La Revolución de las mujeres

En el primer encuentro del Comandante en Jefe con féminas de la antigua provincia de Las Villas se trazaron pautas para sumar a la mujer al desarrollo del país

Autores:

Nelson García Santos
Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

SANTA CLARA, Villa Clara.— De súbito el sonoro murmullo de la multitud que envolvía las gradas del estadio Sandino finalizó con un estridente aplauso, revelador de que estaba haciendo su entrada el líder de la Revolución, Fidel Castro. Eran pasadas las ocho de la noche del 9 de diciembre de 1966. Allí estaban 15 000 mujeres que en instantes compartirían nuevas ideas sobre lo que soñaba para ellas la Revolución.

Cuarenta y cuatro años después, cuando se hurga en los rastros de lo acontecido, se constata que fue un día fundacional, porque se trazaron pautas para, definitivamente, convertir a la mujer en una fuerza protagonista de los nuevos tiempos que se nos venían encima.

Cierto que Fidel, desde sus primeros discursos, tras el triunfo, iluminaba sobre los retos que teníamos por delante y avizoraba lo que vendría en materia de desarrollo, mejora económica y social; pero allí delineó cómo concebía él la participación femenina. Y pronunció la memorable frase de que lo más revolucionario que estaba haciendo la Revolución era la revolución que estaba teniendo lugar en las mujeres de nuestro país.

Aquel día Fidel clausuró la V Plenaria Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas, que se había efectuado en la localidad de Ranchuelo, y que ha trascendido como uno de los hechos más relevantes en la historia de la FMC en estos 50 años.

De ahí que, al repasar el legado de la organización, no se pueda pasar por alto ese acontecimiento que marcó pautas.

Un manojo de impresiones

En el recuerdo de tres destacadas federadas que estuvieron allí afloran el antes y el después, de cómo se pasó con más bríos —si cabe— de decir a hacer, de marginadas a actoras principales.

Tal vez Cira Delia Granera Ibarra, aquella muchacha de solo 23 años que vino desde el Escambray al encuentro de Fidel con las federadas, no imaginó entonces que cuatro décadas después lo acontecido allí le fuese a despertar todavía tantas emociones.

«El protagonismo de la mujer revolucionaria tiene que ser grande, fue la principal exhortación de Fidel aquella noche. Hacía poco tiempo que había triunfado la Revolución y muchas personas aún no creían que nosotras también podíamos ascender a puestos en la sociedad a los que solo habían llegado los hombres».

—¿Se cumplieron los vaticinios?

—Ahí está el resultado. Hoy uno ve a las mujeres lo mismo en la agricultura, en una fábrica, en un hospital, o como ingeniera en una obra constructiva. Y todo eso es fruto de la transformación y la voluntad por la equidad de géneros que ha encaminado la máxima dirección del país.

—¿Algún recuerdo especial?

—Sí, de Vilma, siempre dulce, pero muy enérgica. Durante el encuentro se le veía satisfecha por el número de mujeres que habían asistido, ya que la movilización se realizó en muy breve tiempo.

Las evocaciones también van y vienen en la memoria de María Caridad Monzón Díaz, una santaclareña que estuvo entre las que acompañaron al líder de la Revolución. «Que él haya contado con nosotras y nos haya hablado sobre nuestro papel en la obra revolucionaria resultó lo más alentador.

«En medio de su intervención, los aplausos y las ovaciones eran constantes. Él, en varios momentos de su discurso, insistió en la necesidad de que nos capacitáramos para insertarnos en las actividades productivas del país, en las que antes de 1959 no podíamos ni pensar».

Con banao en la memoria

Fidel ejemplificó, para mostrar de lo que eran capaces de realizar las mujeres, con el trabajo que venían realizando en el plan agrícola de Banao, en la provincia de Sancti Spíritus. Enfatizó en que muchos planes económicos del país, como ese, no podrían realizarse sin la incorporación de la mujer.

Para nosotras su reconocimiento constituyó un gran estímulo, afirma Osaria Herrera Oropesa, quien estaba al frente de aquel contingente, donde también las jefas de brigada, el personal técnico y gran parte de la plantilla eran muchachas.

Al evaluar aquella experiencia, enfatiza que Banao, más que una utopía, fue la demostración de lo que eran capaces de hacer las mujeres desde el inicio de la Revolución, que supo desterrar los prejuicios de la época y fue además una escuela que permitió a muchísimas enrumbar su vida por nuevos senderos.

Osaria Herrera durante muchos años se desempeñó como secretaria general de la FMC en Villa Clara, con una larga trayectoria de trabajo dedicada a esa organización, y en la actualidad se mantiene activa en el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Cuando, en entrevista concedida al colega Ricardo R. González, del periódico Vanguardia, este le preguntó que si después de cumplir aquella tarea quienes participaron en la misma se habían reencontrado, reveló: «Claro, e incluso algunas ya militaban en las filas del Partido. Banao marcó toda mi vida posterior y pienso que también la de otras muchas compañeras». Confesó que aquel plan contribuyó a insertar en la sociedad a las que ejercieron la prostitución antes de 1959. Y evocó un gesto que, dice, irá con ella hasta el final de su existencia.

«Un día enfermé con una neumonía severa. Fui para una reunión en Sancti Spíritus y no pude retornar porque quedé hospitalizada en esa localidad».

—¿Qué pasó después?

—Al regresar, aquellas a las que la necesidad obligó a ejercer la prostitución me habían lavado la ropa, mis botas estaban limpias, la cama bien tendida, y sobre esta, una flor. Inolvidable gesto.

Aquella joven

aguda y apasionada

Vilma Espín Guillois fue alma y corazón de la Plenaria, que se efectuó con la participación de más de 200 federadas de todo el país durante tres días. Las participantes la evocan muy activa, esclarecedora, exponiendo conceptos nuevos para que las mujeres tuvieran un lugar sobresaliente en el orden político, social y económico.

Vilma, al comentar allí las palabras de Armando Hart, en esa época secretario de Organización del Comité Central del Partido, de que el 80 por ciento del trabajo de la FMC debía tener el interés de sumar a la mujer a la actividad productiva, subrayó que el otro 20 por ciento tenía que ser también en función de la producción, porque era lo que la Revolución necesitaba.

De hecho acordaron incorporar de inmediato 115 000 mujeres a la agricultura, además de agilizar los planes de superación, fortalecer la organización y supieron del avance en la creación de la infraestructura de los círculos infantiles para facilitar el acceso de las féminas al trabajo.

Fueron esas decisiones, entre otras acciones, las que abrieron un sendero inédito hacia la plena igualdad de la mujer que se ha venido haciendo realidad a pesar de que en su momento, hace 44 años, pudo parecer una utopía.

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