Hasta el amor se viste de verde - Cuba

Hasta el amor se viste de verde

Aunque afloren incertidumbres y preocupaciones, los jóvenes que ahora parten al Servicio Militar Activo reconocen su importancia para una mejor formación de su personalidad y profesión

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

La novia de Alexis Machín contiene sus lágrimas. Él la reconforta aunque no niega cuánto la extrañará. Eso es duro, me dice. «Es bastante el tiempo separados, yo estaré en un momento difícil de mi vida, lejos de ella, así que hasta el amor se viste de verde, se pone las botas y debe pasar la prueba».

Sin embargo, a Onay Tornés lo único que le preocupa es estar un año lejos de sus tambores. Sabe que la práctica sistemática es fundamental para mantener sus habilidades como músico pero comprende que hay momentos en la vida en los que la prioridad es otra.

«Sé que el servicio militar es parte de la formación de todo ciudadano y me servirá para ser más independiente de mi familia. Me enfrentaré a situaciones complejas que me permitirán crecerme y sabré que estaré listo para cualquier contienda, con tambores o sin ellos», nos cuenta.

Su colega Daniel Sánchez también esperaba recorrer los pasillos del Instituto Superior de Arte en poco tiempo. Ahora, ante el llamado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), sabe que su vida dará un giro.

«Pienso mucho en todo el tiempo que estaré separado de mi familia, de mi música y en lo que viviré. He escuchado historias, he visto los spots en la televisión, pero a ciencia cierta yo no sé exactamente lo que me espera. Lo único que me alienta es saber que aprenderé a valerme por mí mismo incluso en condiciones hostiles y que militarmente estaré preparado. Mi música deberá esperar», confesó.

Con los libros bajo el brazo y su profundo amor por los animales, César Alejandro Espinosa, futuro estudiante de Medicina Veterinaria también esperaba ansioso la partida para la unidad asignada.

«El saber no ocupa lugar. ¿Cuánto no aprenderé yo durante esta etapa? Todo nos será útil en cualquier momento y a veces es necesario estar lejos de la familia para probarnos a nosotros mismos. No tengo miedo ni preocupaciones porque aprovecharé el servicio militar al máximo para el futuro».

Jóvenes capitalinos como ellos y a lo largo del país se marchan por estos días a los diferentes mandos y unidades de las FAR para responder el llamado al Servicio Militar Activo (SMA), luego de haber cumplido el proceso que incluye su inscripción en el Registro Militar y el examen médico, establecido en la Ley 75 de la Defensa Nacional y en el Decreto Ley 224 del Servicio Militar.

Los que obtuvieron carreras universitarias cumplirán hasta 14 meses tras haber concluido el bachillerato en tanto otros, egresados del nivel medio de enseñanza, permanecerán hasta dos años antes de reincorporarse a la vida laboral o continuar estudios superiores.

Sus experiencias durante el período de la preparación militar básica del soldado —conocida popularmente como «la previa»— y en las unidades en las que permanecerán después, serán determinantes en la formación de su personalidad e inolvidables en su vida. No obstante, es lógico que afloren preocupaciones e incertidumbres junto a las motivaciones que como jóvenes rebosantes de vida puedan tener.

Temores, alegrías, expectativas

Algunos identifican el SMA como un tiempo «muerto» en el que estarán alejados de los estudios, de la familia y de la vida que acostumbraban llevar. A otros solo les inquieta saber qué comerán y cuántas horas dormirán, mientras que los más aventureros están a la espera de «lo que venga».

Aunque preocupado y nervioso, Roberto Carlos Ortiz, futuro informático, reconoce que será un período vital para su formación como hombre y revolucionario.

«Las habilidades que adquiera desde el punto de vista militar me permitirán estar mejor preparado física y psicológicamente para no sentirme incapaz de actuar en un momento determinado. Lógicamente, en alguna medida me preocupa el régimen de vida que llevaré, la disciplina, las guardias, la comida, pero todo conlleva sacrificio en la vida, ¿no es así?», afirmó.

Si de motivos de alegría se trata, Pablo Arriola, egresado de los estudios del nivel medio, aprovechará la oportunidad que le brindará esta etapa para optar por la Orden 18. Aspira a cursar una carrera universitaria y sabe que su buen comportamiento y su empeño serán los ingredientes indispensables para que la suerte llegue a sus manos.

Los ojos de Frank Josué Estrada brillan cuando especula sobre las nuevas amistades que tendrá, esas que estarán más que probadas en los momentos difíciles que vivirán.

«En esas circunstancias uno sabe dónde están sus debilidades y lucha contra ellas; conoce de verdad a los que están alrededor y se supera a sí mismo, lejos de los mimos y las complacencias de la casa. Es un paso necesario para hacernos hombres, no por la edad o el bigote, sino por la experiencia y la madurez que se adquiere. A mí me parece que me hace falta», añade.

Con firmeza en la frontera

Después de concluir sus estudios en el Instituto Preuniversitario Vladimir I. Lenin, la habanera Lissette Pérez protagonizará una historia trascendental para su vida. Así define ahora el tiempo que permanecerá en la Brigada de la Frontera, orden Antonio Maceo, en la oriental provincia de Guantánamo, como parte de los requisitos que debe cumplir para continuar sus estudios.

«Yo elegí prepararme para representar a mi país en el exterior y por ello estudiaré Relaciones Internacionales. Todo lo que pueda hacer desde ahora para forjar mi carácter y reafirmar mi responsabilidad y disciplina como mujer cubana y profesional para asumirlo, será bienvenido. Constituirá mi primer gran paso, mi primera prueba de independencia, el momento para conocer mis límites y crecerme más», comentó.

Junto a Lissette estarán otros jóvenes que optaron por ese camino en la enseñanza superior y que saben que más allá del sexo o el lugar de residencia deberán cumplir con el SMA en un punto geográfico extremadamente sensible para nuestra Isla, para lo cual deben estar preparados.

«Sabía que debía cumplir un año de servicio y creo que será indispensable para mi formación. Complementará mis conocimientos, aportará mucho a la madurez de mi carácter y de mi personalidad y estaré listo, luego de esa experiencia, para enfrentar cualquier situación en el futuro, tanto en mi país como en el exterior», confiesa Luis Alberto Regalado, pinareño de nacimiento, internacionalista por vocación.

En franca coincidencia con sus futuros «compañeros de guerra», Dayana Hernández siempre le mira el lado bueno a las cosas. ¿Para qué pensar en las pocas horas de sueño, las extenuantes jornadas de preparación física, la nostalgia por la familia?, me pregunta. Lo importante, señala, es que será una persona más capaz, más completa, más segura, porque luego del sacrificio podrá degustar mejor el sabor de sus triunfos.

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