981 hasta 1983. Desde las aulas se fue superando y en 1987 recibió su título de Licenciado en Educación Primaria, y permaneció en el sector durante 25 años.

«Ya la edad no me acompaña para continuar en el magisterio, aunque no estoy de espaldas para ayudar a quien lo necesite. Ahora trabajo como electricista en el Instituto Preuniversitario Urbano Saúl Delgado, del Vedado, y me siento útil, rodeado de mucha juventud.

«Muchas son las experiencias que le puedo transmitir a los jóvenes de hoy que se dedican a la noble y bella tarea de educar, ya que esta ha sido la más hermosa labor que he asumido en toda mi vida».

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