Uvas con voltaje

Un campesino villaclareño electrificó una parte de su viñedo y ahora cosecha durante casi todo el año

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

CAMAJUANÍ, Villa Clara.— Con 45 años viviendo más cerca de la tierra que del asfalto, a Luis Collazo López ya no hay quien le haga cuentos de cómo «entrarle» a una siembra, lo mismo en otoño que en verano.

Poco habría que explicarle a este campesino ya que a esa intuición propia de la gente de campo se le suma un título de Ingeniero Agrónomo, distinción de la que no suele hablar demasiado.

Aunque lejos de los libros, desde hace casi tres años, este agricultor se distingue por la variedad con que cultiva y cría en su finca de aproximadamente nueve hectáreas, perteneciente al Programa Nacional de la Agricultura Urbana.

La producción de no pocas especies de frutales, granos, viandas y hortalizas, así como de semillas de estas últimas, y de gallinas, patos, ocas, conejos y cerdos, acapara la atención por estos predios.

Pero lo más sorprendente resulta el cultivo de la uva, que hasta hace poco tiempo era algo exótico en los campos cubanos, y que a fuerza de su esfuerzo e iniciativa propia este agrónomo camajuanense ha logrado tener de igual forma en primavera que en verano.

El viñedo ocupa una larga extensión en el mismo centro de la finca, y se ubica a unos cien metros de la casa de toda la familia, lo que ha permitido asistir el sembrado tanto de día como de noche, con el fin de hacerlo progresar durante buena parte del año.

Cuenta Luis que la uva, al igual que casi todas las plantas, florece de acuerdo con la duración del Sol, es decir, teniendo en cuenta la incidencia directa de la luz sobre ella.

Fue por eso entonces, que un buen día a este campesino se le ocurrió llevar la electricidad hasta uno de los costados del campo para estimular el florecimiento de esa fruta mediante la luz artificial.

«Antes yo tenía que esperar a que llegara abril, el mes de la primavera, para que brotaran las flores de la vides que se habían sembrado dos o tres meses antes.

«En noviembre y diciembre los días son de aproximadamente 11 horas, una duración que resulta insuficiente para que florezca la planta. Por eso, instalé con mis propios recursos en un extremo de la finca algunas bombillas que extendían allí la duración del día de 13 a 14 horas, más o menos la misma de los días de abril.

«Mi propósito es extender poco a poco ese experimento a todo el campo, para cosechar de forma escalonada durante todo el año, sin depender de la estación en que estemos o de otras circunstancias meteorológicas».

—¿Es el clima de Cuba favorable para cultivar uvas?

—Sí, aunque eso es relativo. El desarrollo de una viña depende mucho de la variedad y de si estas son tolerantes o no a las condiciones de nuestro clima.

«Por un lado, la luz característica del trópico puede contribuir a lograr buenos rendimientos. Sin embargo, las altas temperaturas de esta faja climática aceleran y benefician en la vid el desarrollo de plagas y enfermedades como el mildium, la antracnosis o el oidium, entre muchas otras.

«Un aguacero no le hace nada, pero un temporal sí. Igual sucede con una neblina prolongada, pues la humedad trae consigo la proliferación de hongos».

Desde el siglo XVIII, fecha a la que se remonta cierto auge de la viticultura en Cuba, a partir de variedades introducidas desde Europa, las principales regiones cultivadoras de la vid —perteneciente a la familia de las vitáceas— se han concentrado en el centro y el oriente del país.

A diferencia de la destinada a la fabricación de vinos, la uva de mesa es cultivada hoy por muchos campesinos en pequeñas áreas y hasta en patios de familia.

—¿Cuál es el destino de tus producciones?

—Se comercializan en varios puntos del municipio mediante el Programa de la Agricultura Urbana.

—¿La uva requiere de mucha asistencia?

—No es tan fácil como a veces la gente imagina. La uva crece en trepadera. Una vez que se enreda y asciende, se poda, y luego hay que desbotonarla. Eso lleva tiempo. Uno no puede descuidarse con ella.

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