El desconocido precursor de la poesía cubana

José Surí y Águila, un hijo ilustre de Santa Clara, ciudad que celebra hoy el aniversario 321 de su fundación, es considerado como el primer poeta cubano

Autores:

Nelson García Santos
Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

SANTA CLARA, Villa Clara.— Luego de 321 años de existencia, la edad que cumple hoy esta ciudad, parece difícil encontrar algo nuevo entre papeles amarillentos o en testimonios de los conocedores a fondo de su historia. Pero, ¡qué suerte! Hoy traemos a estas páginas pinceladas del primer poeta cubano, por demás médico.

Hablamos de José Surí y Águila, nacido aquí el 26 de octubre de 1696 y que el tiempo ha sumido en un olvido tan desgarrador que no existe en esta ciudad, de modo tangible, nada que lo recuerde.

El gran escritor José Lezama Lima, en su Antología de la poesía cubana, lo sitúa como el primer poeta cubano, y el ensayista e investigador literario Enrique Saínz, en su libro La Literatura cubana en el siglo XVIII, también le confiere igual mérito, mientras el historiador y periodista villaclareño Manuel García Garófalo lo consignó como el poeta más antiguo nacido en la Isla.

Sobre su poesía dijo que escribió versos sonoros, los que hoy pueden ser modelos de metro y dicción. Sin estudio, se hizo médico y farmacéutico y poseyó en raro consorcio la ciencia y la poesía: el remedio del organismo y el bálsamo del espíritu.

Hurgando en la vida casi desconocida de este bardo santaclareño, conocimos que en plena niñez perdió a sus padres, motivo por el que tuvo que acudir a los favores de un hacendado que lo empleó en su finca como trabajador agrícola.

Allí, atraído por al ambiente tranquilo y romántico del campo, el joven poeta despertó su genio y entonó sus primeros cantares alusivos a la labor que realizaba.

Ya por la segunda década del siglo XVII, gracias a los conocimientos que había adquirido empíricamente, Surí se desempeñaba como médico y farmacéutico en la villa. Pero un buen día llegó desde La Habana alguien nombrado oficialmente para ejercer esa función, y ahí mismo surgió el conflicto.

Resultó que las personas acostumbradas a tratarse con el poeta, al que admiraban por su amabilidad, no asistían a la consulta del otro facultativo, quien al verse en tan difícil trance, de inmediato lo acusó de intrusismo profesional ante el Protomedicato.

El juicio se celebró en La Habana. Y para asombro de todos, él se defendió improvisando versos sobre el arte de curar. Dejó, literalmente, boquiabierto al Tribunal que le otorgó el título de médico y farmacéutico. Seis años después fue nombrado cirujano principal del Hospital de la Caridad de la villa y se le responsabilizó para evitar el intrusismo profesional.

En cuanto a su literatura quedan pocas muestras, pero vale destacar la armonía, la belleza, la imaginación creadora y el pensamiento ingenioso. Esto, en una época en que apenas se cultivaba el género lírico, adquiere mayor relevancia tratándose de un muchacho autodidacto.

Cuenta la historiadora Marta Anido Gómez-Lubián que Surí gozaba también de sobradas dotes para la improvisación y poseía excelente memoria, de modo que no fueron pocas las festividades religiosas a las que asistió para entonar sus cánticos frente a las imágenes adoradas.

Más que el pionero de nuestros poetas, por extensión pudiera considerársele el primer cubano que escribió una obra literaria aquí, pues bien sabemos que ese mérito corresponde a Espejo de paciencia, del español Silvestre de Balboa.

Los orígenes

Bueno es recordar, precisamente en el aniversario de la fundación de Santa Clara, a José Surí y Águila, quien nació casi junto con la villa a la que enalteció con su trayectoria.

El traslado de 18 familias desde San Juan de los Remedios dio origen a esta ciudad. Inicialmente se le llamó Los Dos Cayos, más tarde Pueblo Nuevo de Antonio Díaz, para ser definitivamente Gloriosa Santa Clara, urbe de leyendas y tradiciones, de calles estrechas y adoquinadas, y bañada por la brisa de la Loma del Capiro.

Evoca también Anido Gómez-Lubián que en lo que es hoy el Parque de El Carmen se fundó la localidad. Allí, el 15 de julio de 1689, realizaron la Santa Misa y a la sombra de un tamarindo oraron con fe para que este nuevo asentamiento se desarrollara.

Santa Clara atesora una rica tradición en las luchas independentistas. En tres ocasiones fue tomada por las fuerzas revolucionarias: en la contienda de los Diez Años, por las tropas del general Manuel de Jesús Calvar; en la iniciada en 1895, por las huestes mambisas bajo las órdenes del coronel Leoncio Vidal; y en diciembre de 1958 por las tropas del Comandante Ernesto Che Guevara.

Ahora

Desde su surgimiento la urbe asumió un modelo urbanístico en el que se destacan los trazados regulares a partir de una plaza central, tal como se plantea en las Leyes de Indias.

Cuenta con cuatro plazas fundamentales: el Parque de los Mártires, la Pastora, El Carmen y el Parque Vidal, todas con una fisonomía ecléctica resultado de la diversidad de las épocas y los estilos que convergen en sus predios.

La última de estas fue la antigua Plaza Mayor, de la que se generó paulatinamente el crecimiento del asentamiento poblacional en un eje de norte a sur, limitado al este por el río Cubanicay y al oeste por el Bélico, las dos redes fluviales que atraviesan Santa Clara, explica el ingeniero Liván Díaz Yánez, especialista de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos del Centro Provincial de Patrimonio.

Es conocido que en lo concerniente a la preservación patrimonial falta mucho por hacer aquí, pero desde hace varios años, al centro histórico de esta ciudad, de 43,5 hectáreas, regresa un ajetreo constructivo que saca a relucir el interés por rescatar algunos inmuebles con un alto valor arquitectónico y urbanístico.

En ese sentido vale destacar la restauración del Teatro La Caridad, en el que se sustituyó alrededor del 80 por ciento de la madera de la cubierta, y la reparación capital del antiguo edificio El Billarista, convertido ahora en una tienda por departamentos. Además, se realizaron trabajos de mantenimiento y conservación en el Museo de Artes Decorativas, al igual que en una parte del edificio El Recreo y en el cine Camilo Cienfuegos.

También en el Centro Histórico hay cierto mejoramiento de las viviendas e instalaciones institucionales, de las calles y parques.

Hoy la ciudad de la benefactora Marta Abreu y el Comandante Guevara, como les gusta reconocer a los villaclareños, muestra, 321 años después, un desarrollo del que se sentirían orgullosos sus fundadores, aquellos que al salir huyéndole supuestamente a los demonios y a los ataques de piratas, plantaron una villa que el tiempo ha hecho trascendente y vital.

Así escribía Surí

A Udeliquia (fragmentos)

Udeliquia, siempre hermosa, / a quien por deidad veneran/ sobre alcatifas doradas/ en esa mansión febea/ del regio coro de Clío/ las nuevas musas supremas.

Y a que a ese obsequio de tu culto/ al teatro alguna letra, / me has mandado que repita, / quiero, si no te molesta, / propalarte una batalla, / que en los campos de Amaltea, /previno al vendado Dios / al muro de mis potencias.

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